Un libro desconocido de Rafael Domingo Silva Uzcátegui

Luis Eduardo Cortés Riera | Foto: Archivo |

En 1887 nace en el pueblo de Curarigua, estado Lara, Venezuela, el escritor autodidacta Silva Uzcátegui, una gloria de nuestras letras. Se le conoce ampliamente por su inmensa y autorizada Enciclopedia Larense, editada en 1941, y por Historia biológica de Bolívar (1954) pero el resto de su obra permanece casi desconocida.

Es el caso de su Historia crítica del modernismo en la literatura castellana, que vio la luz en 1925. ¿Por qué esta obra, ganadora de un premio literario en España en 1927, ha quedado sepultada por el olvido? Es la pregunta que trataremos de resolver.

Basándose en las inaceptables ideas del criminólogo judío italiano Lombroso y de Max Nordau, un médico judío húngaro, padre del sionismo, y su obra Degenerados, 1892, quien sostiene que no todos los degenerados son siempre criminales, prostitutas, anarquistas o lunáticos, con frecuencia son autores y artistas, nuestro escritor curarigüeño ataca de una manera despiadada a los poetas y escritores de fin de siglo, esto es, a Edgard Allan Poe, Baudelaire, Lautréamont, Oscar Wilde, Walt Whitman, José Asunción Silva, a los padres del modernismo literario, el nicaragüense Rubén Darío y el argentino Leopoldo Lugones, acusándoles de ser unos degenerados, enfermos que sufren de una psicopatología, de un daño cerebral evidente, neuróticos y alcohólicos que han creado una literatura enfermiza, afeminada, afrancesada, enteramente antiamericana.

Por su puesto que no podemos estar de acuerdo con tan hiriente y malévola opinión del curarigüeño, pues estos escritores han sido reconocidos por la posteridad como unos gigantes de la literatura de todos los tiempos, renovadores del habla castellana, pues revolucionaron el lenguaje poético de España y de América. Ese criterio es compartido por los eminentes críticos Octavio Paz, Mariano Picón Salas, Ángel Rama, Pedro Henríquez Ureña, Jorge Luis Borges y el caroreño Luis Beltrán Guerrero.

Silva Uzcategui es un médico frustrado, intenta dos veces iniciar estudios médicos, pero debe abandonarlos, y se afinca de manera autodidacta y con gran pasión en la lectura en las teorías inaceptables de Lombroso-Nordau, así como las de Pierre Janet y Henry Baruk, paladines de la psiquiatría francesa de fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX.

Es una visión de la literatura desde este punto de vista eminentemente médico. Es, en este sentido un precursor de la crítica médica de la literatura. Pero no se crea que el escritor curarigüeño se afilie a las ideas del psicoanálisis de Segismund Freud. No, más bien las ataca por anticientíficas.

El premio que gana en 1927 obedece a criterios muy conservadores de los casticistas españoles de la época de la dictadura de Primo Rivera: España debe conservar su purezay no debe contaminarse con influencias extranjeras. Es la “España negra” que se cierra y se amuralla contra lo francés, y que a la vuelta de unos años irá a la terrible guerra civil española, 1936-1939, antesala de la II Guerra Mundial.

Por esa razón Silva Uzcátegui defiende la pureza de los versos del poeta castellano Gabriel y Galán, quien “no ha sufrido de las malas influencias de los galiparlantes”. Afirma que la lengua castellana es mucho más rica que la lengua francesa.Este casticismo revela el aislamiento hispánico, que comienza siendo un defecto moral y termina siendo una falla intelectual, dirá Octavio Paz. En el occidente europeo el anacronismo español permanece intangible.

Pero a la postre han triunfado los audaces innovadores de la lengua castellana y han quedado sepultados los criterios de los casticistas de la Academia de la Lengua Española que premiaron a Silva Uzcátegui. Me refiero a Gabriel García Márquez, Carlos Fuentes, Alejo Carpentier, Augusto Roa Bastos, Mario Vargas Llosa, Juan Carlos Onetti, Ernesto Sábato, Octavio Paz, Guillermo Cabrera Infante, Álvaro Mutis, Elena Poniatowska, para citar solo algunos, escritores que han dado a la lengua de Cervantes brillo y potencia sin igual.

Silva Uzcátegui ha debido haber oído con asombro los anuncios del otorgamiento del Premio Cervantes a estos escritores. Han triunfado los innovadores, “los galiparlantes”. Hoy no podemos estar de acuerdo con su criterio de que Rubén Darío creó una literatura que no es americana sino enteramente antiamericana.

Debo comunicar que con un ensayo sobre tan polémico tema he ganado la II Bienal de Literatura Antonio Crespo Meléndez, y que como libro será editado por el Ministerio de la Cultura y presentado en el Centro Lara de Carora el viernes 15 de septiembre de 2017 a las seis de la tarde. En esa ocasión pediré sean editadas las Obras Completas de Silva Uzcátegui. Los espero.

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