#OPINIÓN Para curar los males de la Democracia #8Nov

Alfredo Alvarez | Ilustración: Victoria Peña |

Es una pregunta reiterada entre todos nosotros. Nos acicatea y exige respuestas claras. Lo hace de manera constante y más recientemente, de modo imperativo. En ello se nos puede ir la vida. Se trata de una angustiante exigencia que nos demanda precisar cuanto antes, la manera en que podemos los ciudadanos de hoy, contribuir en forma concluyente a resolver los graves problemas que enferman a nuestra desangelada democracia.

Sin duda alguna, este paralizante dilema nos impide ver el extenso bosque ante nosotros, porque las numerosas ramas de la incertidumbre imperante, así nos lo norman y lo pautan. Voces muy severas advierten del inminente peligro de su extinción como un buen modelo de organización social y política, mientras otras expresiones-de igual calibre-nos hablan de una democracia diabética, o sencillamente de una institución política muy enferma. Para zanjar la discusión, estudios muy rigurosos nos indican que la democracia como régimen político, en sí misma, sin apellido, no goza de buena salud entre los venezolanos.

Aún así, acostumbro a señalar como respuesta obligante a ese dilema, la proverbial expresión que nos advierte que los problemas de la democracia se resuelven con más democracia. Con todo y la certeza que nos aportan las cifras quere fieren que 95% de la población en América Latina vive en países no libres, o parcialmente libres, somos optimistas. El futuro de una democracia moderna y remozada entre nosotros, para mí, es un acto de moderado, consciente y racional optimismo.

En una escala del 1 al 10, según la encuesta Latino barómetro, en el año 2017 los hermanos de toda américa latina le dieron un porcentaje de 5,4% valoración positiva al sistema democrático como la forma ideal de vida. Un año antes, ese mismo registro fue de 6,7%. Entonces qué sucede realmente con la manera como los habitantes del continente perciben y valoran a la democracia.? Por quinto año consecutivo el índice de valoración declino desde un 61%hasta un revelador 53%. Sobreabundan los líderes mesiánicos y el populismo hace estragos en las estructuras sociales del continente.

En el caso de Venezuela no hay variación en esa misma escala.El índice de valoración positiva mermo de 24 a 13% lo cual nos ubica 17 puntos porcentuales por debajo de todo el índice regional. También se esfumo la confianza electoral, gozamos de la más baja en todo el continente, mientras la iglesia católica es la institución-entre todas las existentes- quien goza por ahora de mayor credibilidad entre todos los encuestados. En el otro extremo, Uruguay es el país donde sus ciudadanos reconocen y valoran la democracia como la mejor forma de vida con 57%, mientras Brasil con un suspicaz 13%. es el país con el más bajo indicador de todo el continente.Me pregunto entonces, estará enterado de estos detalles el señor Jair Bolsonaro, siendo precisamente él, la última expresión de los males que afectan a la democracia brasilera y continental.

¿Cómo insuflar más democracia a una sociedad descreída y maltratada como la nuestra? No creo que haya una formula estándar para abordar un tema tan complejo e intrincado, pero creo que hay unas tareas básicas, muy sencillas por lo demás, que,de seguro al llevarse cabo por las organizaciones partidistas, así como por un buen número de ONG, podrán revertir esa sensación de desencanto entre quienes sienten a la democracia como un pariente pobre, viejo y prescindible.

Por lo demás, antes de empezar ese largo camino, hay que considerar a la polarización política existente como el mayor obstáculo a vencer. La política en trizas nos hace perder la comprensión de la vida, de los sufrimientos, de los desamparados, de las soledades, de las necesidades no cuantificables. Son eventos que contribuyen a una gigantesca regresión democrática, donde los ciudadanos han sido desposeídos de los problemas fundamentales de la polis. Entre más técnica se nos vuelve la política, esa misma de burós e iluminados, mas retrocede la competencia democrática.

Es cierto que las verdades y certezas que nos ofreció como garantía el discurso de la modernidad no se han cumplido totalmente, pero debemos seguir adelante para poder innovar en nuestra manera de hacer y convocar gobiernos. También es cierto que no hay disponible por ahora una narrativa integradora que nos permita avanzar a un escenario de coordinación de algunas tareas mínimas pero impostergables.Para empezar, debemos aumentar el trabajo político en todas aquellas zonas donde fuimos electoralmente menos favorecidos.

