LAS VOCES DE PENELOPE – TIEMPOS OSCUROS

Marisela Gonzalo |

Si las Naciones Unidas definen la Cultura de la Paz,como “…un conjunto de valores, actitudes, comportamientos y estilos de vida que rechazan la violencia y previenen los conflictos atacando a sus raíces a través del diálogo y la negociación entre los individuos, los grupos y los estados”, entonces en nuestro país, dicha Cultura de la Paz ha ido desapareciendo, puesto que el Estado, ha ido acusando las consecuencias de las políticas aplicadas por un gobierno, de origen democrático por ser producto de elecciones, pero responsable decomportamientos y actitudes regidos por la violencia, al convertirse en antítesisde lo establecido en nuestra Constitución, a la cual están sujetas todas las personas y los órganos que ejercen el Poder Público que hoynaveganhacia la dictadura militar.
Que la soberanía reside en el Pueblo, es un concepto que sostiene nuestra Carta Magna y el sentido de ciudadanía, a veces aletargado, otras despierto y exigente. Que Chávez se refiriera en sus interminables alocucionesa sus contenidos, no significó que creyese en sus artículos, que a veces parecieranreferirse a “otro lugar”, el No-Lugar de la “novohabla”. En estos días de violencia explícita, releersu primera páginaen contraste con la imagen de la represión en la calle, que “Venezuela se constituye en un Estado Democrático y Social de Derecho y de Justicia, que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico y de su actuación, la vida, la libertad, la justicia, la igualdad, la solidaridad, la democracia, la responsabilidad social y en general, la preeminencia de los derechos humanos, la ética y el pluralismo político”, vale preguntar a cuál Estado se refiere…
El artículo 3afirma:“El Estado tiene como sus fines esenciales la defensa y el desarrollo de la persona y el respeto a su dignidad, el ejercicio democrático de la voluntad popular, la construcción de una sociedad justa y amante de la paz, la promoción de la prosperidad y bienestar del pueblo y la garantía del cumplimiento de los principios, derechos y deberes consagrados en esta Constitución. La educación y el trabajo son los procesos fundamentales para garantizar dichos fines”.

Y surge el humo, gases, empujones, balas y gritos, en lugar de palabras plenas:Derecho, pueblo, vida,libertad, justicia, igualdad, solidaridad, democracia, derechos humanos, ética y pluralismo.

Y uno se imagina, la adrenalina en los piquetes de los cuerpos armados y colectivos, extensiones del odio y el malandraje político, allanando la U.C, disparando al unísono a estudiantes que corazón en la boca, huyen del horror de las balas, como lo denunciaran sus autoridades.Ode otras universidades —UCAB, UCV, ULA,LUZ— y más allá al acorralamiento a diputados opositores en la A.N. Todo en el país real, donde un joven músico va preso por cargar un corno en su estuche mientras en su calle la represión entona la marcha de cuerpos baleados, sangrantes y rabiosos.
Evoca a los jóvenes seminaristas de Mérida, desnudados por la gentuza que desconoce la dignidad aunque invoque a Dios, pues ni la educación ni el trabajo son sus valores, en un Estado que ignora deberes y el derechos, incluyendo los de quienes desnudan, que por no ejercidos, desconocieron los contemplados en la tan mentada y hasta risible, por haber sido bautizada entre risotadas, como “La bicha”.

Quien escribe recuerda aquel libro del poeta Cadenas, que insistía en cuidar todo lo relativo al lenguaje, como espacio de nuestra identidad y del devenir. Asunto que para el gobierno actual, es capricho de buen hablante, nunca de identidad, mucho menos, memoria, arraigo o pertenencia. Concepción que les permite creer que pueden voltear el sentido de la Constitución que invocan, despojar a las palabras de sus sentidos últimos, trastocar convenciones que por sociales, nos pertenecen a todoslos dueños de la palabra que funda, no de la que destruye.
Conmueve la violencia de estos días. Extensión delarbitrario ejercicio del poderque volvió fórmula vacía, la invocación a la Constitución y cuyo epítome ha sido la decisión del TSJ, cuyos integrantes representan estos tiempos oscuros.Violencia que exhibe los tejidos rotos y por reparar. Habrá que empezar a hilar fino en lo hondo del alma y entretejer la Cultura de la Paz, derechos humanos mediante, para salvaguardar lo mejor de lo que somos.

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