116 AÑOS RESISTIENDO LA CENSURA

Alfredo Álvarez | Archivo IMP |

EL IMPULSO cumple este 1ero de enero 116 años al servicio de los larenses. Más de un siglo siendo referencia del periodismo que defiende los valores democráticos, la voz de las comunidades y gremios que hacen vida en centroccidente.

A propósito de nuestro aniversario, les presentamos un ensayo realizado por el periodista, Alfredo Álvarez, quien formó parte de esta casa editorial. En este trabajo, Álvarez nos plantea cómo la historia del diario EL IMPULSO se enlaza con los hechos más impactantes del acontecer nacional y regional.  Este ensayo fue redactado para el aniversario número 100 del Decano de la Prensa Nacional.

Mucha paciencia demostró tener Federico Carmona al iniciar la ruta que le  conduciría a fundar un diario en un pueblo perdido de Lara  iniciándose el siglo 20. El país y la vialidad eran caóticos. Movilizarse entre Barquisimeto y Carora se convertía en una proeza de mucho esfuerzo y varios días. A mediados de 1880 había importado por la Vela de Coro una prensa Washington. A lomo de bestia la trasladó hasta Carora y debieron transcurrir por lo menos 16 años y cerca de 300 kilómetros para ver colmada la ambición de  ver editado un periódico para la ilustración e información para sus coterráneos.

El vespertino no vería la luz hasta Enero de 1904, ocasión en la que entonces no más de 10 por ciento de la población sabía leer y escribir. El proceso de consolidación de la república apenas se dibujaba con el singular gobierno de Cipriano Castro. Con el apoyo de tres operarios podía editar hasta 60 ejemplares por hora en un formato de dos hojas sueltas de 22 por 33 centímetros. A decir de Chío Zubillaga, con la aparición de “El Impulso” se inicia un asertivo proceso de alfabetización que dignificó  por lo menos 6 generaciones de Larenses. Hoy el diario cumple 100 años y se cuentan no pocas historias de colisión con el poder establecido en Miraflores.

Atrás quedaba el rastro de un sinfín de guerras civiles y las aventuras de múltiples caudillos que poblaron el siglo XIX. La aventura de Federico Carmona  se soportó en la experiencia previa de su trabajo como tipógrafo y el apoyo de sus hermanos Pedro Francisco y Jesús Maria. En ese mismo año se instaura el divorcio en el país y se reforma la ley de minas. Una nueva revolución, de las múltiples que se han generado en ese siglo, demanda su espacio en la historia nacional: La Revolución Restauradora y con ella llegan los Andinos al poder.

Se produce en ese mismo año el Bloqueo a las costas de Venezuela por parte de las armadas de Alemania, Italia e Inglaterra para culminar en los protocolos de Washington con la mediación del presidente Teodoro Roosevelt. Se producen expropiaciones y liquidaciones de varias empresas extranjeras, como las del cable francés y la de ferrocarriles alemanes. A nivel mundial se respira el gran momento de la expansión colonial y la lucha de poderes por el control de mundo entre las potencias de Europa y los Estados Unidos. El país es apenas uno de los múltiples escenarios  donde el poder escenifica su trama por el control absoluto.

Entre 1900 y 1909 se fundarían en todo el país por lo menos 73 publicaciones periódicas de diferente corte y ambición. En su mayoría se definen como diarios de intereses generales, universo dentro del cual  “El Impulso” era apenas una de las múltiples iniciativas editoriales. En el estado Lara debe reconocerse la gestación de por lo menos quince iniciativas periodísticas en ese mismo lapso. Antes en 1900, había circulado La Restauración  y una año después La Prensa ambos de Manuel A Meléndez. Sonoros nombres como “La Voz de Lara”, “El Larense”, “El Monitor”, “La Unión”, se aprecian en el registro de la prensa del siglo XX realizado por el periodista Eleazar Díaz Rangel en una  publicación para la Fundación Neumann.

Aparejado a ese sentimiento de civilidad -apenas naciente- surgen en los años posteriores nuevas publicaciones, muchas de ellas concebidas para adular y felicitar al gobierno de turno. Se convierte en práctica habitual del gobernante fundar diarios que le permitan soportar la crítica feroz de la oposición y la disidencia, escribiendo ellos mismos lo que esperan que otros digan de su persona y de su gestión. Los áulicos del gobierno crean la doctrina Castro, una especie de evangelio que formula una liturgia de los países  pobres en procura de un nuevo orden internacional. Este por lo visto es un signo recurrente en no pocos políticos maníacos, convencidos de ser depositarios de un destino sublimado y cursi. En muchas de sus expresiones la historia nacional es recurrente, y no son pocos, los supuestos herederos de la causa de Bolívar

Los diarios de mayor circulación para ese entonces se subordinan a la tarea de cantar  las proezas del líder. No estamos en presencia de una prensa que informe en detalle el suceso o acontecimiento cotidiano como es habitual hoy día. Una noticia como la muerte de Joaquín Crespo es publicada  como un “refrito” dos meses después de acontecida. En su resguardo, la prensa de la época prefiere optar por las editoriales  como un recurso de autonomía ante el poder avasallante del gobierno, pero no por eso se libra de la cárcel, las multas o el exilio. No son buenos tiempos para el periodismo.

Las acciones de la administración de Cipriano Castro contra el cable Francés privaron a los diarios de la época de un recurso que les permitiría abundar en noticias del extranjero  y así estirar la arruga del compromiso informativo. La persecución barre con la prensa crítica e independiente. El gobierno edita El Constitucional una verdadera cátedra del envilecimiento intelectual, según sentencia Delfín Aguilera, periodista preso en la Rotunda a mediados de 1904. A esta particular manera de adular se le llamó “Gumersindismo” una especie de literatura política subterránea y servil.

Ay compadre

Castro contaba con el apoyo de un inefable servidor. Juan Vicente Gómez ocupaba  una de las dos vicepresidencias del país desde el inicio de la Revolución Restauradora. Le acompañó en todas las proezas que significaron la gran marcha desde el Táchira sobre Caracas. Apaciguó las montoneras y venció a los enemigos internos en campañas militares rápidas y eficaces. A todo lo largo y ancho del país Gómez controlaba el estamento militar mientras  a Castro lo diluía la corrosiva adulancia del Grupo Valencia. Transcurridos algunos años el estado físico del presidente Cipriano Castro se transformó en un problema de estado y en la gran oportunidad, para Juan Vicente Gómez.

La prensa apenas informaba sobre el estado de salud del presidente Castro, severamente minado por una afección renal posiblemente producto de los excesos. Una carta del Jefe de Estado – que la prensa oficial difundió con detalles – explicaba el motivo de su viaje y el requerimiento de apoyo  para Gómez durante su ausencia.  El 13 de diciembre de 1908 una marcha en apariencia contra el gobierno de Holanda degeneró en desórdenes callejeros con saldo de muertos y heridos. “El Constitucional” fue saqueado por la turba y los gritos en apoyo a Gómez sellaron un nuevo capítulo de la historia nacional.

El resto es historia conocida. El leal compadre impediría el retorno de Castro al país  obligándolo a morir en el exilio. Se alzaría con el poder por espacio de 27 años dando inicio al proceso de fundación del moderno estado venezolano. Crea el ejército, liquida a los viejos caudillos y se da paso a modernas instituciones bajo la mirada atenta de un líder omnímodo que no permite más espacio que la sumisión incondicional. Se inicia la más larga dictadura padecida por Venezuela en toda su historia, se secuestran las libertades públicas, y se instaura un régimen de terror.

