Andrés María Verde, un intelectual que fomentó la educación en Los Rastrojos #9Nov

Luis Alberto Perozo Pádua | Foto: Cortesía |

Un hombre camina amparado por las pálidas luces de los pocos candiles que hay apostados en la calle Real del pueblito de Los Rastrojos, a nueve kilómetros de Cabudare.

Su sombra es más grande que él. Lo acompañan el silbido del viento, el grillar ensordecedor de un centenar de grillos y sus pensamientos.
Son las siete de la noche. Ya es tarde para aquella sociedad de finales del siglo XIX. El hombre misterioso acelera el paso y atraviesa la plazoleta del templo matriz.

Dos campanadas le advierten que el pueblo se apresta a descansar, pero para él, la noche recién comienza. Ya en su casa, sentado en un corredor con vista al jardín central, el maestro Andrés María Verde, se dispone a proseguir su trabajo artesanal, ese que utilizaba en sus clases para
estimular la creatividad de los niños, un novedoso método –muy criticado por las santurronas de aquellos remotos años-, pero que según la experiencia del maestro, era impactante.

Silva Uzcátegui afirma, que Andrés María Verde construía “sólidos geométricos de cartón y salía con sus alumnos en excursiones por el campo, para hablarles de las plantas, los animales, los minerales, etc”, agregando que el maestro se adelantó a los métodos de enseñanza de su tiempo, empleando en su escuela el sistema objetivo que muchas décadas después, se decretó para su uso.

“Tomaba por ejemplo, un vaso de agua y esparcía ésta por el suelo, para que con la mancha que se formaba, dar una lección objetiva de geografía, indicando a sus alumnos, cuáles eran las islas, las penínsulas, los cabos, etc”.

Vocación por más de tres décadas

La profesora Yolanda Aris, cronista oficial del municipio Palavecino, encontró reveladores datos en donde se topa con el maestro que nos ocupa, apuntando que en 1882, la Memoria del Ministerio de Instrucción Pública, (ente creado en 1881), especifica que en Cabudare las escuelas eran atendidas por los maestros Juan Vicente González y Mercedes de Meleán; en Los Rastrojos por, Andrés María Verde y Petrona V. Orozco; en Sarare por, Guadalupe de J. Peña y Concepción S. de Blasco; en Buría por Nicolás Quintero; en El Altar por José L. Arana; y en Carauya por Antonio María Peraza.

Once años más tarde (1893) la Memoria del Ministerio de Instrucción Pública menciona 4 escuelas en Cabudare, atendidas por Carlos Guevara, Clodomiro Ojeda, Mercedes de Meleán y Ana M. Parra; en Los Rastrojos Andrés María Verde y Petra de Aular; y en Sarare Nicolás Quintero y Petra M. de Orozco.

De acuerdo a la memoria que presenta el Ministro de Instrucción Pública al Congreso en 1896, funcionaban en el estado Lara 47 escuelas federales, (conocidas hoy como nacionales), de las cuales 8 estaban ubicadas en el espacio político territorial que nos ocupa, distribuidas así: dos de varones en Cabudare regentadas por Isaac Rojas y Jacobo Acuña y una de hembras a cargo de Mercedes de Meleán; en Los Rastrojos funcionaba una de varones a cargo de Andrés María Verde; En Sarare están Guadalupe Peña y Petrona de Orozco; en La Miel, Francisco Ramírez y en La Montaña una de varones cuyo preceptor era Francisco Vásquez. Para 1897, la escuela de La Montaña había desaparecido y en Cabudare Ramón Suárez sustituía a Isaac Rojas.

En 1898, este mismo organismo da cuenta sobre los centros de enseñanza en Cabudare, imprimiendo que en Cabudare funcionaban 3 escuelas atendidas por Ramón Suárez, Jacobo Acuña y Mercedes de Meleán; en Los Rastrojos Andrés María Verde atendía una escuela; en Sarare continuaban Guadalupe Peña y Petrona de Orozco; en La Miel la dirigían Francisco Ramírez y la escuela de La Montaña era regentada por Alquímides Teoboldo Sánchez.

Y las pesquisas arrojaron que Andrés María Verde, atesoró una trayectoria vocacional como maestro durante 30 años en Los Rastrojos, pero también como consejero del gobierno municipal y local, actividad por la cual siempre se negó a recibir alguna contribución económica. Y no hubo quien no lo exhortara a aventurarse a algún cargo de elección pública, debido a su capacidad intelectual y su conocimiento general de los problemas que aquejaban a la población, postulación que rebatió aceptar en todo momento.

Había nacido en Carora, pero se trasladó a El Tocuyo para ingresar al Colegio La Concordia de don Egidio Montesinos, en donde adquirió conocimientos en Filosofía y Leyes, a pesar de no terminar el curso, datos que no hemos podido precisar.

Falleció en 1903. Un epitafio derruido en el Cementerio de Los Rastrojos, señala el lugar de su último descanso.

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