#OPINIÓN ¡Yo soy justiciero! #25Ago

Miguel A. Peña N. | Ilustración: Victoria Peña |

En el hecho político venezolano son varias los tumores malignos que se han enquistado en las entrañas de nuestra cultura. La antipolítica probablemente resulte la más lesiva y dañina, porque trae consigo la mala práctica de no confiar incluso en quienes han hecho lo pertinente para ganarse esa confianza a fuerza de trabajo y del ejercicio de la política ética, de valores y principios y eso ya vicia de nacimiento cualquier relación entre quien la ejerce y los ciudadanos.

Primero Justicia ha sido una de las organizaciones que ha logrado sobrevivir a esta adversidad. El partido del cual decidí formar parte desde que comencé a madurar el criterio político de hacia dónde quería orientar mi trabajo y vincularlo con la visión de país que tenía y que tengo. Las razones que me hicieron tomar aquella decisión hace casi seis años, se resumían en una sola: vocación de poder.

Un partido puede ser muy bonito en sus preceptos ideológicos, puede tener mucho arraigo en su gente, podrá incluso contar con una estructura envidiable, pero si todos esos elementos no se alinean en función del alcance del poder como herramienta de cambio político y social, será esfuerzo perdido. Una organización política se diferencia de una ONG, de una fundación o de una asociación civil, porque la primera existe para buscar el poder gubernamental y, desde la toma democrática de esos espacios, producir las transformaciones que su ideología plantea como formas de construcción de una sociedad. Así que, sin complejos, partamos de la premisa de que un partido que no busca el poder, no puede ser llamado partido.

Eso en Primero Justicia ha sido una clara visión desde siempre, a pesar del espíritu antipolítico fomentado desde hace 20 años por quienes llegaron al poder desprestigiando a las organizaciones partidistas con la clara intención de debilitar a sus adversarios en el camino que venía. Aún en medio de la tormenta, de la impopularidad, de lo difícil que resulta ser admitido en una comunidad que sufre y llora por no tener lo mínimo para poder vivir, nos hemos metido en el corazón de nuestra gente. Y no, claro que no estamos en las prioridades, porque no tenemos comida, medicinas, no podemos reponer la capacidad adquisitiva de quien gana cuarenta mil Bolívares mensuales y no puede darle comida a sus hijos, pero estamos, acompañando al ciudadano en su tragedia, buscando hacer más fácil atravesar la tormenta, ayudándolo a resistir en la adversidad para que mañana, cuando todo pase, podamos volver a levantar el país junto a ellos, centrándonos en el valor del ser humano como epicentro de transformaciones, promoviendo valores y principios en el hogar y la familia para lograr lo impensable: rescatar la Venezuela que hoy se ha ahoga en una crisis moral.

Primero justicia tiene un espíritu inquebrantable que, al menos en nuestro estado Lara, ha significado atractivo para casi 300 nuevas incorporaciones de cada una de las parroquias de los nueve municipios que componen nuestra entidad. Por el trabajo que venimos desempeñando durante los últimos años, hemos sido la institución con la que cada vez más personas se identifican para aportar un grano de arena a la lucha por recuperar nuestra libertad.

No quiero ser vendedor de mercancía propia ni mucho menos. No estoy escribiendo unas líneas que seduzcan a quien lee para que se sienta atraído por nuestra organización. Estoy hablando de una experiencia vivida en primera persona la cual resulta contagiosa a todo aquel que siente que tiene mucho que aportar al país, porque a fin de cuentas, de eso se trata un partido, de reunir a quienes hacemos vida en distintos espacios de la sociedad para luchar por proyectos que sumen a un objetivo común: Venezuela.

En el caso de Lara, debo mencionar el estoico y heroico trabajo de un equipo que, sin recibir un solo céntimo como remuneración, se dedica en cuerpo y alma, 24 horas al día, a mantener viva la llama de esperanza y la fuerza necesaria para avanzar en este camino que tiene como meta nuestra libertad. Somos jóvenes, mayoritariamente, los que tenemos sobre nuestros hombros la responsabilidad de dirigir una organización política que, aún en tiempos de dictadura, ha logrado salir adelante y convertirse en una clara alternativa de poder para el estado, pero también nos acompaña la experiencia de grandes personas del quehacer político.

Desde PJ visitamos comunidades, formamos ciudadanos en los valores políticos y sociales, conformamos equipos que persistan en que se haga posible el objetivo de acceso al poder, peleamos espacios en nuestras universidades para las reivindicaciones estudiantiles, nos hacemos de representaciones gremiales, denunciamos las irregularidades que dan lugar a la crisis que estamos viviendo, conversamos con la gente para informarles de la realidad nacional, organizamos al ciudadano desde la base para fortalecer el proyecto de cambio que nos convoca a todos, le damos orientación a su voluntad de hacer algo que ayude a lograr ese objetivo, acompañamos el reclamo social por una mejor calidad de vida, estamos al lado de la gente cuando sufren las consecuencias de la persecución del régimen. En fin, hacemos lo que nos toca y corresponde para que hoy podamos decir con orgullo: ¡soy justiciero! Pero sobre todo para que cada día más venezolanos y larenses también quieran serlo.

Regionalmente contamos con la dirección política de un luchador de trayectoria que durante los últimos años ha estado hombro a hombro con nuestro estado Lara en esta difícil etapa por recuperar la democracia, quien desde la Asamblea Nacional ha puesto el pecho cuando las cosas se han puesto color hormiga, el diputado Alfonso Marquina. A su lado, entre las autoridades regionales de nuestro partido, se encuentran otros fajadores que no desisten y que, entre juventud y experiencia, siguen siendo referencia de un trabajo que ha generado grandes resultados: Hermes Paradas, Carlos Pellicer, Carlos Ballesteros, Johana Ferrer, Zulay Gómez, Ana Romano, Damián López, Abraham Cantillo, Mariadaniela López, Angel Juzwa, Carolina Vega, Mariuska Padilla, Simón Arias y otros tantos nombres igual de meritorios que no conocerán de descanso hasta que seamos libres. A nivel local nos encontramos con una alineación más joven pero no menos trabajadora, que ha conducido el municipio Iribarren al punto de convertirlo en referencia de activismo nacional en medio de la adversidad: Luis Sequera, Natalia Reverón, Angel Batista, Carlos Maramara, Alvin Ortega, María Andrea Escalona, Andrés Escala, Anna Argentino, Alberto Cárdenas, Jesús Ríos, Caleb Pineda, Juan Carlos Peraza, Jonny Hernandez, Ibrahim Querales, Tania Casanova y muchos más liderazgos locales que acompañan a diario a los barquisimetanos en su lucha.

A final de cuentas la lista se engrosa cada día más porque hemos mantenido la conexión con la gente y porque hemos avanzado con sinceridad y desprendimiento en el proyecto nacional que acompañamos con humildad.

A mi equipo, a mi partido y a mis compañeros, agradezco infinitamente por seguir siendo la luz que brilla en medio de la oscuridad, indicando el camino a seguir y dejando saber a los venezolanos que no están solos, que Primero Justicia camina con ellos.

¡Yo soy justiciero!

Miguel A. Peña N.

@MiguelPenaPJ

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