En el lapso comprendido entre 1910 y 1919 se fundan en el país 37 publicaciones periódicas, nueve de ellas en el estado Lara. El Impulso se muda a Barquisimeto en una jornada de varios días y mucho esfuerzo. Pernoctan en Quíbor en una travesía que hoy  no tomaría más de una hora realizarla. El diario se ubica en la calle Juárez número 25, adornando la entrada una maqueta de un Biplano, icono durante muchos años del diario, realizada por Luis Affigne y José Augusto Marín.

En sus inicios, JV Gómez permite que el periodismo se ejerza con cierta libertad. Hay flexibilidad por parte del gobierno frente a las tímidas críticas  formuladas por la  disidencia. Aparecen nuevos y antiguos diarios acá en Barquisimeto, entre ellos El Monitor de Marco Aurelio Rojas y Chío Zubillaga. “El Heraldo” de Manuel  Liscano y José Giménez Ocanto. Por supuesto que eso apenas es el frontis de una situación mucho más compleja.  José Rafael Pocaterra denuncia en su libro “Memorias de un Venezolano de la Decadencia” los atentados contra los periódicos y los periodistas. A medida que transcurre el tiempo, el poder político no deja mayores espacios a la libertad y la disidencia.

El conflicto entre el poder político y la prensa se evidencia en las notas críticas  que se publican en esa época. Se cita el caso de  la absolución de Juancho Gómez inculpado en flagrancia, por el asesinato del gobernador de Caracas Luis Mata Illas. Se reedita la experiencia de la prensa al servicio del régimen y nuevos episodios de intolerancia deberán presenciar los venezolanos de la época. Al culminar su período en Abril de 1914 se hablaba de la sustitución del jefe de gobierno por otro mandatario como era previsible.

Chito, de eso nada

Rafael Arévalo González, escribe  en “El Pregonero” lo conveniente de la candidatura del abogado Félix Montes para sustituir el Benemérito en la primera magistratura. Su ingenua actitud le facilita una estancia en la Rotunda por espacio de 9 años. En los días posteriores al “incidente” ningún diario de la capital informa sobre el hecho. Mientras tanto Gómez se ocupa de combatir a sus enemigos, quienes en nombre de Castro pretenden invadir el país. En Maracay se habían concentrado 6.000 efectivos militares los cuales son comandados directamente por el presidente en ejercicio. La censura era total.

Oportunamente JVG señalaba la inconveniencia de realizar elecciones mientras el país “se encontraba en guerra”. Aparecen por ese tiempo El Universal en Caracas, Panorama y la Columna en Maracaibo. La primera guerra mundial impone otras restricciones a la libertad de prensa. Primero el costo del papel “regula” las ediciones de la prensa  no afecta el régimen, y en segundo término es política oficial no cuestionar al desempeño del ejército Alemán, debido a la  gran admiración de Gómez por el Káiser.

Se registra un incidente con las legaciones de los países aliados al obstaculizarse su intención de crear un medio que divulgue noticias sobre el desarrollo de la guerra, en vista que en el país esa información no era adecuadamente difundida. Se suprime el diario El Avión por omitir la orden oficial, y se les amenaza con cárcel. Los diplomáticos  aliados insistieron en crear su propio medio, pero fueron presionados desde el alto gobierno, mediante medidas de obstaculización a todo nivel. Se exigió que el director fuera extranjero, el correo destruyó las remesas de periódicos, un redactor fue a dar con sus huesos a la cárcel y otro tomó la vía del exilio. Nuevamente la censura mostró sus dientes.

Para la época  se cuentan dos excepciones en lo que la calidad de su trabajo se refiere. Sin duda  alguna este ejemplo lo constatan “El Cojo Ilustrado” y “El Fonógrafo”. El primero de ellos desaparece en 1915 luego de ser editado durante 23 años, constituyendo a lo largo de su existencia un elemento modernizador del adocenado periodismo de la época. Supera notablemente a la prensa diaria, es ágil, inteligente en los temas que aborda y transforma en forma sustantiva los medios técnicos conocidos para la época. Un verdadero adelantado a su época.

La data de “El Fonógrafo” es de 1880. Fue fundado en Maracaibo por los hermanos Eduardo y Carlos López Bustamante, ambos, pagaron las consecuencias por una nota inserta en su edición capitalina que saludó la causa aliada. La reacción oficial no se hizo esperar. Los editores y el redactor Arturo Lares Echeverría fueron a dar con sus huesos  a la Rotunda y la cárcel de Maracaibo respectivamente. Las imprentas localizadas en  ambas ciudades fueron clausuradas, mientras los editores se vieron obligados, años después al ser liberados, a tomar la ruta del exilio.

En la navidad del 31 de diciembre 1921 se ordena la libertad de los periodistas detenidos desde 1913. Ven de nuevo la luz del día Arévalo González, José Rafael Pocaterra, Andrés Eloy Blanco entre otros. Un rosario de desventuras se abate sobre el periodismo venezolano. En ese piélago, las libertades individuales han sido sepultadas, algunas iniciativas como concursos literarios promovidos por la prensa no comprometida, permiten sobrevivir con algo de decoro. El país es una gran cárcel donde el silencio se impone al diálogo constructivo.

Cosas de estudiantes

La paciencia de Federico Carmona jamás se agotó en este periplo de 24 años. Transcurrido este tiempo el diario se había consolidado en la ciudad de Barquisimeto como un periódico de notable influencia en la colectividad regional.  El proyecto de editar “El Impulso” en una edición especial en la ciudad de Caracas se vio truncado con su muerte el 17 de Setiembre de 1928. Un año después su hijo, Juan Carmona, lograba poner en circulación 10.000 ejemplares en el ámbito capitalino con la edición simultánea del diario, experiencia que permanecería por espacio de cuatro años. Juan Vicente Gómez ordenó en 1933 el cierre de la edición capitalina, y el gobierno adquirió la prensa dúplex donde se  editaba. Con el poder hemos topado.

Al momento de la muerte de Federico Carmona en 1928, una generación de inquietos jóvenes, en su mayoría universitarios,  irrumpe en la escena política nacional. La excusa de unos juegos florales durante el carnaval les permite inscribirse en las sucesivas páginas de la historia. Su formación y  novedoso concepto de la política les permite hacerse de un espacio que sentaría las bases de la nueva sociedad Venezolana. Antes, como un premonitorio hecho – entre los años de 1923 y 1925- se  había constituido la Federación de Estudiantes de Venezuela.

Nos tocan los aires de la modernidad, el pensamiento democrático cala en el alma de los impetuosos jóvenes. Se concibe la libertad como una conquista política y no como una medida generosa de quien ejerce el poder. Se reconoce la existencia de la pluralidad como una condición  necesaria para la vida en sociedad, hasta ahora negada por el autoritarismo que gobierna al país desde la guerra de independencia. Una generación de venezolanos, formados y libres de la malaria, tocan las puertas de la historia.

En sus exigencias y visión del país, los jóvenes estudiantes se diferencian de los jefes de montoneras y los caudillos que  aún sobrevivían al siglo 18. Son reprimidos severamente y por lo menos 214 de ellos son detenidos y  algunos de ellos expulsados del país. Nombres como los de Jacinto Fombona Pachano, Raúl Leoni, Isaac Pardo. Miguel Otero Silva, Juan José Palacios, Elías Benaroch, Rómulo Betancourt y Jóvito Villalba exigían su lugar en la nueva escena política que estaba por venir. El desarrollo de los acontecimientos así lo confirma a lo largo de los próximos 50 años.

