#OPINIÓN Por la puerta del Sol (45): Despacito #17Ago

Amanda Niño de Victoria | Ilustración: Victoria Peña |

Estaba escuchando la canción “Despacito” cantada hermosamente por su autora Erika Ender y Roberto Carlos, cuyo título me dio la idea del presente título. Hasta las canciones nos invitan a llevar el trabajo, la vida y el mismo amor sin tanta prisa.

Una parte de la canción dice: “Ya me está gustando más de los normal, todos mis sentidos van pidiendo más, esto hay que tomarlo sin ningún apuro, despacito…”

La prisa nunca ha sido la mejor opción para lograr un sueño, un momento diferente, un cambio, un amor. De la carrera no queda sino el cansancio. Los bancos, los consultorios, los semáforos, el mercado, los aeropuertos, los terminales, son la mejor muestra de aquellos que aunque llegan tarde quieren ser los primeros atendidos.

Vivir aprisa no hace más fructíferas, ni pone más lejos las estaciones de la vida. El árbol a si tiempo entrega la fruta en sazón, porque todo en la vida tiene su tiempo; hay un tiempo para avanzar y otro para detenerse, un tiempo de placer y otro de amargura, un tiempo para el trabajo y un tiempo para el descanso. Nada ganamos adelantándonos o queriendo atrasar las manecillas del reloj. El tiempo es indetenible y va a su paso sin prisa.

Desde que nos levantamos fustigamos el cuerpo, cuyas dolencias y señales advierten el cansancio pidiendo ir más despacio. “Triste mundo es este que estamos creando en el que no tenemos más que un minuto para leer un cuento a nuestros niños. Tanta prisa tenemos por hacer y amontonar dinero que olvidamos lo único realmente importante: ¡vivir!” (C. Honoré).

“La liebre y la tortuga” fábula de Esopo nos lleva a repasar nuestros cuentos de niños. La discusión de la liebre y la tortuga de quién podía llegar primero, invitan a reflexionar acerca del mundo de las prisas que destruyen nuestra tranquilidad. La liebre más ágil y veloz que la tortuga, cansada por su velocidad comprendió que de la carrera no queda sino el cansancio.
Por su parte la inteligente tortuga demostró que lento se puede llegar a donde se quiera.

Con la prisa obligamos a nuestros niños a vivir nerviosos, empujados por nuestros aceleramiento, convirtiendo su vida en una pesadilla.
“No hemos aprendido a vivir, la mayoría del tiempo lo pasamos planeando lo que está en manos del destino, desaprovechando lo que está en nuestras manos” (Séneca).

En países respetuosos de la condición humana, hay normas que se respetan y se cumplen, se debaten las ideas, no hay excluidos, todos trabajan por el bienestar de cada uno, se dialoga, se respeta el tiempo y pensamiento de los otros, los trabajadores cumplen con placer su deber.
Suecia y Austria se muestran ante el mundo como los paradigmas de la desaceleración del tiempo. Japón apuesta por una vida más tranquila. Su lema es “vivir con modestia y pensar con grandeza”. Estos países disfrutan la naturaleza, valoran la familia y comparten con ella. Se combate la prisa enemiga de la perfección. En las escuelas se enseña a los niños que más importante que oír el timbre y salir en estampida, es haber comprendido la lección.
Para ellos nos cuenta la prisa sino la tranquilidad para hacer mejor las cosas.

Velozmente llegó la globalización a deslumbrarnos, actualizarnos con su gran tecnología y a compartir, logrando la integración de los mercados, se acortaron las distancias, apareció el Internet, la pantalla plana, la conexión de alta velocidad, apareció el BlackBerry, amén de otros beneficios.
Después de esto todo va quedando obsoleto con la tecnología que año a año cambia lo que va creando.

Lo malo de la globalización es que cunde la exclusión, se impide la participación de otros egoístamente, crece la voracidad y ambición de los poderosos, la pobreza se hace más cruda, se estimula el consumismo dejando de lado el hecho de que las capacidades de la tierra y el abuso de primero, el dinero que cuidar y salvar el planeta de la destrucción, es un macro error cuya falta de conciencia está poniendo fin al paraíso que con tanto amor creó Dios.

Países como Noruega, Suecia, Islandia, Japón, Finlandia, etc. están entre los más ricos del mundo. Allí no existe la miseria, la instrucción es casi total, el nivel educativo es máximo, todos tiene acceso al bienestar material y al placer del trabajo.

Suecia es uno de los primeros países con el nivel de vida más alto del mundo. Son admirables porque trabajan menos horas y es mayo su productividad y calidad. Para ellos la libertad es un derecho humano esencial, Allí se promueve la tolerancia.

Tenemos mucho que aprender de la cultura del grupo “Slow Down” de Suecia, creado para frenar el avance de la globalización del aceleramiento, del trabajo sin descanso, de la inhumanidad de los jefes, del estrés, etc.
El lema de los grandes como Suecia es “Vivir el presente sin pensar en el futuro, disfrutarlo con calma, sin prisa, vivir para uno no para el tiempo y las horas que inexorablemente se desgranarán una tras otra.

Despacito se vive mejor, esa es la clave de vivir tranquilo, ponga a su lado su cruz, salve su ahora, disfrute su camino y alegrías sin prisa, no se deje dominar por este flagelo; despacito, sin temor, de la mano con Dios, contentos, conciencia tranquila y pensamiento armónico será para muchos el fin de sus prisas y sufrimientos. Amén.

Amanda Niño de Victoria

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