Va pensiero – Escepticismo: antifilosofía y antipolítica

Claudio Beuvrin |

Una de las ideas fundamentales en la filosofía es la de que el conocimiento, tanto de uno mismo como del mundo exterior,ayuda a ser feliz pero podemos dudar de este planteamiento pues sabemos de mucha gente apasionada por el conocimiento pero que mientras mássabe y más comprende más se desespera al notar que no puede hacer nada para cambiar nada y al constatar que el público no hace ningún esfuerzo para mejorar la situación, porque tampoco sabe o no le interesa. En todo caso, perece ser obvio que hay una conexión entre infelicidad y conocimiento. Y, por supuesto, también pueden encontrarse muchas relaciones entre felicidad e ignorancia.

En realidad, no es el conocimiento per se lo que causa malestar y el deseo de no conocerlo, sino quelo percibido como malo nos perturba. Pero si lo que ocurre es bueno, deese conocimientosi nos daremos por enterados.
Siempre han abundado personas queminimizan sus contactos con el mundo por razones filosóficas, religiosas, opor timidez, como sonlos escépticos, los solitarios, los ermitaños,los monjes de clausura, los retraídos, etc.

Las razones para rechazar lo que vamos conociendo surgen, como es frecuente, en la Grecia antigua,más o menos al mismo tiempo en que otros filósofos, como Sócrates, Platón y Aristótelesintentaban lo contrario: profundizar en el conocimiento del mundo y racionalizar la intervención en el mismo. Ellos insistíanen la necesidad de saber y que el conocimiento era necesario paraser bueno y feliz.En cambio, los escépticos radicales, en una suerte de antifilosofía,alegan que es imposible saber si lo que sabemos es realmente la verdad y que en la duda mejor es abstenerse de opinar, no implicarse en controversias y en disputas donde no hay consenso ni un mínimo de acuerdo. Esto se expresa hoy, en nuestra vida cotidiana, en lostípicos“Yo no leo prensa ni escucho programas de opinión para no estresarme.” E insisten en negar toda posibilidad de cambio o le pasan la responsabilidad a Dios pues “Solo Dios arregla esto”.

El escéptico termina por ser un “idiota” político, nombre que los griegos le daban a los que no participaban en los asuntos de la polis, aun teniendo derecho a hacerlo. Surge así la antipolítica, gemela de la antifilosofía.
Entre los fundadores de esta tendencia está Pirrón (360-270 a. C.) quien afirmaba la imposibilidad de saber con certezacómo es el mundo y quehabía que desconfiar de todo lo que le decían los sentidos y la razón, tanto propios como de los demás. Pirrón sostenía este punto con un radicalismo tal que, se cuenta,que era frecuenteque se estrellara contra los muros por no estar seguro si el muro efectivamente estaba ahí. Si alguien actúa así en Venezuela, seguro que lo encierran en un psiquiátrico, pero en la Grecia antigua lo elevaban a la condición de filósofo. Lo mismo ocurrió con Diogenes, quien vivía en un barril, prácticamente desnudo y defecaba ante la vista de todos, alegando que esa era una función natural y no había porqué avergonzarse.
Pirrón, entre otras cosas viajó al Asia encontrándose con sacerdotes, magos, y brahmanes que influyeron en su concepción del escepticismo.Obviamente, luego de Pirrón otros filósofos continuaron esta línea de pensamiento, pero de esto nos ocuparemos en otra oportunidad.

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