#OPINIÓN Agosto, abuelos y nietos #13Ago

William Amaro Gutiérrez | Ilustración: Victoria Peña |

Cuando llega el mes de agosto, a muchos abuelos le llega trabajo extra. Me imagino no habrá quejas, pesar y menos fastidio, pese a que la vida cargada de pasividad se altera un poco. Claro, después de tanto trajinar en el mundo esperamos llevar una vida tranquila. Pero ser abuelo es una etapa de la vida muy especial, que cuando se vive asido de la mano de Dios y su palabra, todos los encuentros diarios y sobre todo el último de la noche con su amada, son una bendición. Sin negar, por supuesto, las desavenencias que a veces surgen con la mujer de tu juventud, pero definitivamente es la etapa de la vida más bella. Sobre todo, cuando se tienen hijos que ven por sus padres, enseñan a sus pequeños a amar y respetar a sus abuelos y se trata de vivir asido de la mano de DIOS.

Los nietos, asaltan sin darnos cuenta el fortín de nuestros sentimientos. Con inocente picardía descubren la debilidad en nuestros corazones y atacan. Agotados de regañar, corregir y hasta castigar. Cansados de “latir” la eterna corrección como baluartes paternales del pasado, buscamos el momento solaz con los nietos. Y eso, es un derecho adquirido.

El nieto representa una nueva dimensión del amor en el humano. Es una experiencia nueva que llega cuando ya estamos cargados de años y hay que aprovecharla. En ellos, vivimos un amor que no pudimos dárselo a los hijos, debido a los avatares propios de una vida cargada de trabajo, estudio y superación. El anhelo loco que estuvieran por encima de sus amiguitos, compañeros de estudio y hasta de sus primos, encegueció la vista espiritual y nos privamos de disfrutar los hijos en su infancia y juventud.

Encontrarnos con ellos, admirar sus caritas y la sonrisa de alegrías cuando noncias de sus padres de verdad hay que aprovecharla. volando por encima de sus primitos nos enceguece. Oírlos decir “…llegó mi abuelo”, “bendición abuelo” Cargarlos, acariciarlos y dejar que nos “malluguen” como quieran. Que nos digan con lengua mocha “avello” o “abue”. Que nos abracen fuerte y pidan dinero a escondidas de sus padres, de verdad sacude las fibras más íntimas de nuestras entrañas. Trastoca nuestra existencia. No en vano dijo Dios “Corona de los ancianos son los nietos” Prov. 17:6. Es una distinción que ellos nos regalan. A falta de atención de los hijos, por las distracciones normales de sus ajetreadas vidas. En ausencia de algún amado, por desaparición física. A falta de estima en la sociedad, por parte de una juventud cada vez más irreverente y mal educada. Y, ante el abandono de los gobiernos de turno, los nietos nos honran, nos coronan con su amor y su ternura. Nos convierten en reyes y eso definitivamente es un regalo de Dios.

Pero, lo abuelos no estamos capacitados para educar a los nietos. Podemos tenerlos un tiempo corto, disfrutarlos, aconsejarlos y ayudarlos hasta donde nos den las fuerzas. Pero son sus padres, por naturaleza, a quien Dios dio esa misión. “Tened cuidado de no entregar el gobierno de vuestros hijos a otros. Nadie puede adecuadamente tomar vuestro lugar en esa responsabilidad dada por Dios… Las madres nunca debieran permitir que sus hermanas o madres interfieran en el debido manejo de sus hijos. Aunque la madre haya recibido la mejor educación posible de su madre, sin embargo, en nueve casos de diez, como abuela echará a perder a los hijos de su hija al complacerlos y alabarlos con poco juicio… los abuelos no están capacitados para educar a sus nietos. Los hijos deben mantener en sus manos las riendas del gobierno” Libro. La Conducción del niño. Elena de White. ¿Cómo les parece? Hasta la semana que viene por la WEB Dios mediante.

William Amaro Gutiérrez

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