#ESPECIAL Políticas económicas continuadas impiden adquirir la CAF (INFOGRAFÍA)

Rosmir Sivira | Foto: Archivo |

Salir a “hacer el mercado”, como tradicionalmente se le llama a la compra de los alimentos del hogar, es una práctica que para muchos grupos familiares ha quedado en el pasado. En la actualidad, sólo se adquiere la comida para algunos días o quizás la semana.
Esto ocurre no sólo porque el dinero, cada vez, alcanza menos, sino por fenómenos del mercado como la escasez.

Aunque la alimentación sigue siendo la prioridad de los hogares criollos, cumplir con un régimen que promueva una vida sana, pareciera ser imposible.

Al menos así se estima, cuando el Centro de Documentación y Análisis Social de la Federación Venezolana de Maestros (Cendas-FVM) publica que la Canasta Alimentaria Familia (CAF) del pasado diciembre se ubicó en Bs. 544.990,78. Para aquel entonces el salario mínimo era de Bs. 27.092,10 y aunque recientemente el Ejecutivo Nacional decretó ajuste salarial del 50%, para llevarlo a Bs. 40.638,15, el monto percibido mensual sigue siendo insuficiente. Si se suma el bono de alimentación de Bs. 62.720, se calcula un ingreso de Bs. 103.358,15, aún exiguo.

Pero el venezolano no sólo se preocupa por los alimentos, también debe hacer frente a gastos como educación, vestido y calzado, transporte y otros que igualmente conforman la Canasta Básica Familiar (CBF), que para el citado mes se ubicó en Bs. 743.596,88.

Los tiempos son otros

Según registros llevados por Cendas, en 1998 el salario mínimo de aquel entonces permitía adquirir 50 % de la CAF. Sin embargo, los montos contrastados en diciembre de 2016 demuestran que el ingreso básico mensual percibido por el venezolano sólo permitió comprar el 5 % de esta. Se trata de una variación que según Óscar Meza, director del ente recabador de la data, representa una “involución” del poder adquisitivo del venezolano.

Para 1998 se requerían sólo 4.48 salarios mínimos para adquirir la CBF y 2,24 para la CAF. Hoy día demandan 27.4 y 20.2 salarios mínimos respectivamente. La diferencia es sustancial.

Es de recordar que la CBF y la CAF, son indicadores alternativos, los cuales fueron diseñados para medir el poder adquisitivo del salario mínimo. Sin embargo, vista la disminución en los últimos 19 años, queda demostrado el retroceso que sopesan los bolsillos venezolanos.

Para Roberto León Parilli, presidente de la Alianza Nacional de Usuarios y Consumidores (Anauco), la pérdida del poder adquirido del venezolano, incluso de bienes y servicios básicos es un hecho público y notorio. “No sólo los expertos reconocen la devaluación de la moneda. Todos los venezolanos lo perciben”.

Lamentó que dicho deterioro sea acompañado de un marcado desabastecimiento, coincidencia nunca suscitada en la historia venezolana, la cual agrava la calidad de vida del venezolano y violenta sus derechos humanos.

Recordó que todo venezolano debe tener como consumidor garantías de existencia de producto en los anaqueles y capacidad de compra. Uno sin el otro no proporcionan bienestar.

Sobre este respecto, Maritza Landaeta, investigadora de la Fundación Bengoa, indicó que el consumo de alimentos se ha distorsionado considerablemente, debido a las condiciones del país. Los venezolanos en su mayoría, comentó, consumen los productos más económicos del mercado, pero estos no son los más nutritivos.

Atribuyó este comportamiento al alza inflacionaria y a la política de importación discriminada, a dólar libre, la cual ha impactado sobre la oferta nacional, y se ha implantado en el mercado con precios elevados.

Veinte años atrás no existían problemas de escasez en el mercado nacional, no obstante, actualmente, este es un indicador de complejidad que dificulta la adquisición de artículos básicos para la vida de cualquier familia. El fenómeno es posible de medir y su comportamiento ha sido de agudización.

La autopista de los precios

Meza expresó que muy a pesar de los comentarios de economistas, que rechazan cualquier afirmación de una condición hiperinflacionaria en Venezuela, desde 2015 el país “ingresó a la autopista de la hiperinflación”, vía en la cual se mantiene. Al menos así lo refleja el mercado.

El Índice de Precios al Consumir, medido por la CBF de diciembre, fue de 433,9 %, lo cual confirma lo anterior.

Asimismo, indicó que según información de quienes laboran en el Banco Central de Venezuela (BCV), las cifras manejadas por la institución son mucho mayores a las del Cendas, descritas por el analista como “moderadas”. Recordó que la canasta manejada por el BCV es más amplia, puesto que incluye consumos en restaurantes, hoteles y otros.

“Sin embargo, la nuestra terminó en 476,9 % de inflación”, comentó para manifestar que si bien no se atreven a realizar estimaciones sobre la inflación para el 2017, no desestiman la posibilidad de que pueda haber una duplicación de esta.

En Venezuela sigue sin publicarse cifras oficiales, por lo cual las del Cendas, son la única referencia disponible.

Al respecto, también fue consultado León Parilli, quien señaló que el término “hiperinflación” corresponde a un concepto teórico puntual. Pero bien sea que esté dado en la escena venezolana o no, el deterioro de la calidad de vida de los venezolanos ha sido progresivo, lo cual lo convierte en un problema real de la capacidad de compra y localización de los productos.

Reiteró que se trata de una vulneración de garantías asociadas al derecho a la vida, así como otros derechos humanos.

