#OPINIÓN Dando lástima no se resuelve #25Oct

Antonio Herrera Vaillant | Ilustración : Victoria Peña |

Vista a la distancia y en medios externos, Venezuela va quedando en caricatura. Resalta siempre un país dotado de riquezas al parecer inagotables, que se las arregló para caer en el más profundo foso de miseria sin siquiera pasar por una guerra. Se observa una sociedad que se presumió rica, progresista y democrática; que voluntariamente se entregó a un grupúsculo de marginales políticos, y borró por completo su efímera ilusión de paz, evolución y prosperidad.

Se nos mira con lástima en el mejor de los casos, pero con más frecuencia recibimos esa misma pena ajena reservada para las más atrasadas naciones africanas, cuando no con algo de sorna por parte de algunos vecinos.

El mundo sabe perfectamente que las heridas de este país son enteramente auto infligidas, por más que muchos desde ambos lados del espectro político nacional insistan en la arraigada costumbre de evadir abundantes responsabilidades propias endosando las culpas de todos los males a terceros: el mítico imperio y los tenebrosos cubanos.

Los gobiernos del mundo conocen bien los flagrantes defectos de la repugnante pandilla que desgobierna a Venezuela: La repudian, la condenan o sienten por ella el más profundo de los desprecios; pero a nadie asusta, porque al agotarse la plata y el petróleo perdieron todo el peso o influencia que alguna vez pudieron tener. Valentía, talento, originalidad, habilidad o eficiencia jamás tuvieron.

El desconcierto de muchos con el panorama venezolano crece ante el deprimente espectáculo de quienes creen oponerse a la barbarie canibalizándose mutuamente, difamándose y desprestigiándose ante propios y extraños. Así apenas convencen a posibles aliados que Venezuela padece un generalizado problema de gobernabilidad – y más de uno resuelve quedar de brazos cruzados, o conformarse con lo malo conocido.

Lejos de ser ombligo del mundo vamos quedando como la mera republiquita bananera, dirigida por un régimen repulsivo, chabacano y palurdo, cuya única inspiración es el culto la chusma: La propia *“haitianización*” que en todo momento temieron y trataron de evitar todos los próceres de las independencias de Norte y Sur América.

La comunidad internacional no saldrá al rescate del pueblo venezolano por lástima, pena ajena o por razones estratégicas. Queda de este lado asumir los retos del momento, rectificar la torta que aquí mismo se ha puesto, tomar la iniciativa en defensa de nuestros propios intereses y de una buena vez comenzar a dar muestras de madurez como nación, sin esperar que una nueva Legión Británica nos vuelva a sacar las patas del barro.

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