Libertades cívicas, derecho al sufragio, libertad de expresión eran los ítems de una protesta que luego cobraría cuerpo en programas tan densos como el Plan de Barranquilla, y la constitución de organizaciones políticas como  el  Partido Republicano Progresista, ORVE,  El PDN y posteriormente AD, URD, COPEI y el Partido Comunista de Venezuela. Una prensa clandestina da cuenta de estos hechos, burlando la censura de un régimen cuyos días comienzan a ser descontados.

Significativa  resulta  la fundación en 1926 de la primera emisora de radio del país bajo el patrocinio del presidente Juan Vicente Gómez. No solo poseían la  exclusividad para transmitir a través del aire sus emisiones, fundamentalmente música y noticias de contenido ligth, sino también el  monopolio para la venta de los aparatos receptores. El alma de algunos ciudadanos comenzaba a irritarse por estos excesos. Luego vendrían emisoras privadas como la Broadcasting Caracas de William H Phelps, la Radiodifusora Venezuela (1932) La Voz de Carabobo (1934) La Voz del Táchira (1935) Ondas Populares (1935) y Ecos del Zulia en 1936.

La libertad de expresión en este período fue relativa. Luego del año 1913 se hace más firme la decisión del gobierno en controlar la prensa. El gobierno por lo general halagaba o golpeaba, pero no había término medio en su particular concepto de dominación. Un dato interesante aportado por Yolanda Segnini en su libro “Las luces del Gomecismo” indica varios periodos de clasificación, conforme al número de diarios que circularon en cada uno de ellos. Entre 1909 y 1913, registra la aparición de  555 periódicos, unos 103 diarios por cada año. El lapso de 1919 al 1925 indica 73 diarios, este número se reduce entre el 1926 y el año 1935 a la discreta cifra de 28 publicaciones periódicas.

Es fácil inferir, por el número de publicaciones y de cómo estas se reducen, que a medida que avanzó el período Gomecista, se radicalizó la presión contra la prensa libre y disidente. Cita igualmente que  durante todo el período del Gomecismo el Estado con mayor número de diarios fue Lara (142) seguido de Táchira y Falcón (94 respectivamente) Zulia (84) Carabobo y Mérida (79). En Caracas circularon 409 de un total registrado de  1.462 medios impresos. Este sin duda fue un período gris para la prensa con espíritu crítico. Sobrevivió con holgura  aquella laudatoria, sumisa y elogiosa.

Los nuevos aires

Un hecho singular marca la vida del periodismo Venezolano a partir de la muerte de Juan Vicente Gómez. Su Ministro de Guerra y Marina Eleazar López Contreras es designado presidente de la república y asume los destinos de la patria el 18 de Diciembre de 1935. En una de sus primeras decisiones convoca al Palacio de Miraflores –según cita Díaz Rangel- a los editores de los principales periódicos capitalinos. Muchos de ellos no conocían la sede del poder ejecutivo, mientras el resto acude temeroso de alguna represalia. Apenas había concluido la navidad y Enero comenzaba a descontar sus días.

Se suprime la propaganda comunista, constituyendo este posiblemente el más enconado propósito de su gobierno. Tampoco se permiten grupos de más tres personas en espacios públicos, así como las conferencias en teatros y clubes privados. Hay un control absoluto sobre todas las publicaciones y programas de radio, y para el día 12 de Febrero la censura es total. Las Federación Venezolana de Estudiantes protesta airadamente la medida, la cual es posteriormente derogada.

En su reunión con los editores López Contreras  había solicitado sus buenos oficios para orientar al pueblo instándolos “a presentar una buena conducta”. Este se había estrenado en la primera magistratura enfrentando fuertes disturbios en la ciudad capital y el interior del país. Un sentimiento claramente antigomecista movilizaba las protestas populares y “la de cierta inteligencia política”. Se reconoce su esfuerzo  de conciliación y entre sus múltiples legados, este posiblemente sea el más significativo.

Se instaura la concordia y el respeto entre quien ejerce el poder político y aquellos que conducen los medios de comunicación. Eventos de esta naturaleza se repetirán en cada circunstancia que un  Jefe de Estado se estrene en Miraflores. La radio obtiene un significativo desarrollo constituyéndose en medio ideal para la difusión de nuevas ideas. La inmediatez de su efecto y su virtual omnipresencia, facultan a la radio para ser el medio preferido de López Contreras para comunicarse con sus ciudadanos. No se hablaba en cadenas diarias y continuas; y era en verdad, una idea muy novedosa para la época.

La bucólica ciudad de Barquisimeto se ve influida por el fuerte movimiento político que recorre el país. Reinaldo Rojas, historiador y docente universitario, explica en su libro de “Variquicimeto a Barquisimeto” que para esa época sale al aire Radio Barquisimeto, se establece La Galletera El Ávila y la embotelladora Astor. El PCV inicia su activismo político con la edición de un manifiesto, se celebra el 1 de Mayo, siendo detenidos por tal actividad  Fulgencio Orellana, Felipe Meléndez y Pablo Linárez

Aún así se puede señalar que en este período se logra rescatar derechos fundamentales del ciudadano. Se rescata la libertad de informar y opinar, se aprecia el germen de una prensa crítica, permitiendo el desarrollo de  polémicas públicas sobre los más diversos temas de la vida nacional. A mediados de 1941 se totaliza en la prensa capitalina no menos de cuarenta editoriales en torno al tema de la sucesión presidencial. Algunos años antes, el periodista Rafael Arévalo González pagó con cárcel tal atrevimiento.

Era común en la prensa de entonces  apreciar un encendido debate en torno a la organización de nuevos partidos políticos, la vida sindical, el derecho a la huelga, la educación laica, la nacionalización del petróleo, el comunismo, la salud, la vialidad y la sanidad administrativa de los fondos públicos. De alguna manera el clima de opinión que se respiraba –aún con los rezagos del Gomecismo- era el preludio del camino  la modernidad, a decir de algunos historiadores. El siglo XX para Venezuela apenas había comenzado a la muerte de Gómez en 1936.

Para desgracia de todos en ese mismo año ya se había constituido una oficina de censura a consecuencia de los sucesos de Febrero. La presión popular y las movilizaciones de calle, novedoso recurso de participación política, son reseñadas sin mezquindad por la prensa. De esos sucesos se rescata la marcha de estudiantes presidida por el rector de la UCV Francisco Rísquez, y la actuación de un vehemente dirigente estudiantil llamado Jóvito Villalba.

El Poder de los medios

Consecuencia de la presión popular que coincidió con la actuación de los medios de la época, el presidente López deroga el decreto que restringía las libertades públicas, así como la censura a la prensa y la radio. Son recurrentes las figuras de políticos que ejercen el periodismo, o periodistas que se abocan a la actividad política con singular apego. En el Diario Ahora, colaboran Arturo Uslar Pietri, Rómulo Betancourt, Antonio Arraíz, Ramón Díaz Sánchez, Juan Oropeza y Luis Beltrán Prieto Figueroa  entre otros. La combinación de medios de comunicación y presión popular daba sus mejores frutos. Eventos de similar naturaleza, los conoceremos luego a través de sus múltiples reediciones.

El director de “El Diario Ahora” Luis  Barrios Cruz  explicaba tal coyuntura en los siguientes términos… “las duras circunstancias enseñaron a la gente a valerse del periodismo y al gobierno a soportar la prensa critica.”. Aún con todo, quienes han estudiado el período reconocen que las presiones contra medios y periódicos se mantienen. Multas, suspensiones, y prisión se suceden contra periodistas que abogan por mayores libertades. Fantoches hizo notables sus colectas públicas con las cuales honraba las multas que le eran impuestas por sus eventuales “transgresiones”.

