#OPINIÓN Lectura: Cantata criolla #15Ene

Carlos Mujica | Ilustración: Victoria Peña |

La Cantata Criolla es una obra maestra conocida en todos los continentes. Antonio Esteves como Igor Stravinski, el genial compositor contemporáneo ruso, usa disonancias que en el concierto de los acordes suenan con una característica armoniosa. El tejido musical de su arquitectura coral recoge la autenticidad del sentir y de la expresión del llano venezolano.

Es una obra enmarcada en lo que por entonces se conoció como nacionalismo. El 3 de enero de este año, Antonio Esteves hubiese cumplido 103 años. Había nacido en Calabozo el 3 de enero de 1916. Murió en Caracas el 26 de noviembre de 1988; está cumpliendo 30 años de su desaparición física.

La Cantata Criolla tuvo su primera ejecución pública en el Teatro Municipal de Caracas el 25 de julio de 1954, dirigida por su autor. Con el tenor Teo Capriles como Florentino y Antonio Lauro, barítono, como el diablo. Disfrutábamos en San Carlos de Cojedes un pequeña canequita de “los Monjes.”

Antonio tomó una servilleta y escribió en ella los primeros compases de la obra. La firmó, y me dijo: ¡Toma, Carlos, guárdala! Fue entonces mientras conversábamos que me habló de aspectos de ella. Para Antonio, la tempestad debía producirse en el llano; el contrapunteo entre Florentino y el diablo debía expresar las características del cantor llanero y de su improvisado ejecutante. En tal sentido, Antonio, que venía gestando la obra, se le ocurrió que debía hacer una gira por el llano. ¡Un llanero por el llano! Invitó a Fredy Reina y se fueron. Fue toda una odisea porque no conseguían cantores y arpistas. El gobernador de Apure colaboró con ellos.

Transcurría Semana Santa. Un viejo que colaboraba en la preparación de una ternera, les dijo: -“váyanse a Achaguas, Hoy sacan el Nazareno». Se fueron en un camión, pero en Achaguas continuaron las dificultadas; se anduvieron todo el pueblo sin resultados. En la última casa se tomaron un brandy. ¡Fracasamos!-dijo Antonio; se regresarían. Cuando oyó que afinaban un arpa. ¡De pronto! Suena un registro y arranca el arpa con un seis numerado. Antonio no había oído ni el seis numerado ni el seis por derecho.

En la oscuridad hizo preguntas al ejecutante, pero contestaba con monosílabos. Era el Indio Figueredo. El jefe civil ordenó prender la electricidad a las once de la mañana para que grabaran y grabaron cinco horas. De esa grabación Antonio obtuvo el material necesario de más auténtica fidelidad de la música llanera. Y la Cantata Criolla con su estructura y forma sonora; la esencia y el modo auditivo del sentir llanero.

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