Deterioro continuo

Al consultarle a Meza qué generó un incremento de la CAF tan acelerado para 2016, expresó que no es resultado de un año, sino que se trata de un proceso continuo, basado en el modelo político, el cual se acentúo en 2013, año del fallecimiento del presidente Chávez.

En ese entonces, inició un incremento de precios y de salarios, a fin de adquirir la CBF.
De 5,30 salarios que fue el promedio para su adquisición, se pasó a 6,20 en 2014, a 14,4 en 2015 y a 27.4 en 2016. El deterioro progresivo se viene acentuando, sin embargo, anteriormente, se asentaron todas las bases para que esto ocurriera.

Recordó que con base en estas cifras, habría una inflación promedio mensual de 36,15 % y de 1,20 % diaria en la CBF. Para la CAF, con base en diciembre, fue de 40,19% mensual y de 1,33% diaria.

Es de destacar que la inflación anual de países como Ecuador fue de 1,12 %.

Acotó que fundamentalmente el modelo económico que destruye el aparato productivo, genera una disminución de la oferta, entre otros efectos que también son de tratamiento político del Gobierno, como recientemente se hace con la emisión del Carnet de la Patria.
Apuntó que si las cifras económicas fuesen favorables para el Gobierno, las publicarían como hizo el presidente Hugo Chávez en su momento

Impacto permanente del salario

El poder adquisitivo del venezolano se muestra contraído. Landaeta comentó, que los Bs. 40.000 de ingreso mensual sólo permiten adquirir arroz, azúcar, medio cartón de huevos y otros pocos alimentos, pero esto no representa la CAF ni los aportes nutricionales que demanda el cuerpo humano.

-Las personas han comenzado a desarrollar estrategias e incorporar tubérculo a la alimentación. Sin embargo, el azúcar ha desaparecido de su dieta, con lo que también se pierde una importante cantidad de nutrientes fundamentales como la proteína animal, leche, grasas y otros, lo que a su vez tiene un impacto biológico y severo, sobre todo en grupos más vulnerables, como los niños.

En la mente del colectivo venezolano, todo ajuste salarial se traduce en alza de los precios de productos y servicios. Al consultarle a Meza si hubo alzas marcadas o picos en los precios, motivado a los ajustes salariales decretados por el Presidente, indicó que en 2016 hubo cuatro aumentos salariales, en promedio trimestrales. Debido a su cercanía en anuncios, los efectos son solapados y el incremento en los precios continúo.

Acotó que los aumentos nominales de salario, sin consulta de los trabajadores, ocasiona un aumento de precios, ya que los patronos, deben obtener de algún lugar el recurso, a fin de reconocerles los nuevos salarios. Sin no se pueden cargar los costos a los precios, el producto desaparece, expresó. Recordó que los salarios forman parte de los costos de producción y que, en la medida en que estos no se aumentan con base en la productividad, sino que son aumentos nominales, por decreto, genera lo efectos ya conocidos.

No negó la posibilidad de que durante 2017, el salario llegue a Bs. 100 mil y el bono de alimentación en Bs. 233 mil, con base en el comportamiento y las condiciones de 2017. Sin embargo, de continuar el comportamiento inflacionario y los índices de escasez, estos permitirán cada vez adquirir menos de la CBF y la CAF.

Entre Chávez y Maduro

Al consultarle a Meza si es posible disertar sobre una CBF del periodo de Chávez, distinta a la gestión de Nicolás Maduro y sus cuatro años de mandato, manifestó que en término de los indicadores sigue siendo la mismas, pero no así en precio. A esto sumó que 18 productos de los 58 que contiene, presentan escasez.

-Lo característico es que, se ha acentuado la escasez y agravado el nivel de precios.
No obstante, reiteró que se trata del resultado de un modelo político implementado en 1999, el cual ha sido continuado de “forma revolucionaria”, lo que a su vez se traduce en el pero efecto para el venezolano.

Por su parte, el presidente de Anauco, manifestó que la condición actual de venezolana no es exclusiva responsabilidad de uno y otro presiente, sino de un modelo económico que genera distorsiones en la producción y en los precios. “El bien más caro es el que no se encuentra, dice una premisa mundial… Por necesidad el ciudadano se hace vulnerable a la especulación y paga este, cueste lo que cueste”.

A su juicio, el problema inicia con las políticas del fallecido presidente Hugo Chávez, quien promovió la sustitución de producción nacional por importación. Para ese entonces había mayor ingreso en divisas por el precio internacional del petróleo. La escasez era disfrazada con productos extranjeros.

La investigadora de Bengoa, igualmente, calificó los niveles de escasez como “gravísimos”. Asimismo, criticó que el estos se presenten en rubros en los que Venezuela solía destacar en producción para consumo nacional.

Citó casos como el maíz blanco para la harina de maíz precocida, en la que si bien años atrás se atendió el 65 % de la demanda, hoy la cifra es ínfima, lo que limita el acceso de los venezolanos a este producto, que en 1992 y tras decreto presidencia, fue fortificada con hierro y otros componentes para combatir y erradicar la anemia en el país. Todo esto, sostuvo, es consecuencia de la política vigente.

Criticó que productos importantes para la alimentación humana y de producción nacional, registren fallas en su consecución, baja rentabilidad y altos costos, como es el caso de la carne roja y la leche.

Apuntó que los índices de escasez del mercado se traspolan y hacen mella en la alimentación venezolana, que actualmente se basa en consumir lo que se consigue o lo que es posible pagar.

Advirtió que, actualmente, debido a la caída productiva, los verederos alimentos han desaparecido del mercado y las compras de supermercados están integradas por harinas y snaks, entre otros, que comentó “llenan el estómago pero no alimentan”. Manifestó que las comidas de muchos venezolanos son las meriendas de antes.

caf

 

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