#OPINIÓN Del Guaire al Turbio: Sillares #27Nov

Alicia Álamo Bartolomé | Ilustración: Victoria Peña |

Me llaman la atención dos puntos de Camino, el conocido libro de san Josemaría Escrivá, por sus breves palabras y su mucho contenido:

Sé recio. –Sé viril. -Sé hombre. –Y después… sé ángel. (22)

¿Qué… no puedes hacer más? -¿No será que… no puedes hacer menos?

(23)

El primero es casi una conminación a formarse el carácter, la personalidad, como previo paso antes de aventurarse a buscar caminos espirituales. Hay que tener una base humana, formada y fuerte antes de lanzarse a metas más altas. Es importante desde la infancia hasta la edad adulta que la persona vaya adquiriendo conocimientos y virtudes en el orden civil, así actuará con firmeza y decisión como ciudadano por tener una sólida voluntad. La educación, del jardín de infancia a la universidad, no puede ser sólo un aprendizaje de gramática y ciencias sino de virtudes humanas que garanticen la conducta correcta y participativa del individuo en la sociedad. Esta educación es el sillar donde se asienta segura la construcción particular de una vocación para realizarse en la vida de acuerdo a ambiciones e ideales legítimos. Todo individuo tiene el derecho y el deber de tener una misión y estar preparado para cumplirla.

La segunda cita, del punto 22, es un llamado directo a los evasivos. Es muy corriente la tendencia del hombre actual a escurrir el bulto, a encontrar pretextos y razones desrazonadas para no actuar, para dejar a otros las responsabilidades y limitarse a la crítica. Es un mal mundial y nacional. Se nos llena el tiempo con nuestros mis y no nos queda para los tus. Y en los tus está el prójimo mientras nosotros componemos e interpretamos nuestra gran Sinfonía en Mi Mayor. Mi vida, mis afanes, mis problemas, mi trabajo, mi descanso, mi diversión, mis gustos, mis pantuflas… y no podemos hacer
más por el otro, ni por la familia, la comunidad, la patria, el mundo. No, sólo podemos hacer menos y cuidado si nada. El yo es centrípeto, su consecuencia es el egoísmo. La caridad es centrífuga y desemboca en la fraternidad, la misericordia, la cooperación.

Comprendo que a los venezolanos de hoy nos invada un sentimiento de desesperada impotencia. El horizonte parece cerrado porque la lucha no es la de David contra un simple Goliat, sino contra uno blindado por la enorme fuerza económica del narcotráfico que ha penetrado quizás todos los niveles de mando. El diabólico poder del dinero mal habido gobierna el mundo.

Sin embargo no podemos renunciar a la lucha y apagar las luces de la esperanza. Tenemos la ineludible responsabilidad ante las generaciones siguientes de no dejar que se vuelva pavesas el ansia de libertad, sino mantener viva aunque sea una débil llamita que en algún momento pueda provocar un incendio. Resignarse es el más negativo de los verbos a conjugar. Es el verbo de los cobardes. Si los de hoy no podemos alcanzar victorias, ya vendrán otros que las alcanzarán, pero nuestra resistencia está elaborando los solidos cimientos del futuro. No brillaremos en la superficie como los héroes constructores de una nueva y depurada democracia garante de la justicia, la libertad y la paz. No. Con nuestro tesón escondido hecho de fe, oración, sacrificio y ayudas ignoradas para que no desfallezcan otros, seremos los sillares de una espléndida nación.

Alicia Álamo Bartolomé

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