#OPINIÓN Red de Instituciones Larenses: ¿La realidad? #17Jul

Maximiliano Pérez | Ilustración: Victoria Peña |

“La agricultura se ve fácil cuando el arado es un lápiz y…

se está a mil millas del campo de maíz.”

DWIGHT D. EISENHOWER

Ya conocido Dwight D. Eisenhower, el general norteamericano héroe de la Segunda Guerra Mundial, que posteriormente fue presidente de la nación más poderosa del mundo, demuestra su intelecto con esta lapidaria verdad.

Desde siempre he dicho a los críticos y planificadores del sector agroalimentario que es muy fácil calcular los rendimientos de una plantación con los fríos números provenientes de una calculadora, arrojados en un papel aguanta todo.

Supongo que los agricultores, prehistóricamente, fueron los primeros empresarios que existieron desde que nuestros ancestros se dieron cuenta de que las semillas y algunos despojos de los vegetales que utilizaban para su manutención germinaban en los terrenos a los cuales eran arrojados como desechos, lo que constituía un ahorro del tiempo dedicado a la búsqueda, recolección y traslado de aquellos alimentos.

Se dice que así nació la agricultura y está comprobado que para lograr la eficiencia y eficacia en una unidad de producción agropecuaria se requiere del trabajo de varias generaciones. Valentía, constancia, tesón y perseverancia para vencer las adversidades; sobreponerse a los reveses climáticos; a las enfermedades vegetales, animales y humanas; para enfrentarse a todo tipo de depredadores, de cuatro y de dos patas; a la delincuencia organizada, desorganizada y en algunos casos a la gubernamental; al populismo, comunismo y/o socialismo desfasado y fracasado en todas las regiones del mundo en las cuales se ha querido imponer; al aullido violador de Derechos Humanos de “EXPROPIESE”; a la confiscación, a la invasión, saqueo y destrucción de las unidades de producción trabajadas con características de excelencia; al criterio imposible de ser aceptado por las leyes económicas que ha pretendido que el sector agropecuario sea la cenicienta de la cadena de producción, con la excusa de que el pueblo necesita alimentarse, olvidando de manera inexplicable qué:

No existe sistema productivo que haya logrado trabajar a pérdidas.”

Ante el panorama desolador que anuncia un holocausto agroalimentario no parece ser convincente que haya aventureros tan valientes como para invertir en el campo venezolano, mientras el gobierno luce incapaz de generar la necesaria confiabilidad sin la cual huye el mayor cobarde conocido en el mundo… El Capital.

Los productores agropecuarios venezolanos, los temerarios que venciendo el miedo, las amenazas, el cobro de vacunas, los secuestros, intentos de homicidios y algunos otros desmanes imaginables, sin energía para trabajar; sin electricidad y sin combustibles; sin los insumos imprescindibles; sin semillas, vacunas, agroquímicos, ni fertilizantes y la mano de obra necesaria emigra, siguen cuidando al cúmulo de vicisitudes vencidas, tal vez con la esperanza de dejarlas a su descendencia, como diría el profesor Giménez: “emulando a los cardones que preservan al ambiente y son soldados silentes que dicen al desierto: ¡hasta aquí llegaste!”, se mantienen firmes defendiendo el sudor con el cual regaron sus plantas.

Se calcula que tan sólo se ha sembrado entre el 10 y el 15 por ciento de las necesidades alimenticias mientras el abigeato campea en los campos robando y destrozando sembradíos, diezmando los rebaños, exterminado razas de alto valor genético “POR AHORA”… “IRRECUPERABLES.”

¿SOLUCIÓN?: EL ESTAMENTO LEGAL.ç

Maximiliano Pérez

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