#OPINIÓN Hombres virtuosos #14Ago

Joel Rodríguez Ramos | Ilustración: Victoria Peña |

No abundan las noticias buenas, edificantes. Apenas de vez en cuando aparece una buena. Leí una buena hace poco, relacionada, por ejemplo,  con el éxito que en otras latitudes tienen jóvenes venezolanos que han salido del país huyendo la espantosa dictadura que nos oprime. También con ocasión del lamentable fallecimiento de nuestro gran Carlos Cruz-Díez, leí reportajes sobre él, que edifica nuestro gentilicio. Sin embargo, los medios de comunicación social y las llamadas redes sociales, están llenas de noticias malas, algunas espeluznantes, tristes, sembradoras de incertidumbre sobre el futuro de Venezuela y de la humanidad en general. A veces pienso que además, se quiere atemorizar a la gente buena, hacerles creer que no caben en este mundo. Que este mundo es para los vivos. No hay duda que al mundo lo domina la maldad, la mentira,  la trampa, los apetitos desordenados en todos los sentidos. Soy creyente y confío en Dios que esto cambie y el mundo se torne en vivible y sano, aunque no creo en paraísos terrenales, no creo en la utopía marxista.

Me atormentó ver tres matanzas de inocentes en las calles y centros comerciales  de varias ciudades de Estados Unidos y una cuarta en Santiago de Chile. Todas sin explicación. Horrorosos crímenes en todas las ciudades del mundo. No hay lugar donde no haya secuestros, tiranías, tráfico de personas y de drogas. Gobiernos comprometidos con esos crímenes y altercados por el dominio de todo ese mundo hamponil, donde la vida humana no importa.  Y lo más preocupante es que ese ambiente crece en todo el globo terráqueo. Cuando hablo de estos temas con amigos y conocidos, termino sintiéndome ingenuo y desconocedor de la condición de la naturaleza  humana, es que así somos los hombres. Pero también recuerdo el discurso del Libertador Simón Bolívar (tan tergiversado hoy en Venezuela) donde recuerda que “hombres virtuosos constituyen la República”. En ese mismo discurso nos recalca que moral y luces son nuestras primeras necesidades. No puede ser que predomine la mentira, el engaño, la corrupción, la frivolidad, la pereza y el egoísmo, es necesario darle un vuelco a este mundo que vivimos para que podamos sentir la alegría de vivir y la justicia de nuestro proceder. Ser virtuoso no significa estar triste y acabado, ser virtuoso es ser hombre íntegro, de principios, de fe, de lealtad y no impide vivir y disfrutar de los grandes placeres de la vida. Hay que formar bien nuestros muchachos y es cierto lo que han dicho sobre este tema, grandes pensadores, la más importante de nuestra misión es educar, educar bien a nuestros hijos, a nuestros jóvenes. En palabras de don Simón Rodríguez, “enseñarlos a vivir”. Enseñarlos a vivir para la verdad, para el progreso, para el servicio, para la libertad.

Según la enseñanza de la doctrina aristotélica-tomista, la virtud es un hábito operativo bueno, es decir, se trata de conducir a nuestros niños y jóvenes desde la más pequeña edad, a la costumbre por lo bueno, por la verdad, por la generosidad, por el estudio, por el trabajo, por el respeto a los demás y a lo ajeno, por la reciedumbre,  por el amor y el respeto a la vida, por el amor a Dios. Si no enseñamos a nuestros niños las grandes virtudes de la vida, condenamos la humanidad a la violencia, a la arbitrariedad y al caos. Dios quiera que muchas vidas se dediquen al noble oficio de la enseñanza, pero de la enseñanza de los grandes valores, no a la enseñanza de ideologías ni de la búsqueda solo de lo material porque lo material es efímero, lo espiritual es eterno.

Joel Rodríguez Ramos

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