#OPINIÓN Lectura: enseñanza #11Jun

Carlos Mujica | Ilustración: Victoria Peña |

Debo sentirme agradecido de la generosa noche, las enseñanzas que oportunamente he venido recibiendo de observar su espacio cielo nocturno. Son aspectos de orden científico que la ciencia no debe negar.

El fondo del espacio cielo nocturno es negro porque en él no hay posibilidades de iluminación. El espacio de ese cielo por lo tanto siempre será para los cuerpos que brillan en él un fondo oscuro. Quiero decir, que toda partícula material es rechazada y debe buscar su medio en la materia.

Ese espacio cielo está lleno de energía neutra y pura. Neutra porque en él no rige la gravedad como en la masa particular de la materia. Y pura porque es energía incontaminable mientras permanezca en ese espacio. La energía neutra y pura del espacio cambia su neutralidad cuando ingresa a la masa particular de la materia. Entonces se polariza, asume cargas y polos; la carga positiva para el polo positivo y la carga negativa para el polo negativo. Es la energía que se conoce como “energía eléctrica.” Este fenómeno del cambio lo produce la estructura atómica de la materia.

En consecuencia el espacio cielo del Universo será eternamente oscuro debido a la carencia de luz. De modo que se puede concluir que la luz es un efecto producido por la combinación de la energía en la energía de la masa. Como la energía del espacio es neutra y el espacio no tiene partículas materiales, entonces el fenómeno del efecto de la luz no se puede producir.

Ese espacio cielo siempre oscuro está lleno de infinitos puntos de luz. Esos puntos de luz son todos y cada uno cuerpos ponderables; es decir: estrellas, planetas, satélites, cometas, etc. Conocemos el Sol como la estrella con los nueve planetas del sistema. Pero en el espacio cielo del Universo los puntos de luz son incontables, lo que nos hace suponer que además de los millones de estrellas de las galaxias, también hay millones de planetas sujetos a sistemas estelares como el sistema de nuestro Sol.

El Universo es de cuatro dimensiones, tres dimensiones espaciales y una dimensión temporal. La luminosidad de esos puntos de luz más o menos brillantes obedece a las distancias que cada cuerpo ponderable en sus cuatro dimensiones ocupa en el espacio-cielo. La luminosidad de esos cuerpos es la misma que nosotros conocemos de la luminosidad de la Tierra. Se ilumina un hemisferio mientras que el hemisferio opuesto permanece oscuro. Desde las noches terráqueas lo que observamos son los hemisferios iluminados; son los días de cada unos de esos cuerpos en el espacio.

Carlos Mujica

[email protected]

@carlosmujica928

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