En Agosto de 1936 se presenta un proyecto de ley de Prensa, que tras recibir duras críticas y objeciones es desestimado por el gobierno. Dos años más tarde un nuevo proyecto trata de regular la publicidad, idea a la cual se le descubre la clara intención de controlar el medio más que el mensaje que este emite. Al igual que la primera ley, no pasó gracias la decidida oposición de editores, periodistas y ciudadanos. Por lo visto la iniciativa, en verdad no es muy original que se diga.

Todas las medidas de control sobre los medios se traducen luego en la constitución de una Oficina Nacional de Prensa  dirigida por José Nucete Sardi. El Presidente López  Contreras prefiere la radio por encima de la prensa, mientras escribe  a mano sus propias editoriales, publicadas en el diario “Crítica”, órgano oficial de esta administración. Como bien se aprecia,  algunas ideas de control y presión sobre los medios, no son más que reediciones ya conocidas por nosotros. Refritos, decimos los periodistas.

El año cuarenta luce favorable al periodismo venezolano. El reporterismo es una actividad socialmente aceptada. El periodismo informativo se impone sobre el pesado estilo de opinión. Algunos diarios eliminan las editoriales de su primera página, para dar paso a las “vibrantes” notas informativas inspiradas en la pirámide invertida. Los periódicos de mayor circulación dan cabida a información dirigida especialmente a la mujer y al niño. Crecen las secciones deportivas y las denominadas páginas literarias.

Continuismo y béisbol

López Contreras pacifica el país. Un creciente movimiento social y político cobra mayor espacio en la vida republicana. Se produce un cambio en la administración del Gobierno y es electo en 1941 como nuevo Presidente, el también Ministro de Guerra y Marina  Isaías Medina  Angarita. A la par de las críticas de continuismo, a Medina se le endosaba una proximidad ideológica con el fascismo, cuestión que luego en su ejercicio de gobierno se encargaría de desestimar.

El otro detalle de esta elección es la presencia de un candidato de la oposición en el certamen que elige a Medina: Rómulo Gallegos. Venezuela gana el campeonato mundial de béisbol celebrado en la Habana, gloria de la cual aún vive. Se fundan nuevos periódicos como Ultimas Noticias y posteriormente El Nacional. También circula El Morrocoy Azul, un semanario de Humor detalles que de alguna manera sugiere la modernización del periodismo venezolano.

Se reconoce durante este gobierno un amplio respeto por el trabajo de la prensa y son excepcionales los juicios contra los periodistas, práctica a la cual se había habituado el país en  general. Se apunta el nacimiento de un periodismo político y militante. Surgen diarios como Ahora y El País, ambos vinculados a Acción Democrática, mientras que los comunistas editarían  El Martillo y más tarde Tribuna Popular.

En un hecho inusual el  diario Ahora se deslinda de los adecos para comprometerse con el PDV, organización que apoyaba al gobierno de Medina. Detienen a Pedro Beroes uno de los fundadores de Ultimas Noticias, y se celebra en Caracas  el III Congreso Interamericano de Periodistas, presidido por  Jesús González Cabrera y Pascual Venegas Filardo. La II Guerra Mundial afecta la importación de insumos industriales entre ellos las bobinas de papel, viéndose obligados, muchos de ellos a cerrar sus puertas.

Octubre sin periódicos

Entre el 19  y el 21 de  Octubre de 1945 no circuló la prensa. Un golpe de estado desaloja a Medina de Miraflores  y con él, los andinos abandonan el poder ejercido sin pudor desde los tiempos de Cipriano Castro. Se habla y escribe con ahínco de las libertades cívicas, derecho al voto universal y secreto. Grandes programas de alfabetización se desarrollan al tiempo que se consolida un vasto movimiento sindical y campesino aglutinado en las filas de Acción Democrática. Una Asamblea Nacional constituyente (1946) le cambia el perfil al mapa político venezolano. Rómulo Gallegos es electo presidente de la República con una votación de 871.752 sufragios, equivalente a 74 por ciento del universo electoral.

La prensa continúa en su evolución. Ahora se aprecian diarios políticos y comprometidos con causas muy específicas. Crece su circulación y de nuevo aparece el fantasma de la censura. El 27 de Octubre se prohíbe a los medios informar sobre movimientos  de tropas, así como otras operaciones de carácter militar. Se incauta  “El Tiempo” diario vinculado al derrocado presidente Medina y luego igual suerte corre el diario “Ahora”.  En Maracaibo Acción Democrática toma el control accionario del diario  “Panorama”. Allí fue definitiva la gestión de Alberto Carnevalli, quien ayudó no sólo a la causa de su partido, sino a la salud financiera del rotativo.

La noticia del nacimiento de COPEI no fue reseñado en los diarios capitalinos. Los detalles sobre los juicios contra funcionarios públicos de las administraciones de López Contreras  y Medina Angarita, al ser reseñados, dando detalles de las objeciones de los encausados, genera la irritación al gobierno. Son detenidos el director y el editor del Heraldo Heraclio Narváez y Edmundo Suegart.

Las elecciones a la  Asamblea Constituyente radicaliza el tema político y los diarios toman partido abiertamente. Una editorial de Últimas Noticias llama a votar contra COPEI, y una reseña de los actos de clausura publicada por “El Nacional” habla de “personas opulentas” vinculadas al naciente partido de inspiración socialcristiana. “El Universal” ignora al PCV, surgiendo nuevas publicaciones de claro corte partidista.

La edición de “El Nacional” 24 de Octubre de 1944 dedica  cerca del 80 por ciento de su mancha total a detallar los resultados de las elecciones. Los titulares son de una clara inclinación y sesgo en favor de la denominada coalición En Marzo del 46 se constituye el Sindicato de Trabajadores de la Prensa  presidido por Rafael Calderón y posteriormente por Fernando Dolande. El 24 de Noviembre de ese mismo año, Rómulo Gallegos es derrocado y la prensa es nuevamente censurada.

Los Tres Cochinitos

Este nuevo golpe de estado reedita cosas ya conocidas. Un andino y militar  toma las riendas del poder en Miraflores. Marcos Pérez Jiménez, más tarde dictador convicto y confeso, permite tres años de relativa libertad. Se permite la convivencia de algunas organizaciones políticas, y la prensa informa con relativa libertad. Se clausuran los órganos de Acción Democrática; “El País” en Caracas y “Panorama” en Maracaibo. “El Día” en Valencia y “Frontera” en San Cristóbal corren con igual suerte. Se instala en cada capital una junta de censura.

Durante 1949 prosiguen algunos cierres parciales contra el Grafico (COPEI) y contra  “El Nacional” por publicar este último una fotografía de Adolfo Hitler junto a Francisco Franco. Cierran el Componedor acá en Barquisimeto, y luego las sanciones, corresponden a “El Universal”. Suspenden por 30 días, y luego en forma indefinida a “Tribuna Popular” mientras que “La Voce d´ Italia” sale de circulación por espacio de 6 meses.

El 22 de Abril la travesura de un linotipista intercala la denominación de Los Tres Cochinitos, en una nota inserta en la sección de deportes alusiva a la Junta de Gobierno. La circunstancia acarreó la  suspensión del diario desde esa fecha hasta el 3 de Mayo. El personal fue detenido y se exigió prescindir de algunos colaboradores y periodistas en su mayoría militantes de AD y el PCV. Por lo visto, no imperaba  mucho el sentido del humor en el gobierno de Pérez Jiménez.

