#ESPECIAL Cuando Rafael Cadenas y Salvador Garmendia leían en la Plaza Altagracia #17Jul

Pacífico Sánchez | Foto: Árchivo |
Con su esposa Milena de Cadenas, en pleno centro de la plaza Lara de Barquisimeto

Una nota muy interesante acerca del despertar literario de dos de los más prominentes intelectuales de la capital larense

En la ciudad de Barquisimeto de las primeras cinco décadas del siglo pasado la plaza Altagracia, ubicada en la carrera 19 con la calle 20 frente a la iglesia que lleva ese nombre,  era sitio de tertulias y de lectura para los jóvenes y muy especialmente para dos de ellos que tras años de formación y de ejercicio de las letras se fueron proyectando nacional e internacionalmente como los más prominentes intelectuales de la capital larense: Rafael Cadenas y Salvador Garmendia.

Merece destacarse lo que al respecto recordaba el poeta  Cadenas, a quien la semana pasada, le ha sido acordado, junto a su colega docente Guillermo Sucre, otorgarle el doctorado honoris causa de la Universidad Simón Bolívar.  Ambos,  profesores de la Universidad Central de Venezuela,  “constituyen, sin lugar a dudas, singulares y reconocidos aportes a la tradición de la lengua castellana”, expresa el dictamen de las autoridades universitarias. Aún no se ha fijado la fecha de la ceremonia.

Durante una noche precisamente del mes de julio, pero del año 1985,  el poeta conversó con un grupo de amigos (Bayardo Vera, Gerardo Escalona, Alberto Meléndez y Milena), aquí en la capital larense,  sobre la vida literaria que en la plaza Altagracia o en sus alrededores compartió con Salvador  Garmendia (1928-2001), otro célebre barquisimetano,  escritor y guionista de televisión.

La tertulia fue grabada y  recogida por la revista Papel Abierto de noviembre de 1989. Acerca de ella el poeta refería que Garmendia, quien por cierto vivía en una casa frente a la mencionada plaza,  se la pasaba aporreando un piano muy viejo.

“Una vez estábamos en la sala y él estaba tocando  una lección y entonces se asomó por la ventana un señor y entró a la casa sin tocar. Apartó a Salvador y comenzó a tocar el piano, que sonaba muy mal y dijo que podía afinar ese piano, cosa que a mi me parecía imposible. Salvador le dijo que sí, que cómo no. Él lo único que pidió para afinar el piano fue una botellita de ron. Entonces comenzó. Desarmó el piano. Lo volvió a armar y el piano mejoró un poco, hasta donde era posible y él se puso a tocar valses, piezas clásicas. Supimos después que era un músico que se había apartado de todo y se había puesto a beber”, rememoró Cadenas.


Rafael Cadenas acumula grandes reconocimientos entre ellos el Premio Nacional de Literatura de Venezuela

¿Es cierto que Salvador para esa época escribía  poesía?

-Una vez escribió unos sonetos muy libres. Eran sonetos porque tenían la forma (dos cuartetos y dos tercetos), pero sin rima. Yo creo que ese fue su único intento.

Nosotros tenemos entendido que tú  y Salvador siempre se veían en la plaza Altagracia. Cuéntanos cómo eran esos encuentros.

-Estuvimos un tiempo encontrándonos en la plaza para leer. Leíamos mucho a Rubén Darío en ese tiempo, leíamos el Quijote, la Divina Comedia. Ni Salvador ni yo tomábamos. El fumaba mucho. Me inició a mi en el cigarrillo.  Por cierto lo dejó… se convirtió en un corredor. Yo no corro ni media cuadra. Camino mucho sí.

Más adelante contó que Garmendia para su edad había leído mucho y cuando empezó a trabajar (“creo que en la prefectura”, dijo) el primer sueldo lo gastó íntegro en libros.

“Me mostró el montón de libros que había comprado, libros que eran muy baratos, sobre todo las novelas, esas novelas de la editorial Tor, por ejemplo, o de la Sopena. En ese tiempo costaban un bolívar, uno cincuenta o dos bolívares. Yo me imagino que Salvador gastaría doscientos o trescientos bolívares”.

¿Había alguna librería bien surtida?

-Sí habían…  Había una librería de un señor Piña, que traía ese tipo de libros, de buenas editoriales, pero baratos…

Cuando se le observó que  la conversación había girado sobre Garmendia y se le pidió que hablara de su participación en Barquisimeto, él respondió:

-Mi participación era muy poca. Yo era sobre todo lector. En ese tiempo  había leído mucho menos que Salvador. Lo que pasa también  es que a mi no me gusta hablar de mi mismo.

¿Jugabas béisbol?

-Ya en ese momento no jugaba béisbol. En ese período, tu sabes, la misma lectura lo aleja a uno de las cosas que ha hecho antes.

-Tú publicas un libro por la misma época…

-Sí, Cantos iniciales,  que era una parte de lo que había escrito.

A sus 89 años, Cadenas acumula una serie de reconocimientos y galardones importantes. Entre ellos el Premio Nacional de Literatura de Venezuela (1985, el año en que fue celebrada la conversación que hemos reseñado en esta nota).  Premio Fil de Literatura en Lenguas Romances (2009) en Guadalajara, México y el Premio Reina Sofía de Poesía (2018) que le entregó la soberana Sofía de Grecia.

Al otorgarle el doctorado la USB tanto a él como a Sucre  se resalta “la actuación ética y de compromiso con la causa de la democracia y la defensa de la libertad en contra de toda opresión totalitaria”.

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