#OPINIÓN Navidad y Premio Nobel #26Nov

William Amaro Gutiérrez | Ilustración: Victoria Peña |

Quizás las nuevas generaciones, gracias al impacto psicológico y mental que en estos 20 años ha producido este sistema de gobierno, ni siquiera sepan que es un Premio Nobel. Y menos aún, que le fue otorgado a un colombiano de excepción como es el escritor GABRIEL GARCÍA MARQUEZ. Sin embargo, para nosotros, quienes exaltamos el Nombre de DIOS en estas navidades. Y para beneficio cultural y espiritual de nuestros amados lectores, nos es propicio traer su opinión acerca de estas festividades decembrinas. Todo, en función de sensibilizarnos y poder valorar el verdadero sentido de la navidad. Podamos considerar en nuestras vidas al hacedor, al creador, a quien murió por ti y por mí en la cruz del calvario para perdón de nuestros pecados. A nuestro Señor Jesucristo, objeto principal de la Navidad, por cuanto ÉL es la Navidad.

“Ya nadie se acuerda de Dios en Navidad. Hay tanto estruendo de cornetas y fuegos de artificio, tantas guirnaldas de focos de colores, tantos pavos inocentes degollados y tantas angustias de dinero para quedar bien por encima de nuestros recursos reales que uno se pregunta si a alguien le queda un instante para darse cuenta de que semejante despelote es para celebrar el cumpleaños de un niño que nació hace 2.000 años en una caballeriza de miseria, a poca distancia de donde había nacido, unos mil años antes, el rey David. 954 millones de cristianos creen que ese niño era Dios encarnado, pero muchos lo celebran como si en realidad no lo creyeran. Lo celebran además muchos millones que no lo han creído nunca, pero les gusta la parranda, y muchos otros que estarían dispuestos a voltear el mundo al revés para que nadie lo siguiera creyendo. Sería interesante averiguar cuántos de ellos creen también en el fondo de su alma que la Navidad de ahora es una fiesta abominable, y no se atreven a decirlo por un prejuicio que ya no es religioso sino social” NAVIDADES SINIESTRAS. Gabriel García Márquez.

Debo aclarar, que no se las motivaciones que tuvo este afamado escritor latinoamericano al escribir esta reflexión tan veraz. Si era cristiano o no. Si creía o no en Dios. O si realmente se preocupaba por la vida espiritual de la humanidad. Pero si puedo poner en alta consideración esta pieza literaria del Gabo, en lo particular, me tiene prendado por completo. Por lo entera y radical que se torna al valorarla en el marco de nuestras creencias cristianas. Es lo que ella significa para mí. No lo que significó para este maravilloso escritor colombiano, hijo de las letras del mundo, cuando la escribió.

A mi parecer, esta pieza de fina escritura literaria nos lleva donde Dios quiere llevarnos. A la consideración de las cosas trascendentes que realmente tienen trascendencia. Al conocimiento verdadero del Dios verdadero. A encontrar un camino, que a medida que pasa el tiempo, el enemigo de Dios lo hace más difícil para que la humanidad no lo encuentre, se distraiga en filosofías humanistas y se pierda irremediablemente.

Debo decirles con toda sinceridad que en este escrito noto como su verbo, a pesar de ser frontal y feroz, no percibo ferocidad en él, sino más bien un llamado. Un clamor y una súplica para que el hombre cambie y tome el camino que debe ser. Que llene su corazón de la esencia de una verdadera Navidad. Que rompa esos patrones mercantilistas, individualistas, materialistas e hipócritas y se incline de manera sincera hacia lo que es la Navidad que es Cristo Jesús y su EVANGELIO.

Hasta la semana que viene por la WEB Dios mediante.

William Amaro Gutiérrez

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