A partir de 1952 se hace más firme la  represión contra la prensa. Se han desconocido los resultados de un plebiscito abiertamente opuesto al dictador y la oposición es diezmada. Desparecen en ese período muchas publicaciones y las que sobreviven deben hacerlo a expensa s de un ingenio supremo para sortear los obstáculos de la censura. Se habla abiertamente de presos políticos, concentraciones, persecuciones y asesinatos a manos de la  Seguridad Nacional.

La Junta de censura no permite el más leve desvío. No se permitía en absoluto nada que pudiera molestar la sublime sensibilidad de la dictadura, su política o sus jefes. Se revisaba todo antes de ser autorizada su publicación al extremo de investigar la ideología de quien escribía la nota en cuestión. Hasta las informaciones de sociales eran revisadas con extremo rigor, y el material se retenía hasta por una semana en la oficina que a tal efecto funcionaba en Miraflores.

Se paga con cárcel cualquier desvarío de la prensa. Como medida de protección y autocensura en caso de reseñar un acto político – de los pocos permitidos por el régimen- las opiniones de los dirigentes no son recogidas en la reseña respectiva. Se controla al detalle la información de sucesos y más de 60 por ciento de la información publicada proviene de las fuentes oficiales. Se restringió a niveles increíbles la información económica, se suspendían campañas emprendidas por un medio en particular, y llegó inclusive a determinarse –por el censor de turno- el tamaño de una fotografía para ilustrar un reportaje.

Son escasos los nuevos diarios. En Caracas se edita “La Calle” con clara cercanía al gobierno y en Barquisimeto (1949) nace “Última Hora” de Rafael Villazán.  En Maracaibo la familia Auvert pone en circulación “El Diario de Occidente”  durante ese mismo año. En Coro aparece “La Mañana” mientras que “El Bolivarense” toma las calles de la noble ciudad de Angostura del Orinoco. Editando experiencias ya conocidas, el gobierno adquiere El Heraldo, el cual corre con la misma suerte de los diarios oficiales precedentes, una vez caída la dictadura. Un verdadero circuito de calamidades para la prensa oficial.

El 1 de Enero de 1958 se levanta la guarnición de Los Teques y algunos oficiales de la Fuerza Aérea posteriormente dominados. El gobierno frustró una huelga de prensa obligando  la circulación de los diarios de la época, insertando una nota oficial condenando los hechos. El día 20 se inició una efectiva huelga de prensa que desembocó en la caída del dictador tres días más tarde. Se ganó la libertad gracias al concurso de una alianza de civiles y militares. La prensa libre y democrática jugó en ello un papel fundamental.

Sin censura

La  falta de censura y controles externos permitió a los periódicos  circular -sin más limitaciones que las habituales- el 23 de Enero al mediodía en ediciones extraordinarias que anunciaron la caída del dictador. Ese sencillo gesto, hasta ahora no era posible en un país con férreos controles policiales sobre la población civil y de manera particular sobre los medios de comunicación. Un breve espacio de tranquilidad para las libertades públicas se insinuaba en convulso panorama de la vida nacional.

Un clima de verdadera ebullición social y política es reflejado en los diarios de la época. La legalización de los partidos antes inhabilitados o perseguidos es demandada por sus principales líderes y dirigentes. Respeto a los  sindicatos así como la  autonomía universitaria son temas recurrentes de un reclamo encendido y determinado a ser escuchado por todo el país. Wolfang Larrazábal preside un gobierno provisional que luego llama a unas elecciones ganadas por Rómulo Betancourt.

Paralelo al régimen de libertades que se instaura  también se aprecia el fantasma de las conspiraciones y asonadas. La libertad de prensa es casi absoluta y el desenfado de los medios es determinante en la prefiguración del nuevo mapa político que se le abre al país. La tarde del 3 de Febrero vió nacer un nuevo periódico vespertino, que permitiría registrar muchas de las páginas de la historia contemporánea de Venezuela. “El Mundo”, es dirigido por Ramón J. Velásquez, un preso político de la dictadura,  recién liberado de la cárcel de Ciudad Bolívar.

Otro gesto de las libertades que se respiraba en ese momento fue la constitución del Bloque de Prensa Venezolano, organización que agrupa a los editores del país. Posesionado  Betancourt en la primera magistratura se producen algunas asonadas y levantamientos militares. La izquierda militante de opone al gobierno y es reprimida al igual que los movimientos de extrema derecha. Se incautan publicaciones como “Izquierda”, “Tribuna Popular” y “Clarín”. Se combaten por igual  las pretensiones de una derecha montaraz y cuartelera.

“La Razón” diario de Alfredo Abilahoud es cerrado, para luego pasar a manos del partido URD. Dirigido por José Vicente Rancel, desapareció sin pena ni gloria, evento sobre el cual nadie se pronunció. La controversial situación política impone de nuevo un régimen de  severa censura que llega inclusive a los espacios de la publicidad. En las noches funcionarios del despacho de Relaciones Interiores visitan la redacción de los diarios con el propósito de  revisar el material a ser publicado. Lo tachado en rojo no se edita, so pena de sanciones mayores.

De esa circunstancia se recuerda el boicot de los anunciantes reunidos en ANDA, en contra de “El Nacional”. Se cuestionaba una supuesta cercanía de este diario con la izquierda habida cuenta del número de periodistas y colaboradores simpatizantes o militantes del PCV y otras organizaciones de izquierda que trabajan en el rotativo de El Silencio. Se desestimó el hecho de que en verdad, el periódico trataba de establecer una línea de autonomía crítica frente al gobierno y los propios grupos económicos en un momento de singular relevancia para la prensa venezolana.

Miguel Otero Silva,  copropietario del diario  defendió el derecho a definir la política editorial ajena a la presión e influencia de sus anunciantes. Dos años duró el boicot que dejó seriamente deteriorada la salud económica de la empresa.  MOS fue el primero en abandonarlo con un sustantivo grupo de colaboradores, mientras tanto los avisos tardaron dos años en regresar a las páginas del periódico. En tanto la casa comercial “Sears Roebuck”  fue uno de los más entusiastas promotores de la acción contra El Nacional.

Esta es una  coyuntura que permite el resurgimiento de la prensa de oposición. Por lo menos 10 diarios de claro corte antigubernamental son editados para la fecha. “La Razón”, “Clarín”, “La Hora” y “Extra”. El gobierno reedita una práctica conocida desde tiempos inmemoriales y pone en circulación el diario “La Nación”, una experiencia que desaparece con más pena que gloria, que luego es secundada por La República, dirigida por Luis Esteban Rey.

Buenas Coches gente de noche

De Raúl Leoni se decía que trasponía las palabras en una forma que resultaba jocosa y por lo demás divertida. La tentación al chiste y la socarronería del venezolano hizo pasto fácil en esa dificultad del presidente electo en 1964. Lo que no era un chiste era el clima político que vivía para la época. La guerrilla de inspiración marxista era diaria protagonista de las noticias del momento.

La situación con la prensa experimenta cierta distensión y  merma el peligro de una insurrección militar. Aún así, en la medida que avanza el período, se observan algunas intemperancias como el retiro de los avisos oficiales de diarios como La Esfera, el cual  luego desaparece en 1966. Un año después allanan los talleres de la Cadena Capriles y van presos sus editores, bajo los cargos de conspiración. Los adecos fundan en 1964 La Hora, para cerrar sus puertas dos años más tarde, igual suerte corre la Verdad, diario que cesa de circular en 1967.

