#OPINIÓN Cronicario: Prohibir el café pidieron al papa Clemente VIII, lo probó y cautivado lo bautizó #13Dic

Juan José Peralta | Foto: Cortesía |

Gracias a los mercaderes venecianos alrededor de 1600 por el mar Mediterráneo el café llegó a Europa. Entró por Italia y algunos sacerdotes católicos lo llamaron una amarga invención de Satanás, pues lo veían como un posible sustituto del vino, santificado y consagrado por Cristo.

Según el libro Coffee, se aconsejó al papa Clemente VIII prohibir el café, por representar una amenaza de los infieles. Lo probó y quedó cautivado. Para resolver el dilema religioso lo bautizó y declaró que dejar sólo a sus infieles el placer de esta bebida sería una lástima.

El café fue bien recibido por los monjes por lo mismo que los imanes: permite permanecer despierto durante mucho tiempo y despabilados para la oración, mantener el espíritu limpio.

Celosos de sus plantas de café arábica, los musulmanes negaron su exportación. Era prohibido por el sultán Otomano dar plantas o semillas de café a las flotas europeas, pero en 1650 el peregrino musulmán, Baba Budan llegó a coger siete plantas que plantó en la ciudad Mysore, de la India, cuyas descendientes todavía subsisten.

En el sur y oeste de Europa se observó mayor tolerancia a la nueva bebida. En la década de 1650 comenzó a ser importado en Inglaterra y la primera cafetería se abrió en Londres en 1652. Estos sitios se convirtieron en lugares donde nacieron las ideas liberales por la visita frecuente de filósofos y letrados.

En 1676, esta agitación incitó al fiscal del rey Carlos II pedir el cierre de las cafeterías, citando ofensas contra el soberano y el reino. Las reacciones fueron tales que el edicto dicto debió revocarse. Los flujos de ideas alimentadas por el café modificaron profundamente al Reino Unido.

La famosa compañía de seguros Lloyd’s de Londres fue
en su origen una cafetería, fundada en 1688. Hoy existe como gran compañía mundial de seguros. Según un registro del año 1700, había más de dos mil cafeterías en el reino.

En 1672 se abrió el primer café público de París y en 1686 abrió el Procope con una nueva forma de prepararlo: haciendo pasar agua caliente a través de un filtro con café molido.

Procope todavía existe y allí se reunieron intelectuales y políticos, desde los enciclopedistas Voltaire, Diderot y Rousseau, hasta los redactores de la declaración de los Derechos Universales del Hombre. En 1670 se abrió la primera cafetería en Berlín y a fines del siglo XVI Estambul era famosa por sus 600 cafés.

La historia de las célebres cafeterías de Viena se inició con la batalla de 1683. Enterado del movimiento de las tropas turcas que asediaban a la ciudad por las beligerantes relaciones, un panadero de apellido Kolschitzky avisó al duque de Lorena, quien fue a ayudar al rey de Austria y entre ambos derrotaron la invasión. Como recompensa, Kolschitzky pidió todo el café de los invasores y fundó el primer café público.

Al principio Kolschitzky no tuvo mucho éxito porque la borra en el fondo de la taza no gustaba a los vieneses. Dicen que fue él quien inventó el café filtrado que causó furor en la capital del imperio austrohúngaro. A mediados del siglo XVIII todas las ciudades europeas tenían cafeterías.

Johann Sebastian Bach, en 1734 compuso su célebre Cantata del café, en una de cuyas escenas una chica le pide a su padre si la castiga, no le prohíba el café y dice que si se casa, su marido deberá permitirle beberlo. Zimmermann fue la célebre cafetería donde se estrenaron muchas cantatas profanas e instrumentales de Bach.

En Rusia el café estuvo prohibido con penas incluso de tortura y mutilación. Y cuando la policía zarista encontraba a alguien presa de una crisis nerviosa, se lo atribuía al café.

