#ENTREVISTA | El Padre Raúl Herrera asegura que cuando retorne la democracia en Venezuela debe existir una formación cívica y ciudadana #27Feb

Texto y foto: Juan Diego Vílchez Valbuena @jdvilchez |

La emergencia humanitaria compleja en Venezuela ocupa la atención política de los países democráticos del mundo,  pero también de organizaciones no gubernamentales que desde hace 20 años -cuando inició la era del socialismo-, se dedican a documentar los casos de violación de los derechos humanos en el país caribeño.

El recién ataque por parte de las Fuerzas del Orden Público del país en la frontera con Colombia y Brasil, dejó en evidencia hasta dónde es capaz de llegar el régimen de Nicolás Maduro antes de entregar el poder.

A través de videos y fotografías se registró cómo alimentos y medicamentos fueron incendiados para evitar que llegaran a más de 300 mil ciudadanos que presentan delicada condición de salud. Aunque eso, no les importó.

Los mandatarios de Latinoamérica y Europa se pronunciaron de inmediato, condenando esta acción considerada como crimen de lesa humanidad, que debería ser punto de debate en la Corte Penal Internacional.

El Grupo de Lima se reunió en Bogotá, pero también el Consejo de Seguridad de la ONU, con el fin de avanzar en restaurar lo más pronto posible la democracia en Venezuela.

Tras los ataques de quienes dicen ser socialistas, el padre Raúl Herrera, director del Centro para la Paz y los Derechos Humanos Luis María Olaso de la Universidad Central de Venezuela, conversó con elimpulso.com sobre cómo evitar desesperanzarse ante la guerra comunicacional de la izquierda que intenta manipular la realidad a su antojo y mostrar «su verdad».

-¿Qué decirle a los ciudadanos en medio de tantos mensajes desesperanzadores para que mantengan su norte en función de luchar por la democracia?

-Quiero basarme en el Evangelio de este domingo (24-02-2019), donde Jesús habla de amor a los enemigos… de ese famoso texto donde hay que poner la mejilla si alguien te pide algo dárselo, si te roba no se lo quites. ¿De qué estamos hablando? porque ese Evangelio en este contexto suena chocante… cómo es posible vivir la fe en medio del conflicto, cómo es posible de desmarcarse de la desesperanza, inducida o aprendida. Eso implica no jugar el mismo juego de la violencia. Cuando en el Evangelio dice que se ponga la otra mejilla, no significa que vas a estar esperando que te den golpes y golpes, no. Significa, que tú no respondes de la misma forma a la violencia que viene por parte del Estado.

Ahora bien, ¿cómo desarticular escenarios violentos, inducidos por quienes tienen el poder militar?

-Debemos hacer referencia a luchas históricas. Por ejemplo, Mahatma Gandhi en la India, Martin Luther King con los afrodescendientes; la lucha librada en San Salvador, Guatemala. Significa que la no violencia activa es una manera de desmontar los mecanismos inducidos por los victimarios hacia los ciudadanos que luchan por reivindicaciones de carácter social.

La búsqueda de la paz transita un camino difícil en Venezuela, que tiene que ver con la defensa de la dignidad humana.

-¿Eso en qué consiste esa búsqueda de paz padre?

-Dicho en términos concretos y de acuerdo al contexto país, pasa porque usted como ciudadano sepa que tiene derechos y que el Estado no le hace favores. Que usted deben reclamarle al Estado que le dé garantía alimentaria, no que le dé una bolsa o caja de comida, porque además le están regulando qué comer. El ciudadano debe tener la libertad de elegir lo que quiera.

Y además el Estado tiene obligaciones con los ciudadanos…

-Hay obligaciones que el Estado tiene que cumplir y está tipificado en los estándares (nacionales e internacionales) sobre derechos humanos.

El Estado está obligado a respetar la protesta pacífica, no a reprimirla, porque la gente no lo hace para tumbar un Gobierno, sino para reclamarle que no hay medicinas, así como garantizar el transporte público para los ciudadanos.

Todo esto genera un malestar e indignación social. El Estado responde con violencia, con cuerpos antimotines y represión selectiva a través de los cuerpos de seguridad, intimidando a la gente en los sectores populares.