La prensa del interior se consolida. “El Informador” de Barquisimeto, “Crítica” de Maracaibo, “La Nación” de San Cristóbal y  “Provincia” de Cumana son experiencias editoriales que encuentran buen viento. Teodoro Petkoff hoy editor de “Tal Cual” escribe en “Venezuela Gráfica” un reportaje sobre las guerrillas y el hecho desata las iras oficiales. El para entonces dirigente comunista, se encontraba detenido por su participación en la lucha insurreccional. La publicación obviamente resulta suspendida.

Otro detalle significativo del momento es el progresivo incremento de la circulación de los periódicos en todo el país.  Este hecho permite suponer que los programas de alfabetización instrumentados desde 1959, la masificación de la educación y la incorporación de toda la ciudadanía al acontecer político hacia de la sociedad venezolana una exigente consumidora de noticias. Por cada mil habitantes se editaron 70.8 ejemplares.

Los editores al Congreso

La administración de Rafael Caldera se inaugura con un singular proceso político con conexiones al mundo de la gran prensa. En las alianzas electorales del partido COPEI, un determinado número de curules fueron ofrecidas a Ejecutivos de la Cadena Capriles a cambio de “solidaridad editorial”. Miguel Angel Capriles es electo Senador y algunos de los suyos ocupan espacios en la Cámara de Diputados. Caldera ganó con una exigua ventaja sobre el candidato de AD Gonzalo Barrios y en su estrategia no discriminó en nada, a la hora de valorar los apoyos que le fueron ofrecidos.

Los otros medios cuestionaron este hecho y se desató una polémica que colocó a Ramón J. Velásquez fuera de la dirección de “El Nacional”. Este  diario; conjuntamente con “Panorama” y “La Verdad”, informaron  a sus lectores la decisión de no publicar información proveniente de la organización socialcristiana durante el proceso electoral. A decir de los editores “esta negociación está reñida con nuestro concepto de la vida democrática”.

La luna de miel duró poco. Capriles publica en su vespertino “El Mundo” “un documento secreto” sobre la situación militar con Colombia y  una eventual invasión a Venezuela. Se le allana la impunidad parlamentaria, al tiempo que este tomó el camino del exilio, vía embajada de Nicaragua. El coletazo censor toca las puertas del diario “Crítica” de Maracaibo y “La Religión”, bajo el entendido que se harían eco del documento secreto publicado por Capriles.

Tiempo después se calman las tumultuosas aguas, Capriles desdeciría este tipo de pacto, pero Acción Democrática lo reedita con el Bloque de Armas en procesos electorales posteriores. Los editores toman un espacio político que a la fecha le estaba vedado, porque se advertía en la práctica una eventual desviación de los verdaderos propósitos de la prensa libre, crítica e independiente. La revista “Reventón”, una novedosa publicación de una izquierda ilustrada, crítica, burlona y contestataria, es decomisada por abordar con exceso de sorna la vida militar en un reportaje sobre la recluta. Sus editores y algunos periodistas se ven obligados a abandonar el país.

Dato adicional para el estudio de este periodo presidencial es la consolidación de nuevos rotativos en el interior del país. “El Siglo” y “El Aragüeño” en Maracay, “Diario del Caribe” y “El Sol de Margarita”, “El Espacio” en Barinas, “Última Hora” en Acarigua y “Yaracuy al Día” en San Felipe. De este periodo se reconoce la pacificación de la guerrilla y la utilización extensiva de la TV como un medio de comunicación política. El presidente Caldera ofrecía semanalmente una comparecencia ante las cámaras para informar sobre la marcha de su gobierno. Se totalizaron 226 apariciones en “Habla El Presidente”. Se respiró un “tolerante” ambiente frente a la prensa

La Gran Venezuela

Carlos Andrés Pérez es electo presidente en 1973 sobreponiéndose a la imagen de Ministro Policía que adquirió durante la administración de Rómulo Betancourt; ocasión en que ejerció la cartera del interior. Así como el país evolucionaba hacia modos de vida políticos más modernos, este dirigente transmutó su rol de hombre del aparato partidista, en el líder de un país emergente que se dio en llamar la Gran Venezuela. Miami y el “Ta´barato” estaban más cerca de lo que se imaginaban los venezolanos.

Dos publicaciones de claro sentido opositor como “Resumen” y “Al Margen” son decomisadas por el contenido de sus ediciones. Las revistas son editadas por hombres de signo político completa y totalmente opuestos entre sí, pero no obsta para que actúen como enemigos declarados de CAP. Jorge Olavarría y Simón Sáez Mérida son hombres de clara oposición al gobierno de Pérez.

En ambos casos se recoge el malestar de la opinión por lo sucedido, y estos escándalos serán reeditados. Otro conflicto notable fue el de la revista  “Venezuela Farándula” que editó fotos de niñas en poses para la época muy sugestivas. Las sanciones hicieron implosión al seno de las demás casas editoras que se acusaron mutuamente de insolidarias, al no existir una posición homogénea frente a las observaciones  del desapercibido Consejo venezolano del Niño.  “El Nacional” y “Resumen” se retiran del Bloque de Prensa Venezolano en señal de inconformidad. Más tarde un generoso crédito para el desarrollo de una explotación ganadera calma los ánimos e ímpetus de Jorge Olavarría.

Columnistas como Alfredo Tarre Murzi y Manuel Caballero reeditan un estilo agresivo y pugnaz contra del presidente, ya visto con anterioridad en las páginas de la prensa  venezolana. Pérez es constantemente ridiculizado por la prensa más crítica a su gobierno, pero aún así el gobierno y sus miembros se muestran tolerantes ante una prensa cada vez más irreverente. Se editan libros denunciando los grandes escándalos de corrupción mientras el país nada en un mar de dólares baratos (remenber 4.30 Bs. x 1$) e innumerables planes de expansión económica a nivel continental y mundial.

Un cuento de Salvador Garmendia, “El Inquieto Anacobero”  publicado por “El Nacional” despierta una gran polémica que toca todos los espacios de la sociedad venezolana, inclusive los del mismo Bloque de Prensa. En esa ocasión Diego Arria, luego Ministro de CAP,  funda “El Diario de Caracas” circunstancia que marca un hito en el periodismo venezolano. Su diseño y audacia en el tratamiento de la noticia, así como los temas que escoge diariamente le valen un lugar en la historia de la prensa nacional.

El incremento de los precios del crudo eleva los niveles de consumo de la mayoría de la población venezolana desbordada por una insólita pasión consumista. Crece y se consolida la clase media, se ilustra, se politiza y se hace más influyente. Se destinan grandes sumas de dinero al apoyo de programas de descentralización administrativa, entre ellos un plan de apoyo a la prensa de provincia a través de Corpoindustria. Surgen nuevos diarios al amparo de la política de descentralización administrativa.

Un País Hipotecado

De Luis Herrera Campins (1979) se decía que era el más adeco de los dirigentes copeyanos. Su estilo pugnaz y campechano lo colocó más cerca del pueblo llano, con lo cual le fue más fácil llegar a Miraflores, luego de la intoxicación de populismo que significó el gobierno de Carlos Andrés Pérez. El desenfreno del gasto público en la administración precedente, le permitió señalar en su toma de posesión que recibía un país hipotecado. Ese día desde el Congreso las imágenes de la TV mostraron a un Carlos Andrés Pérez molesto y desencajado.