Luce de Perogrullo, pero eso es algo que no lo está haciendo quien debería estar haciéndolo. La convocatoria de los partidos a sus simpatizantes para hacer política es de muy baja intensidad por no decir inexistente. Escuché hablar a un joven dirigente político con mucho orgullo de los miles de contactos en sus redes sociales. Dar una vuelta por la pantalla de tu teléfono inteligente no es precisamente la idea de integración que debe concitar una actividad política. Las redes sociales son muy convenientes, pero no suplantan el contacto cara a cara entre un líder y sus seguidores. Nos urge hacer política.

Para que haya más democracia debemos recurrir a una narrativa más inclusiva para hablar con los nuestros y con aquellos que no son tan nuestros.Un vigoroso verbo que nos permita a los ciudadanos, reconocer e identificar las bondades de la democracia como una forma y modo de vida ideal y real.Debemos abundar, reclamar y redundar en los casi inexistentes derechos políticos del ciudadano. En las casi extinguidas libertades civiles, así como en la certeza de que el ciudadano puede y debe exigir aquellas políticas públicas que atiendan más efectivamente a sus comunidades. Eso es democracia, un ciudadano actuando en forma permanente sobre el gobierno y destino de su vida.

Ello permitirá entre otras cosas, diferenciar los aspectos mas sustantivos entre la democracia y otros sistemas de organización política. Gracias a una sencilla valoración de oposición paradigmática que se puede suscribir entre el Socialismo del Siglo 21 y la Democracia Moderna. Hay que dejar muy claro que el asistencialismo rojo –ese de las misiones y las deprimentes dádivas- no es democracia. Ni plena, ni directa, y que el asistencialismo no es democracia social ni nada que se le parezca. Que tampoco es la justicia social prometida y menos aún, la cacareada independencia. Que ese populismo obsceno y procaz, con el cual degradan a la ciudadanía, no es mas que una nueva forma de esclavitud que se viste con el ropaje de la democracia para mantener subyugados a los más pobres y los más desinformados. El socialismo es una eficiente máquina de producir inhábiles sociales, pero nunca a los hombres que describen ellos como los sujetos agentes de una “nación potencia”.

Hay que ser creativos y hacer causa común con las normas elementales de la democracia moderna, en especial con aquellas normas aún no escritas que exigen a los gobiernos ser trasparentes e incluyentes. Hay “un saber hacer de la política” que nos impide hacer valer y notar la obligación que tienen los políticos de rendir cuentas. Hacer cosa sabiday practica común que la culpa de los errores detodas las cosas pasadas no se corresponde a la política, sino más bien a algunos políticos. Para que exista democracia, los políticos deben rendir cuentas regularmente a sus electores.

Hay una deuda clamorosa con los derechos humanos en todo el continente y para saldarla, la democracia moderna, debe construir instituciones muy solventes, que ayuden a velar por el respeto de este derecho fundamental. Deben existir espacios legislativos y judiciales para garantizar que a ningún venezolano se le volverán a violentar sus derechos esenciales. Para abundar en la democracia, también se deben recrear aquellos espacios que permitan un debate político vigoroso y trascedente. Todos tenemos derecho a estar civilizadamente en desacuerdo, y debo advertir que ese no es un hábito para avergonzarse.

Más democracia se obtiene cuando abundamos en todas las bondades de la descentralización política y administrativa.Obvio que cuando colocamos el poder más cerca del ciudadano, estamos oxigenando las relaciones que dan fuerza y forma a la vida democrática. Permitir y estimular la existencia de una sociedad civil vigorosa y arraigada, más la presencia de medios libres, críticos e independientes, hará mas fácil la refundación de una democracia moderna, vital y útil. Con esa ecuación será posible la creación de un gran espacio público, donde impere una solvente opinión pública. No ese evento sesgado y prisionero de la política excluyente de quien gobierna.

En una sociedad de democracia fuerte y consolidadala política y los derechos que de ella derivan, dejan de ser una pretensión para convertirse en una obligación ciudadana. La democracia no se reduce únicamente al trámite electoral y se expresa libremente en el equilibrio de poderes y la diversidad que le insufla el pluralismo de las ideas. Un ciudadano políticamente comprometido con un moderno sistema democrático, es el mejor vigilante y custodio de la gestión de cualquier gobierno. Este ciudadano siempre actuara convencido, que solo en democracia es posible el progreso económico y social en forma equitativa

Para abundar en la democracia es necesario promover leyes que soporten una cultura que acepte la legitimidad de la oposición política, así como los derechos de todo aquel que nos adverse. El desarrollo económico es consecuencia directa de una democracia soportada en instituciones fuertes e independientes. No olvidemos que los ciudadanos somos los productores de la democracia que a su vez produce a los ciudadanos, y ese es un ciclo que no admite ni dilaciones y menos aún, costosas improvisaciones.

Es bueno saberlo, los problemas de la democracia se resuelven con más democracia.

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