#OPINIÓN La invención de la incredulidad #11Nov

Marcantonio Faillace Carreño | Ilustración: Victoria Peña |

Dedicado a los agotados sin utilidades…

…Duro oficio el del inquisidor, tiene que golpear a

los más débiles, y cuando mayor es su debilidad…

Umberto Eco

Lo más extraño de todo era que estaba atado a mí mismo, y por mí mismo.

No podía desprenderme de mí, pero tampoco podía estar en mí. Si la espuela me azuzaba…

y esa inmovilidad hiriente de movimientos y retrocesos, yo era la cuerda y la roca, el látigo y la rienda…

Octavio Paz

A veces, solo a veces, hay que tomarse una pausa. Una tregüita. Lo que diría el pitiyanqui, un break, pero no break dance. En eso andan los cristianos Ronaldo como yo, un agnóstico por tanta falsedad e inventos zurdos, y tanta apariencia impía por lo espurio gubernamental. Un descreído por tanto creyente pecador de los mandamientos que invocan con mala fe y solo sirven como tabla en la cabeza por tanto profano dándosela de párroco político y de cada capellán de cuartel dándoselas de sabelotodo, sin saber qué diantres es un carnal o un ciudadano de carne y hueso y como si fuera poco hay unos cuantos jerarcas de la nunciatura apostólica simbolizando a los diablos de la pederastia osea, fin de mundo, cuando el sacerdote es quien te baja el calzón. Uno es en medio de todo este desacato, una prosa para ser reescrita.Una frase pendiente. Una cifra con la grafía en desconcierto, queriendo ordenarse sin ser ordenado, pero siempre aspirando serlo, sabiéndolo o no, bajo el predominio natural del bien amado y mejor ganado, libre albedrío, también conocido como la libertad.

Entonces llegamos a la temperatura del temperamento. Al fogón del diablo. Al Peyton Place propio. Ese hueco de indecisiones donde reinan las dudas y el desconcierto, y con el agravante de que quien nos rige, es un tirano banderas, inmaduro, o Maduro-Inn. Eso es lo inaudito. Que sea el mono quien enseñe a pelar las bananas. Que haya sido el mico-mandante quien obró de caca ala pequeña Venecia, que hoy es por mucho otra cosa, otra roña, la dimensión desconocida o conocida por los monstruos de la disolución republicana y la anarquía social, y ni hablar de los bestias de la bestialidad económica súper-inflamada por los comunales que ni idea tienen para qué sirve el dinero y apuestan al trueque y al cambio de especias, y al cultivo escolar como subsidio al agro productivo. Hay que tener riñones en los restos de la cabeza y talento en las 27 arrugas de los esfínteres, con el perdón del amaestrado y del maestro de la necesidad o del taumaturgo de la resistencia.

Hemos perdido hasta el calificativo país, somos el ejemplo vivaz de un antipaís antipático para todo mundo. Si no, pregúntense más allá del picaporte de una doctrina demodé comunal. No tenemos un nombre que no signifique desgracia. Tampoco tenemos dinero. Menos una vida. Somos parias dentro de un territorio propio y apropiado por los bandos de la manipulación delincuencial en la casa del pez que escupe petróleo…

Pero de qué sirve la ilusión. Solo para fines del que tiene un plan que en nada es bueno y además que no nos incluye. Es un plan de divisiones dirigidas por un civil con alma de militar y de militares queriendo ser civiles ricos con dineros mal habidos. Todo una ilusión castrense, quienes a esta hora, su divisa son dólares, mas nunca el honor que divisaba antes la fuerza institucional y por ahora son fuego fatuo, amañado, peligroso, herido y capaz de lo que fuera necesario para mantenerse a tiro del poder, y a corta distancia de Miraflores y dentro de esa jungla delincuente sin perdón de dios ni ley que los someta.Toda una desgracia desgraciante…

A todas éstas, el ciudadano común, ha pasado de ser humano a estorbo, solo porque respira y come, y ello, para un país que no produce sino pobreza y miseria a propósito, es una complicación, una espina en el zapato, una piña debajo del brazo, un rollo que habría que resolver como sea, pero que no tiene sino una sola solución. La caída del sistema que aspira suicidio moral y económico del país de los libertadores americanos, pues éste continente,fue conquistado no descubierto (Gerhard Mansur dixit).

