#OPINIÓN Soy predicado #31Ene

José Enrique Arévalo | Ilustración: Victoria Peña |

¿Qué soy para ustedes? ¿Qué soy para la sociedad?
¿Acaso soy una especie distinta a la humanidad?

Algunas veces pasan por mi lado y pareciera que no notaran mi existencia,
otras veces me han observado como si fuese un mal experimento de la ciencia.

Ustedes son los sujetos protagonistas de sus vidas de película,
yo tan sólo soy el desecho de esta realidad tan ridícula.

Ustedes son los verbos que dan sentido a su existir,
yo tan sólo observo como pasa el tiempo antes de morir.

Ustedes son unas personas sumamente complejas,
tienen todo lo que yo desearía, pero solamente vociferan quejas.

Los veo pasar, con sus caras de malagradecidos y malhumorados,
¿Será que no se sienten bendecidos? ¿Será que su vida aún no ha valorado?

Y no entiendo, no entiendo, no entiendo qué es lo que pasa,
no son felices por tener adónde llegar, por tener una casa,
mientras yo paso todos mis días grises, durmiendo en una plaza,
soñando tener una familia, que me espera y que me abraza.
Ustedes no valoran poder tener para comerse una arepa,
o que sus niños puedan llegar a acostarse mientras ven ‘Peppa’.

Mientras tanto yo busco y rebusco entre las sobras,
ocultando mi tristeza e infelicidad entre las sombras.
Me asombro, cuando alguien se detiene a mirarme,
no me ven sólo como un escombro, e intentan ayudarme.

Lo agradezco, lo agradezco… y no sólo por la ayuda que me es tan servible,
sino porque me despejan la duda de ¿Acaso soy invisible?

Ustedes aún no se han dado cuenta que son unos sujetos con muchos verbos que pueden utilizar,
pueden reír, querer, amar,
pueden ir, volver, volar,
pueden surgir, leer, educar,
pueden insistir, perder, ganar.

Por mi parte, hay un verbo que siempre les voy a envidiar,
y es que quisiera tener la posibilidad de poder soñar.

Soñar, algo que ustedes ven como una cosa tan sencilla,
pero yo no tengo tiempo para soñar, porque vivo en una pesadilla.

Esa pesadilla tan atroz que no hice nada para merecer,
porque yo soy el niño, el joven o el anciano, que en las calles vio su vida perder.

Y mientras ustedes son los sujetos protagonistas de los verbos en su oración,
nosotros sólo somos el complemento de esta vida, de esta maldición.

¿Por qué tengo que ser el anciano sin familia?
¿Por qué tengo que ser el niño sin comida?
¿Por qué tengo que tener mi vida perdida?
¿Y por qué… por qué ustedes no valoran sus vidas?

Soy… ¿Qué soy?
Soy el aislado, el perdido, el olvidado,
soy el resentido, el destruido, el subordinado,
soy el renegado, el malnacido, el maltratado;
En esta oración, ustedes son los sujetos, con sus verbos, y yo tan sólo soy predicado.

José Enrique Arévalo

@interkike7

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