#OPINIÓN Ventana abierta: ¿Por qué gritamos al discutir? #10Jul

Eduardo Iván González González | Ilustración: Victoria Peña |

Para recordar: “No odiarás a tu compatriota en tu corazón; podrás ciertamente reprender a tu prójimo, pero no incurrirás en pecado a causa de él…”

(Levítico 19:17,18)

El odio es: “El sentimiento profundo e intenso repulsado hacia alguien que provoca el deseo de producirle un daño o que le ocurra alguna desgracia” (Diccionario Google). Y en Venezuela, es una de las palabras que últimamente ha sonado mucho entre los que se adversan por cuestiones políticas o de otra índole.

Hace poco, enviaron en un grupo de WhatsApp, una reflexión que nos llamó la atención, bajo una pregunta: “¿Por qué la gente se grita? Como no colocaron el origen, lo buscamos en Internet y está en www.renuevo.com, donde usaron una anécdota útil para nuestro tema, dada la violencia que se está viviendo en nuestro país en todo sentido.

Allí recurren a un texto escrito por Salomón, que dice: “La respuesta suave quita la ira; mas la palabra áspera hace subir el furor” (Proverbios 15:1). Años antes, Dios, por medio de Moisés le había dicho al pueblo de Israel: “No odiarás a tu compatriota en tu corazón… pero no incurrirás en pecado a causa de él” (ver texto inicial).

Ya le había pasado a Caín, antes de matar a Abel y Dios le dijo: “¿Por qué te has ensañado, y por qué ha decaído tu semblante? Si bien hicieres, ¿no serás enaltecido? y si no hicieres bien, el pecado está a la puerta… (Génesis 4: 6,7).

El sabio de la anécdota inicial, hizo una pregunta, que repetimos de otra manera: ¿Por qué gritamos al discutir? Aunque obtuvo muchas respuestas, aclaró: “Cuando dos personas están enojadas, sus corazones se alejan mucho. Para cubrir esa distancia deben gritar, para poder escucharse… Todo lo basó en observaciones que hizo y señaló: “Cuando dos personas se aman, o están enamoradas, se susurran…”

De acuerdo al texto inicial, es Dios y no es la ONU o el planeta entero, quien hace una llamado: “No odiarás a tu compatriota en tu corazón…” Allí nos pide que no practiquemos la violencia, menos la muerte, a nuestros semejantes. Podemos reprender, para no pecar  o participar de los pecados de quien se amonesta.

Tampoco debe haber maltrato físico, violación de derechos humanos, observada por algunos miembros de cuerpos policiales, quienes prefieren obedecer órdenes superiores en contra de la Voz de Dios. Y nunca caen los autores intelectuales o la sentencia es pobre.

La muerte del capitán de corbeta Rafael Acosta Arévalo, fue una triste noticia que hizo levantar la voz de protesta de muchísimas personas y según prodavinchi.com: “La alta comisionada de la ONU, Michelle Bachelet, se pronuncia (para que se investigue y reprenda) por la muerte en custodia del capitán en Venezuela” (01/07/19).

Dado el tema, Pablo en Colosenses 3:8,19, nos invita a desechar la ira y el enojo; en Efesios 4:26 está escrito: “Airaos, pero no pequéis”; en Gálatas 5:20 dice que entre los frutos de la carne están: “…enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones”.

El Comentario Bíblico Adventista, Tomo 1, señala: “Es posible odiar y despreciar a una persona sin dar de ello evidencias externas. Sin embargo, el odio es pecado (1 Juan 2: 9-11). El que odia se daña a sí mismo en primer lugar (p.804).

“Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto?” (1 Juan 4:20).

Sabemos que sin Dios todo lo malo puede ocurrir. Por ello, si alguna persona, sea del gobierno o no; aún, cualquiera de nosotros, si tuviéramos intenciones de gritar a otro u odiarlo, busquemos a Dios para que nos cambie, o nos quite la mala intención y no pecar contra Él o contra el prójimo.

Eduardo Iván González González

www.ventanabiertalmundo.com

PUBLICIDAD

Comentarios

Comentarios