En España, a fines del siglo XIX y principios del XX, los intelectuales también comenzaron a reunirse en cafeterías. Uno de los primeros se abrió en Madrid fue el Café Pombo en la calle de Carretas, , cercano a la Puerta del Sol, donde nació la tradición de las tertulias literarias, taurinas y del “café, copa y puro”. Un tiempo después abrió sus puertas el Café Gijón, de referencia inigualable en el mundo político, social y cultural de la capital de España por décadas, café Novelty, en Salamanca en 1905, Café de Fornos, en Madrid en 1907, entre otros.

En Barcelona Els Quatre Gats (El Cuatro Gatos) frecuentado por Pablo Picasso, fue centro de reunión del movimiento modernista catalán.

Los cafés se convirtieron en centros de comunicación oral, tan concurridos como las tabernas y los baños públicos. La variedad de cafeterías acogía a diferentes tipos de clientes con distintos temas de conversación y se crearon comunidades de diversas tendencias dentro de una misma disciplina.

Se formaron comunidades o grupos de científicos, políticos, músicos, empresarios, artesanos, poetas, escritores y hasta conspiradores. Por eso eran vigilados por los gobiernos con sus espías.

La amplia cultura unida al hábito de tomar café y su aspecto social perpetuará sin duda a las cafeterías como uno de los puntos de gravedad de la vida y escenarios de muchos acontecimientos de nuestra historia.

En 1689 el café cruzó el Atlántico con la primera cafetería en Boston. La bebida ganó popularidad y obtuvo rango nacional después que los rebeldes lanzaron al mar el té, molestos por los elevados impuestos por la corona británica. El motín del té fue planificado en la cafetería Dragón Verde donde en 1776, Thomas Jefferson, John Adams y Benjamín Franklin leyeron por primera vez la famosa Declaración de Independencia de los Estados Unidos.

El café alcanzó completa aceptabilidad social en el siglo XVIII, los grandes cultivos se desplazaron a Ceilán e Indonesia consolidándose después en América del Sur. De 1706 a 1713 a los Países Bajos enviaron varias plantas, unas sembradas en el Hortus Botanicus, uno de los jardines botánicos más antiguos de Europa y al año siguiente una delegación de Ámsterdam visitó al rey Louis XIV de Francia y le regaló una planta de café que sembrada en su jardín real en París bien cuidada por el jardinero produjo semillas.

Gabriel Mathieu de Clieu, oficial naval francés de Martinica, vio allá condiciones ideales para el café y pidió al rey unas estacas de la planta negadas por el soberano por lo cual el marino robó algunos cortes de café y viajó a Martinica. El barco tuvo duras condiciones en la travesía, incluido un ataque pirata pero llegó y tres años más tarde nació la primera cosecha que siguió rumbo a Haití, Guadalupe y Guayana Francesa.

Portugal tenía conflicto por la frontera de Brasil con las Guayanas holandesa y francesa y el coronel portugués De Melo Palheta fue enviado de mediador y se antojó de tomar una planta de café pero las plantaciones estaban bajo estricto control.

El militar sedujo a la esposa del gobernador francés y la historia romántica dice que la dama dio al coronel portugués en la despedida un ramo de flores donde estaban escondidas las plantas. Esta misión terminó con el mayor imperio del café en el mundo, principal producto de exportación de Brasil.

Por varias décadas en los siglos XIX y XX Brasil tuvo el virtual monopolio hasta que los altos precios abrieron oportunidad a productores como Colombia, Costa Rica, Guatemala, Honduras, Indonesia, México, Perú y Venezuela. El café llegó a Colombia llegó desde las Antillas francesas.

En 1784 los misioneros capuchinos trajeron desde Brasil las primeras semillas de café a Venezuela, como lo contó el padre jesuita Gumilla en su obra El Orinoco ilustrado y defendido. Historia natural, civil y geográfica de este gran río.

Juan José Peralta

PUBLICIDAD

Comentarios

Comentarios