Financistas políticos y testaferros afectos al gobierno adquieren periódicos y emisora de radio en todo el país. Se reeditan los pactos de editores y partidos políticos lo cual permite que muchos de ellos vuelvan al congreso en calidad de parlamentarios. Como contraparte se aprecia en la cobertura de la coyuntura electoral un claro sesgo hacia los candidatos con más claros compromisos con la gran prensa. Un claro conflicto –aún no resuelto- aparece en la discusión sobre el tema: Se alude que más que libertad de prensa, estamos en presencia de la libertad de empresa que permite este tipo de acuerdos.

Otro detalle que influye en el análisis de la evolución de la libertad de prensa en Venezuela y su relación con el poder político, es que en este período se detectan las primeras desviaciones en instituciones fundamentales para la democracia como los sindicatos y los partidos políticos. Notable influencia en este hecho significó la detención de María Eugenia Díaz de “El Diario de Caracas” quien publicó documentos militares considerados confidenciales, un tema recurrente en los últimos 40 años.

El otro escándalo, entre la prensa y el poder político, lo constituyó la denuncia de la elaboración por parte de la DISIP de una serie de expediente político-ideológico de la plantilla de periodistas de “El Diario de Caracas”. La noticia ampliamente reseñada y cubierta dio inclusive para la edición de un libro por parte del periodista…

Al término de la administración de LHC los editores de las revistas “Zeta”, “Resumen” y “Auténtico” reciben su respectivo jalón de orejas por ofender la imagen del Libertador así como la  majestad del presidente. Se ordenó un arresto por espacio de 15 días  para Rafael Poleo y todavía se recuerda la portada de “Resumen” con la  imagen de  Bolívar presentando un ojo morado, como una clara alusión al deterioro de la economía. Como saldo este gobierno deja 11 nuevos periódicos y las consecuencias del Viernes Negro.

Jaime es como tú

En las navidades de 1983 Jaime Lusinchi y Acción Democrática ganan de nuevo las elecciones presidenciales. Se dice que es el presidente más votado en proceso electoral alguno, y aún con los desmanes de su gobierno contra la prensa, abandonó Miraflores rodeado de un alo de supuesta popularidad. Con fama de beodo impertinente, instrumentó uno de los mecanismos de presión más feroces contra la prensa que le era adversa.

Un rígido control de cambios (RECADI) le permitió controlar con mano dura la entrega de divisas para la adquisición de papel periódico. Diario adverso, era un medio condenado a sufrir los rigores de la escasez de insumos que a precio de dólar libre se incrementaron hasta 100 por ciento. Como contraparte los más amistosos recibieron toda clase de apoyos por parte de la administración pública.

Notable fue el “Tubazo”, noticia exclusiva con la cual un medio sorprende al resto de la competencia, que propinaron tres diarios venezolanos al darle cobertura a una rueda de prensa en la cual la primera Dama  de la república Gladis Castillo de Lusinchi denunciaba los malos tratos de los que era víctima. El Nacional, El Impulso y Panorama fueron los únicos en dar detalles del juicio de divorcio que se iniciaba a solicitud de la esposa del primer magistrado. A la rueda de prensa asistieron por lo menos 40 medios de todo el país

El resto se habían inhibido de dar publicidad a un hecho tan trascendente, vista las presiones  que sobre ellos se ejercía por vía de RECADI. Del Régimen de Administración Cambiaria quedó una triste historia de escándalos y corrupción. Medios cercanos a la línea del gobierno fueron favorecidos con dólares preferenciales para la compra de papel, llegando  sus propietarios a convertirse en revendedores de insumos. El tema del divorcio irritaba de sobremanera a la gente de Miraflores

De esa circunstancia se recuerdan dos elementos altamente significativos. El primero de ellos era la necesaria cobertura que debía darse a la vida privada de un presidente que se divorciaba para casarse luego con su secretaria. Y el otro, es la utilización de RECADI como un instrumento de control y coerción contra la prensa más crítica a la gestión oficial. Las denuncias llovieron, sobre todo las que identificaron en Corpoindustria el propósito de censura al negar facilidades para la adquisición de insumos.

Se ordena el cierre del programa “Primer Plano” moderado por Marcel Granier, y cesan las colaboraciones de José Vicente Rangel y Alfredo Tarre Murzi a “El Diario de Caracas”. Se ordenó el decomiso de publicaciones españolas que cuentan “cosas indebidas” de un viaje presidencial a la Madre Patria. El gobierno anuncia un proyecto de ley que pretendía proteger la honorabilidad de las personas de muy escaso apoyo, al presumirse su intención censoria. De esta gestión se recuerdan las fuertes presiones contra la prensa, posiblemente las más severas desde tiempos de Juan Vicente Gómez. El otro detalle, es que los presidentes se divorcian por amor.

El retorno del Jedi

Carlos Andrés Pérez (1988) vuelve a Miraflores  a hombros de la popularidad. Elimina RECADI y apoya con decisión los procesos de descentralización que permite un despeje gradual de la  vida pública por parte del Estado. Se robustece el sector privado y aumenta la inversión publicitaria. Una campaña liderada por “El Nacional” descubre los desaguisados de Régimen Diferencial de Cambios, detalles que son largamente expuestos por el periodista Agustín Beroes en su libro sobre el denominado caso RECADI.

Los sucesos del “Caracazo” marcan la historia nacional. A escasos días de su toma de posesión, el 27 de Febrero se inscribe en los hitos de la historia contemporánea. A pesar de la magnitud de los hechos y la suspensión de garantías, no se censura la prensa que informa libremente sobre lo acontecido. La TV presenta  violentas imágenes de los saqueos en las barriadas caraqueñas, e incluso de la fuerte represión, con un saldo incalculable de muertos y heridos. Pérez que se encontraba en Barquisimeto regresa presuroso a Caracas a tratar de controlar la situación.

La prensa publica ediciones especiales sobre lo acontecido, que luego son recogidas en  varios libros que advierten como una sola voz, la existencia de un profundo malestar en el seno de la sociedad venezolana. La opulencia de los pocos es criticada  de manera acre por un ejército de excluidos que reclama no seguir siendo ignorados. Los rigores de la pobreza  hicieron estallar la crisis de manera demencial, ante un país desconcertado y hasta ese momento convencido, de ser una sociedad justa, rica y equilibrada.

Febrero será de amarga recordación para CAP. El 4 de Febrero de 1992 una asonada militar, posteriormente derrotada pone en evidencia un país fracturado. Reaparecen los censores en los medios, cierran YVKE Mundial y se decomisan la ediciones de El Nacional y las revistas Élite y Zeta. Una huelga de la prensa convocada el 25 de Febrero permite respirar otros aires al ser restituidas las garantías. Primera clarinada.

El 27 de Noviembre un segundo intento de golpe refleja el grave malestar que se vive en las Fuerzas Armadas. Se  aplican medidas contra Radio Rumbos por su proclive actitud hacia los promotores del golpe, pero no son suspendidas las garantías, lo que permite a los medios informar sin mayores limitaciones. Rafael Poleo se exilia en Estados Unidos y se toman algunas medidas contra El Diario de Caracas por un titular que daba cuenta de un eventual autogolpe. Segundo aviso.

La calle se calienta al tiempo que se pide la renuncia de Pérez. Cada día son más insistentes los rumores de golpe. Desde el alto gobierno el Jefe de Estado cuestiona la actitud de la prensa que en su opinión “actúa más como una secta, que como medios de comunicación objetivos y equilibrados”. La Banca da inicio a un proceso de adquisición de medios como es el caso de Economía Hoy y El Globo. Se reconoce el poder y la influencia que los medios adquieren en este proceso que culmina con la renuncia de  CAP y la designación de Octavio Lepage, y luego Ramón J. Velásquez como presidentes reemplazantes.