En un contexto donde hay desesperanza, desconsuelo y un aparente sin salida, es algo sobre lo cual está interesado el Estado para que la gente no vea que es posible salir de estas condiciones.

-¿Y cómo es posible?

-A través de organizaciones comunitarias. Te cuento la experiencia nuestra en La Carucieña (populosa zona al oeste de Barquisimeto),  donde hacemos distintas actividades para niños y ancianos, con grupos que se comprometen con la cultura, el embellecimiento del lugar, ante la falta de políticas públicas que respondan a las necesidades de la gente.

La tentación a una gestión inoperante, que le interesa mantener a la gente postrada, es replegarse. De allí, que hay que hacer lo contrario: organizarse, luchar, reunirse para ver qué dice el vecino, independientemente del color político, porque todos están sufriendo, menos los que están en el poder.

Se trata de vernos en la diferencia, aprender a convivir. Parece que un Estado totalitario ha querido homogeneizar a la población y eso no es democracia, ni tampoco respeto a la dignidad humana.

-Del venezolano al socialismo: perdón sin acción o perdón con justicia jurídica

-Tenemos que transitar el camino de la reconciliación, el perdón y la justicia. Tres elementos importantes dentro de la justicia transicional, porque no se trata de favorecer la impunidad con el mero perdón sin justicia.

Aunque se ha hablado de una Ley de Amnistía, esta no tiene porqué absolver a todos los que han generado este caos. Hay niveles de opresión y crímenes de lesa humanidad tipificados en el Estatuto de Roma, artículo 7, literal K, que no prescriben en materia de derechos humanos.

Hablar de reconciliación, de justicia, cuando las instituciones realmente funcionen y sean imparciales; y además hablar perdón con justicia, que es necesario en una sociedad que lleva más de 20 años en un conflicto que en vez de mejorar, empeora, donde hay mucho resentimiento y sed de venganza.

El chavismo como sentimiento llegó para quedarse y lo que se vaya a construir debe a aprender a convivir con esa diferencia.

-Más allá de la reconstrucción política y económica, ¿debemos pensar en volver a inculcar (o retomar) valores en los venezolanos, que se han perdido por políticas que promueven el facilismo?

-Tocas un punto sumamente importante. Es intangible, pero con frutos que se ven: de que no exista moral, ética, valores… ha habido un deslave de los valores que en el pasado reciente los venezolanos venían siendo la nueva generación formada.

Ocurre una cosa interesante analizar cómo los jóvenes que nacieron en este régimen tienen valores y luchan por un cambio de sociedad, donde se tome en cuenta al otro, al debido proceso… donde las condiciones de las cárceles sean humanas… donde el trabajo dignifique a las personas no deshumanice… donde exista la meritocracia.

Coincido en que debe existir una formación ética, en valores que no tienen que ver con el mal llamado hombre nuevo del socialismo, que en realidad es una burda reproducción de lo que han sido los socialismos en la historia (el hombre nuevo termina siendo un títere de quien está en el poder).

Los valores como el respeto a la dignidad, la solidaridad, de tolerancia, de búsqueda de justicias, evidentemente tienen que estar en la formación cívica ciudadana.

-Jorge Arreaza en el Consejo de Seguridad de la ONU dijo que en la ayuda humanitaria venían elementos que contribuirían a la desestabilización, cuando en realidad eran alimentos y medicamentos, ¿qué opinión le merece esa apreciación?

-Son declaraciones absolutamente irresponsables, eso es añadir más leña al fuego, es burlarse de todos los venezolanos, incluso, de quienes estuvieron en el lugar de los hechos.

Eso era la posibilidad que tenía una buena parte de familia de tener algún tipo de ayuda médica y de alimentos. Que Arreaza diga esto es muy lamentable, porque refleja que para el Estado la gente no vale nada, no importa que estén sufriendo, porque ese costo hay que pagarlo por la «revolución» que ha empobrecido a los ciudadanos. Con razón, muchos representantes de los Estados en el mundo, se levantaron y se fueron. 

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