#RevistaGala Amar, más que una emoción, una decisión

Tamara Giménez de Álvarez @Galalarevista |

Que el amor se celebre con madurez, paciencia y total compromiso. Entendiendo que éste trasciende las emociones  y permanece anclado al compromiso y la voluntad

Amar, un verbo común. Celebrado por muchos y sufrido por otros. El énfasis de esta palabra se concentran en el dar y a pesar de ser tan usual, cuando lo aplicamos a las relaciones de pareja suele tener diferentes matices.

A propósito del día del amor y la amistad es muy válido tocar este tema, desde su verdadero significado, más allá de una fecha, claro que el amor hay que celebrarlo y si viene con regalos mejor, pero cuando entendemos que éste trasciende descubrimos su valor.

Si partimos de la premisa que el amor es una decisión, el cual necesita sostenerse de bases firmes para permanecer en el tiempo, derribamos la teoría, muy frecuente en la actualidad, que asegura que las relaciones afectivas están orientadas únicamente a lo que se siente, es decir están agarradas solo al sentimiento, la emoción, de ser así las vinculaciones tienden a ser efímeras y transitorias. Por ello la frase común, “lo importante es lo que se siente”, entonces cuando se deja de “sentir”, se acaba todo.

Dice Jesús Rosales, consejero familiar por más de 30 años, que “el entorno cultural que prevalece en la actualidad mueve a las personas a establecer relaciones sin mucho apego ni estabilidad, porque están fundamentadas en sentimientos y emociones muchas veces volátiles. No es de extrañar en consecuencia que las relaciones de pareja duren cada vez menos tiempo. Pareciera que la intolerancia y la impaciencia fueran la tónica que antecede muchas de las disoluciones o rupturas matrimoniales”.

Decisión + sentimiento

Sin duda que en la relación de pareja debe estar presente el amor como sentimiento así como la voluntad, la cual está basada en la decisión, es decir: “me comprometo a quererte, porque te elegí”.

La sexóloga española María Álvarez de las Asturias, nos ofrece algunos consejos, donde la emoción y la decisión caminan de la mano. “Si los cónyuges dejan que las emociones ingresen al espacio de la costumbre, de la rutina y de lo predecible, por supuesto que esos sentimientos empezarán a descender en intensidad. Se experimentará un debilitamiento de la ilusión, de la atracción, del interés y de la pasión. Pero si la pareja mantiene su voluntad para que esos sentimientos se mantengan en un buen nivel, entonces la relación en el transcurso del tiempo experimentará un amor estable, sólido, maduro, comprometido, en donde se manifiesten tanto el sentimiento como la voluntad”.

La mayoría de los especialistas en familia afirman que más allá de haber una crisis en los matrimonios o en las familias, el detalle está en las personas, quienes el entorno social las ha llevado a pensar que lo más importante es la satisfacción individual, el egoísmo, el sentimiento efímero y el descarte de casi todo, incluido los matrimonios.

¡Me comprometo!

“El compromiso es lo que convierte una promesa en una realidad”, dijo Abraham Lincoln y para que una relación de pareja sea exitosa y duradera debe haber sí o sí compromiso en ambos. Esas declaraciones que se hicieron en el altar no caducan, deben practicarse a diario.

Precisamente cumplir el compromiso define la madurez de una persona y a la vez la evidencia del amor. De acuerdo al tamaño del amor, será la magnitud de su deseo y firmeza por cumplir lo prometido.

No se trata de ser parejas perfectas, ni vivir bajo la ilusión de que todo fluirá sin conflictos. Por el contrario, las parejas estables han aprendido a superar los conflictos, a renovar el amor todas las veces que sea necesario, a asumir el compromiso de estar y sobre todo de dar, porque finalmente la única competencia válida en un matrimonio es ver quien hace más feliz al otro.

 

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