Vale decir que los medios de comunicación copan el espacio de influencia que tradicionalmente ocuparon desde 1946 los partidos políticos y los sindicatos tradicionales agrupados en la CTV. Es apreciable el deterioro que estas organizaciones ponen de manifiesto en su diario activar y esa dinámica permite la actuación de unos medios vigorosos, críticos y comprometidos. La discusión pública derrota un proyecto de ley promovido por el gobierno que pretende reivindicar  el derecho a réplica, se insistía en reponer  la discusión en torno a la propiedad de los medios, y limitaba la libertad de expresión. Pérez abandona el cargo en 1993.

Del  gobierno de “Convergencia” se recuerda una pavorosa corrida bancaria que dio inicio por el Banco Latino.  Las múltiples denuncias por corrupción de sus ministros de entonces, hoy ricos magnates de muy bajo perfil. Los editores señalan el mal recuerdo de la OTAC, reedición de Recadi, que le permitió presionar a uno que otro medio al no otorgarse las divisas a tiempo con el propósito ya conocido. Desde la OCI el manejo de las pautas oficiales se encargaría de hacer el resto del trabajo de ablandamiento de los medios más resistentes  al gobierno del octogenario presidente. Nada nuevo bajo el sol.

Ramón J. como le llaman sus allegados logró llevar el barco a puerto seguro. Periodista veterano no tuvo mayores inconvenientes con la prensa salvo un  confuso incidente con un indulto mal otorgado a un sujeto acusado de narcotráfico. Los partidos que le ungen del poder transitorio luego le niegan el apoyo parlamentario para desempeñarse con mayor acierto. Su gestión es eso, una salida presurosa, a una pavorosa crisis institucional. Luego una alianza aluvional de pequeños partidos denominada El Chiripero le permite a Caldera repetir en Miraflores.

La transición y Caldera

Reconocida fue también la  iniciativa legislativa del gobierno que trato de incluir una disposición legal en la cual se exigía a los medios transmitir “información veraz” detalle que ocasionó no pocas discusiones. Se cuestionaba el carácter regulador de la medida en contra de los medios muy adversos al gobierno, así como el ambiguo propósito que no definía muy bien, en base a que criterio se determinaba  lo veras. ¿Cómo  podría definirse la veracidad de un hecho antes de ser publicado?

Caldera no tuvo éxito en su pretensión de controlar unos medios cada vez más beligerantes y decididos a no permitir regulaciones en su labor. Con un  apoyo político muy frágil Rafael Caldera culmina a duras penas su período presidencial. Sus apariciones son escasas y  contadas. Oxigena su gabinete con figuras como Pompeyo Márquez y Teodoro Petkoff, este último le imprime cierta dinámica declarativa a la gestión de un gobierno casi momificado. Indulta al Teniente Coronel  Hugo Chávez Frías cabecilla de la asonada de Febrero de 1992, quien rápidamente se convierte en un referente político para una sociedad con sus instituciones postradas.

La Nostalgia Autoritaria

Compren alpargatas que lo que viene es joropo, advertía zamarro y locuaz Luis Herrera Campins al referirse al triunfo electoral del exmilitar Hugo Chávez Frías. Trepado en la cúspide de una popularidad sin precedentes  en la historia política reciente, Chávez avasalló todas las resistencias que quedaban de las abatidas instituciones venezolanas. La convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente le permitió redefinir el estamento político excluyendo al bipartidismo, al cual sataniza con severa y cruel vehemencia. Una nueva constitución le permite ordenar el juego político con claras ventajas a su favor.

En pie quedan dos instituciones que no han podido ser minadas por la euforia avasallante del oficialismo, y en cierta medida por la irresponsabilidad de quienes se rinden dóciles ante el Chavismo: La Iglesia y los medios. Con ambos traba una dura confrontación que no ahorra términos ni epítetos. En el peor momento de una huelga general convocada por la CTV Fedecámaras y Trabajadores de PDVSA  tropas de asalto al mejor estilo de la SS atacan medios y estaciones de televisión. En una sola noche se generan más de 20 atentados perpetrados por simpatizantes del gobierno contra  diversos medios en todo el país.

En Caracas  y otras capitales se instauran sitios vedados a los periodistas y los reporteros son agredidos constantemente por afectos al gobierno, quienes les impiden cubrir el más nimio de los eventos. Los miembros del alto gobierno solo declaran al canal del Estado VTV, el cual se convirtió en esta administración en un centro de difusión de propaganda con un claro sesgo ideológico. Listas de “periodistas ejecutables” son puestas a circular y se debate acremente sobre el papel de los medios. Se desarrollan  novedosas teorías que desdicen de la obligación que tienen medios y periodistas en defender el espacio de la libre difusión de informaciones.

La Iglesia se ha visto obligada a responder con firmeza a cada destemplanza del Jefe del Gobierno, recordando  que su compromiso está con los pobres que Chávez dice defender. La instauración de un nuevo régimen cambiario controla el otorgamiento de las divisas, no tan solo para los medios sino para a todos los empresarios que han marcado distancia con el gobierno. La economía privada es estrangulada  lentamente, con un  impacto severo en las pautas publicitarias, quedando el estado en el rol de anunciante que controla y castiga medios a su discreción.

Los organismos internacionales como la OEA y el CIDH se han visto precisados de emitir medidas cautelares en defensa de medios y periodistas hostilizados por partidarios del oficialismo y los propios cuerpos policiales. A principios de noviembre pasado se totalizan cerca de 600 horas de cadenas presidenciales durante todo el año el 2003, convocadas por los motivos más fútiles posibles. Este año se superó el acumulado  consolidado de  horas de cadena registrado en los tres años anteriores.

Durante el pasado año las  agresiones a periodistas de las estaciones de televisión  rondaron las 140 denuncias, culminando con la incautación  ilegal de los enlaces de microondas pertenecientes a Globovisión. Los medios impresos reportan 48 agresiones y la Cámara de la radio reconoce por lo menos 6 agresiones en contra de agremiados suyos en todo el país. La Asamblea Nacional Aprueba a “troche y moche” una ley de claro corte regulatorio de los medios denominada Ley de Contenidos ampliamente rechazada por el país en general.

Este será posiblemente el gobierno donde más comprometida se ha visto la libertad de expresión. Es cierto que no se encarcela periodistas pero la hostilidad de partidarios del gobierno y cuerpos policiales es suficiente motivo para inhibirse y generar peligrosos gestos de autocensura. De la conducta del presidente Hugo Chávez ante los medios quedara, como testimonio incontrovertible el patético hecho de que nuestros medios y periodistas se debatan  entre la impunidad que los ataca y la censura que trata de imponer el poder político.

Como al resto de personajes del siglo 20, prominentes en su minuto de gloria, pero efímeros en la posteridad, la historia los juzgará. Y la sentencia de ese juicio no tendrá apelación posible. Se ataca los medios porque es una fuerza anticorrupción, hay más confianza en ellos que en el gobierno y los partidos políticos. Es dable pensar que sea esa la circunstancia que convierte a Venezuela en unos los lugares del mundo que representa mayores riesgos y peligros para el ejercicio del periodismo.

Aquí los medios no se callarán. Tendrán la misma paciencia de Federico Carmona quien hace 100 años fue capaz de soñar y hacer posible la infatigable aventura de hacer un siglo continuo de periódicos. Después de decirlo en una sola expresión de voz, no hay motivos para rendirse.

– Alfredo Álvarez – 31 de Septiembre de 2003

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