Censura en la UFT

Cheo |

Sé que siempre hablo sobre problemas de comunidad, sobre el agua, la luz, la basura, entre otras cosas, pero hoy, me voy a referir a los estudiantes de Comunicación Social de la universidad Fermín Toro, mis futuros colegas, a los profesores de esta casa de estudio, porque no es posible que siendo parte de esta institución, que se preocupen por el bienestar y la calidad que ofrece esta casa de estudios, sean las mismas autoridades quienes censuren la información que estas personas transmiten a través de sus redes sociales y medios de comunicación cuando de problemas se trata.

El que hasta ayer fue profesor de esta casa de estudios, el periodista Héctor Ojeda, invitó a su programa de radio a varios estudiantes y docentes para hablar sobre las diversas irregularidades que hay en esta universidad, comenzando por la falta de mantenimiento a los aires acondicionados, el bajo salario que tienen los profesores, la falta de papel toilet en los baños, la falta de seguridad, y pare de contar.

No es justo, que con la cantidad exorbitante que pagan las personas por estudiar allí, tengan que trabajar pasando calor, presentar los exámenes compartiendo las hojas ministro que ellos mismos tuvieron que comprar porque la universidad no tiene para suministrar “por la situación del país” como le respondieron a la estudiante Roselyn Perdomo, o que tengan que llevar en sus bolsos un rollito de papel porque en los baños de la universidad no hay, entre otros problemas.

Lo cierto es que, por estas denuncias, el colega Héctor fue expulsado de la UFT, por decir la verdad sobre la situación que existe en esta casa de estudios, es injusto y hasta irónico, que una universidad que prepara a periodistas y abogados, viole los derechos de libertad de expresión de quienes hacen vida allí.

“#Confirmado Me suspenden de mi labor docente UFT, la razón: publicar denuncias en mi red social sobre irregularidades en esa institución” escribió Ojeda en su cuenta de twitter, el pasado 10 de noviembre.

Varios universitarios como José Manuel Zaa y Fernando Castillo se solidarizan con Héctor Ojeda, porque ellos también fueron víctimas de la censura por parte de las autoridades, luego de que ambos convocaran a una rueda de prensa en las afueras de la universidad. Las autoridades llamaron a Fernando y le dijeron que él no podía dar información al público sobre los problemas de la institución, motivo por el que le fue levantada un acta junto a un grupo de estudiantes que lo único que hicieron fue exigir sus derechos.

Cumpliendo con mi labor como periodista, fui hasta la UFT a corroborar todas las denuncias que han realizado tanto estudiantes como profesores, y lo primero que me encontré fue un salón de clases lleno de estudiantes desesperados por el calor que hay en cada aula, las pocas ventanas que hay están totalmente cerradas.

Los precios en los cafetines son altísimos, no hay filtros de agua, por lo que toca comprar botellas de agua, cuando se consiguen, sino hay que pasar sed, cuando se supone que uno paga no es solo para tener clases, es para tener también una comodidad.

Incluso, las universidades públicas, están mejor establecidas que las privadas, y eso que solo reciben fondos del gobierno, solo que cuando algo falla, la solución que todos buscan es paralizar las clases.

“No es justo que los problemas tengan que hacerse públicos para que los directivos tomen cartas en el asunto (…) Nosotros hemos enviado cartas solicitando soluciones pero lo que hacen es ignorarnos o nos dicen que ya van a resolver pero nunca lo hacen” me dijo Deliannys Piña.

A principio de este semestre, varios alumnos iniciaron con unos salones que no tenían pizarras, y los profesores tenían que resolver por su propia cuenta, según el estudiante Leybinson Rosendo, esta situación duró tres semanas, pero el hecho no es la velocidad de solución, sino el hecho de comenzar con fallas importantes como esta.

Pareciera mentira que una universidad de esta categoría tuviera tantas fallas, ¿Cómo es posible que las personas con discapacidad tampoco tengan entradas preferenciales? Rogelio López, tiene que esperar entre cinco y 10 minutos para poder subir o bajar en el ascensor, porque no hay faclidades de acceso para personas en sillas de ruedas.

Algunos compañeros de clase de Rogelio han colaborado con él al alzarlo y subirlo por las escaleras para que pueda llegar a tiempo a sus respectivos salones.

Otra situación, la cual tiene mucho tiempo es la cola para entregar el voucher que representa la cancelación de la cuota mensual del semestre porque de lo contrario no pueden entrar al curso.

Es algo tan absurdo, porque para cobrar y prohibir la entrada a los estudiantes ahí si no se les olvida y buscan solucionar de manera efectiva, pues si son justos para ellos mismos, deberían serlo también con quienes merecen aún más la justicia de un derecho que ellos están pagando.

“Muchas veces hemos perdido clases por hacer las colas para entregar el voucher” dijo Roselyn.

Es tanto el abandono que hay en la universidad que hasta la fachada, donde debería decir “Universidad Fermín Toro” dice “Univrsidad” le falta la letra E, y ni eso pueden acomodarlo.

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