#OPINIÓN Desde aquí… (19)

Amanda de Victoria | Ilustración : Victoria Peña |

Desde el momento de la Creación, humanos y animales han tenido que enfrentar sus
propias luchas para mantener su vida a flote. Una vez nace el polluelo aprende a luchar
por sobrevivir en medio de todo tipo de peligros, a la vez se beneficia de todo lo que
encuentra en la naturaleza.

Nadie sabe como teje el tiempo los hilos de nuestro destino como tampoco hay quién pueda nuestros horóscopos descifrar; lo que sí sabemos es que basta con que surja una dificultad para que se sacuda nuestro espíritu y se ponga a trabajar, aflore la creatividad y
aprendamos del excelente maestro que es la dificultad. Es justo en el momento de la
dificultad en el que nuestra luz interna saca a relucir su mágico esplendor. Si nos fijamos
en los elementos naturales como el sol veremos que al hundirse el disco en la oscura
noche, es el momento en que se producen sus mejores esplendores.

Hasta los genios han padecido las peores pruebas y han salido bien librados de estas.
Desde muy pequeño el genio musical Beethoven recibió muchos golpes, sufrió de carencia
afectiva, de soledad y enfermedades; todo esto lo condujo a muchas depresiones. Cuando
llegó a la adultez se dio cuenta que se estaba quedando sordo, por esta razón prefirió
apartarse de la vida social, para que no se dieran cuenta de su sordera, llegó incluso a
abrigar en su mente el deseo de suicidarse.

A pesar de haber vivido una existencia atormentada, enfermo, solo y pobre se dedicó a
hacer largos paseos bajo la lluvia, bajo los árboles, viendo los pájaros y bellezas de la
naturaleza, fue esa íntima y sencilla sensación de alegría lo que mantuvo la fascinación de
su lira encendida. Con todo y sus impedimentos auditivos compuso “La novena sinfonía”
cuyo éxito en Viena fue rotundo.

La vida de este genio estuvo llena de altibajos, sus amores le dieron solo fracasos, estos y
su sordera lo empujaron a refugiarse en deprimente soledad. El tiempos difíciles, no falta
el ángel que nos ayude a ver la luz que llevamos dentro. Cuando estaba en uno de sus más
lúgubres momentos el músico conoció a una muchacha ciega que vivía cerca de su casa.
Se hicieron amigos, compartieron penas y alegrías. Cuando narró sus frustraciones a la muchacha, no podía entender ella cómo poseyendo semejante don musical fuera un
hombre tan pesimista. Con todo furor lo increpó reclamándole por qué renegaba de su
suerte si tocaba como los ángeles y ella que era ciega nada podía componer. Le decía que
al escuchar sus composiciones, llevaban estas su espíritu a la alegría y al éxtasis. Daría mi
vida entera por poder ver una noche de luna. Esto avergonzó a Beethoven, lloró
intensamente arrepentido por haber renegado de su sordera y su existencia. Le prometió
a la ciega esforzarse y seguir adelante a pesar de sus dificultades. Casi sordo compuso su
hermosísimo “Claro de luna” la melodía más bella de su repertorio, dedicada a la ciega.
Años después compuso el incomparable “Himno a la alegría” en el que expresa su gratitud
a Dios y a la vida.

Sin esfuerzo no hay sueños realizados, sin voluntad no hay sendero que lleve a la victoria.
La imaginación en momentos rudos es el incitador que busca obtener la victoria en el
juego de la vida. El esfuerzo es el gran elemento que nos impulsa a volar tras los sueños
más anhelados y hacer cambios sin mirar atrás.

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