#COLUMNA El rincón de los miércoles #4Sep

Luis Rodríguez Moreno | Foto: Archivo IMP |
PANORAMICA DE BARQUISIMETO DESDE EL PARQUE EL CARDENALITO CUATRO FECHA 12/09/2006 FOTO JUAN CARLOS PEREZ ROMANO DIA DE BARQUISIMETO CREPUSCULO 14/09/2006 PAG A1

Largas las vacaciones de esta columna cincuentenaria. Era necesario no solamente para el autor sino también para el fiel lector, que nos ha acompañado tanto tiempo. Bienvenido entonces a los nuevos visitantes y los saludos cordiales a los habituales.

Barquisimeto, como ya saben, es mi ciudad natal donde hemos pasado la mayor parte de nuestra vida. La amamos como se ama a una mujer, con deleite, admiración y profundidad, por eso nos duele cuando comprobamos su permanente y progresivo deterioro. Ya dejó de ser la ciudad del futuro, capital del desarrollo, como una vez la bautizaron. Su musicalidad fue silenciándose lentamente y la vida citadina ya no forma parte del carácter de la gente. Siempre creímos en el futuro de la capital larense por muchas razones, una de las cuales era el acelerado crecimiento poblacional y el incremento de la  actividad comercial, elemento importante en su desarrollo socio económico. El barquisimetano, por otra parte, le gustaba involucrarse en los programas y proyectos necesarios para hacerle frente a los retos de un siglo XX. Hombres y mujeres de indudable vocación de servicio público unieron esfuerzos para aportar ideas y recursos apoyados por un estado promotor al que le importaba mucho la calidad de vida de los ciudadanos.

II

Las instituciones cumplieron en la mitad del siglo sus propósitos desarrollistas. Una cámara de comercio preocupada por los intereses de sus asociados entendía perfectamente la vocación natural de la ciudad, mientras la municipalidad ofrecía beneficios impositivos a las industrias para su instalación. Personajes como don Luis Gallardo, Raúl Azparren, entre otros, eran los motores de una revolución silenciosa para hacer de Barquisimeto la gran ciudad que siempre soñaron. Por otra parte, la llegada de la universidad, el Instituto Politécnico y el Pedagógico se encargaban de formar a los profesionales del futuro con alumnos y profesores en una conjunción de buenos propósitos. La dinámica de la ciudad crepuscular ofrecía una perspectiva favorable para los inversionistas y los gobernantes, entre ellos Miguel Romero Antoni y Omar Montero, presidiendo la municipalidad – dos personajes de diferentes tendencias políticas, dejaron atrás sus intereses políticos y trabajaron, cada uno en diferentes momentos, para mantener el ritmo de crecimiento de la Nueva Segovia de Barquisimeto.

III

 Bastaron menos de 20 años para que los sueños de los larenses  se desvaneciera. La nueva dirigencia política, alimentada por doctrinas extrañas a la idiosincrasia del venezolano, llegaba a torcer el rumbo de un camino bien trazado. La democracia, imperfecta como tal, permitió la explosión de un movimiento de raíz socialista, inspirada en la revolución de Fidel Castro, para desmantelar todo lo construido en casi un siglo so pretexto de un movimiento social destinado a crear una nueva sociedad. Barquisimeto, al igual que otras capitales venezolanas sintieron el paso del huracán revolucionario. Hoy no queda mucho que salvar de sus coletazos. Miles de personas dejaron los municipios foráneos para venirse a la ciudad en la búsqueda de una alternativa para sus tristes vidas. Al igual que ocurre en países hermanos de nuestra América, el éxodo humano ha creado una región empobrecida hasta de esperanzas. Seres humanos deambulantes, intentando sobrevivir a una catástrofe sin precedentes en la historia de nuestros pueblos.

IV

La belleza de la ciudad fundada por el capitán Juan de Villegas se ha marchitado ante la mirada incrédula de quienes la conocieron muchos años antes del ciclón político de comienzos de siglo. Sus calles y avenidas parecen haber sido víctimas de un incesante bombardeo.  En cada una de ellas destacan viviendas en estado ruinoso, invadidas por grupos de familias desamparadas que desafían  peligros de mortales derrumbes y huérfanas de la atención de un estado derrochador, insensible al dolor humano.

Luis Rodríguez Moreno

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