El padre del pequeño de 4 años que falleció intentó suicidarse

Karina Peraza Rodríguez | Fotos: Ángel Zambrano |
FAMILIARES EN MORGUE 08042017 FOTO ANGEL ZAMBRANO

Cuatro años tenía el bebé que falleció por un impacto de bala. Un movimiento rápido y la curiosidad lo llevaron a tomar la pistola con la que se quitó la vida de forma accidental, como fue reseñado en la edición del sábado de EL IMPULSO.

Su madre está en las afueras de la morgue, es una señora blanca de estatura baja, tiene la cara hinchada de tanto que ha llorado la muerte del menor de sus dos hijos. Recostada a la ventana principal de la morgue se encuentra la señora.

En medio de su dolor explica que su expareja es una persona discapacitada producto de un accidente, para caminar usa muletas. Reside en la calle 49 entre carreras 25 y 26 del sector Los Colerientos, al oeste de la ciudad.

Rafael Fernández (37) es el nombre del padre del pequeño, azotado por la delincuencia decidió adquirir un arma, la que tenía en su casa, pero procuraba tenerla guardada para que sus hijos nunca la tocaran. “Él pensó que yo no venía” repetía la mujer y es que aparentemente el hombre había dormido con el arma cerca y la dejó en su cuarto sin guardarla.

El menor de dos hijos había estado presentando principios de bronquitis, por lo que el médico le había indicado que tomara antibióticos. Fernández salió a eso de las 3:30 de la tarde del viernes a casa de su exsuegra con la intención de buscar el récipe para comprar el remedio para su pequeño.

Por una falta de comunicación Fernández no supo que su hermana lo había encontrado y ella le avisó de forma directa a la madre del pequeño quien pasó a esa misma hora por la vivienda del padre del pequeño.

Madre y tía del infante entraron a la casa y subieron al segundo piso para buscar el antibiótico, el pequeño de 4 años venía detrás de ellas, pero en cuestiones de segundos se desvió de habitación y entró a la de su padre. La madre presume que el arma estaba en un sitio visible y al parecer fue algo “extraño” que de inmediato le llamó la atención al pequeño quien la tomó en sus manitos y manipulándola la accionó.

La madre corrió al escuchar el disparo y la tía al ver al pequeño lleno de sangre se desplomó. La mujer tomó a su hijo en brazos, posteriormente ambas bajaron y en medio del desespero por abrir la puerta de la casa para auxiliarlo, llegó Fernández quien detuvo un carro que iba pasando y lo trasladaron hasta el ambulatorio de El Obelisco.

Ella como madre sabía que su bebé ya no respiraba, pues el proyectil le había causado una gran herida con exposición de masa encefálica en la cabeza al pequeño, pero aún así por instinto lo auxiliaron.

Fernández al saber la noticia del fallecimiento de su bebé, tomó el arma y se entregó ante las autoridades en el propio ambulatorio. Trascendió que la misma había sido adquirida a través de un funcionario policial. “No está sucia, es un arma que no tiene una mala procedencia”, reveló un conocido, pues el padre de la criatura solía ganarse la vida como gandolero.

La madre del infante indica que sabía que él poseía un arma, pues él mismo comentó; nada más este año los delincuentes se habían metido en su casa al menos en tres oportunidades, pero era una persona que no la mostraba a cualquiera y procuraba guardarla, pero pensando que sus hijos no iban, no lo hizo en esta oportunidad, aseguraba a la madre.

La misma allegada a la familia lamentó el hecho al mismo tiempo que indicó que el señor Fernández estaba tan mal que había intentado suicidarse en dos oportunidades dentro de la sede del Eje de Homicidios, quiso usar los cordones de sus zapatos, por lo que los funcionarios de ese despacho tomaron todas las medidas de seguridad con el padre del bebé. Se conoció que el señor Fernández quedó detenido y puesto a orden del Ministerio Público, en donde podría ser imputado por el delito de ocultamiento de arma de fuego.

La muerte del infante es manejada como una averiguación por los sabuesos, pues fue un hecho accidental en donde el pequeño manipuló el arma.

Cabe destacar que el infante residía junto a su madre y hermano mayor en el barrio Andrés Eloy Blanco, zona oeste de la ciudad. Su madre lo tenía en un jardín de infancia donde estaba cursando el primer nivel, y todos los domingos acudía a una iglesia cristiana evangélica pertenecientes a Buenas Nuevas del oeste, pues el pequeño estaba en una escuela llamada Redimidos, en donde practicaba baloncesto, deporte que también practicaba su hermano mayor de 12 años, quien está a punto de ingresar a la escuela de talento y pasar a pertenecer a la selección de Lara, en dicha disciplina deportiva.

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