Será por eso que estos señores de la independencia moderna quién sabe de qué, pretendan consumar lo que excluyen a costa del que si conoce qué es lo que es y qué no, que entiendo, ellos son para el de a pie, el colmo de la incompetencia, y a decir la verdad, la culpa es del que se la cala, osea la vaca, y tanto menos del que nos las aplica, osea, el Chaplin colorado rojito.¿Quién no cuida lo que tiene a pedir se queda?… Ante una perogrullada de tal magnitud, más nos vale poner las barbas en remojo. Hoy di descanso a los Hechizos de Perla porque la gente cansada no puede ni soñar, ni siquiera tener un momento mágico para la paz. Esa que deja la mar de la imaginación que todos albergamos, aunque la mayoría no lo sepan, o terminen por olvidarse. Por eso la educación es tan extremosamente importante. Sobre todo la íntima, la del sentido común y la de la decencia en general ¿Quién no agradece un buenos días, o un gracias, o un te quiero?…¿Verdad mamá?…

Hace un par de años escribí un artículo…El aula…y la culpa es del botón. Creo, en él reposa la sentencia que debería ser leída y no porque uno la haya escrito. Hoy sé que uno no escribe nada. A uno se lo escribe la vida. Y uno lo que hace es transcribir con las manos y las letras, o con lo que pueda, lo que ella nos dicta en secreto al oído, e imagino que dirán que es la capacidad de asombro del niño donde reposa la magia de solaz personal e íntimo en la que reina la imaginación fértil y los ensueños reales, que al fin y al cabo, es la misma realidad quien nos imagina…Cito…La maestra siguió… ¡Tener culpa, pero no darse por enterado, puede ser mucho peor! La tarde afuera había perdido lustre matinal, tanto como el que jamás tuvo la educadora. El espacio del salón de escuela media, daba al bochorno del alumno su media dosis, una añadida medianía del saber. Allí, donde la esfera del deber es tan chica como el dios de la cordura, todos soñábamos como aprender, donde nunca aprendimos a soñar (El aula…¡Y la culpa es del botón! El Impulso 16/12/2017)…autor dixit…

Y adelante, como desenlace de lo anterior, culmino con éste collar de Perla como un Hechizo de pesadillas, como una agorera bola de cristal…La maestra despareció. No supo qué fue lo que enseñaba, ni nosotros lo que quiso decirnos. A la postre estamos satisfechos que al fin ya nunca más se enfadará con los que no le hicimos caso. El mundo no le dio bolas, a nosotros tampoco lo hará. No se puede enseñar lo que solo se puede aprender, George Bernard Shaw, dixit. Eso lo asimilé a la cañona, a la Jalisco, a la brava. Estamos ahora en un país, y continúa peor, donde nadie aprende otra cosa que a no creer y con un régimen que solo explica lo que no conviene aprender. Solo los bizarros nos desabrochamos de los que quieren hacer del país un atajo de descamisados que no puedan desabotonarse la muestra roja rojita. El aula vive en cada uno pero el saber está en la calle, en el hambre, es la necesidad, que supremamente, es la madre, la llave maestra de todas las ciencias.

Con esa esquela dejo a reflexión antes de continuar mis Hechizos de Perla P-VI que parece me tiene más entusiasmado a mí que al ñero y a los fingidos amigos a quienes se los dediqué. Pero sabemos que ésta es tierra, o hacienda de desalmados y desagradecidos, y la historia nos enseña con creces y cruelmente que nadie es profeta en su propia tierra, toda una historia de pena ajena. Bienvenidos al club de los inventores de la incredulidad crecientefirma, el incrédulo mayor

Marcantonio Faillace Carreño

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