#OPINIÓN Decir la verdad para conseguir la libertad y formar líderes de relevo: “Legitimidad de coerción de origen sobre la persona” #12Ene

Juan José Ostériz | Ilustración: Victoria Peña |

A los gobernantes de Lara y a los dirigentes de la oposición les pregunto:” ¿No somos todos los ciudadanos iguales según la Constitución?… “¿Por qué en Caracas no hay colas para surtirse de gasolina?…¨ ¿ Por qué en Caracas no hay cortes de luz por zonas y horarios casi diarios como en Lara y otros Estados del país?… ¿Por qué los jubilados del Poder Judicial recibieron en Diciembre un bono de 7 millones y los demás jubilados no?
Los ciudadanos de Lara y de otros Estados les exigimos a gobernantes chavistas y dirigentes de oposición en Lara unan sus esfuerzos y soliciten al gobierno nacional se cumpla la Constitución… Ciudadanos: “¿Hasta cuando permitiremos nos traten con desprecio y represión?…

Limitación del poder de la persona

Como consecuencia directa del origen involuntario de la vida propia, y con base en las consideraciones antes expuestas:

1.- Toda forma de limitación del poder de la persona sobre sí, su vida y sus decisiones adolece de una profunda ilegitimidad de origen.

2.- Aunque todas las demás personas de la Tierra estuvieran plenamente de acuerdo en imponer a un individuo tales limitaciones, seguirá siendo de superior rango el derecho natural de ese individuo a no acatarlas, en tanto el desacato no perjudicara de forma directa y demostrable a terceros.

3.- Como las personas somos en gran medida “seres gregarios” que necesitamos la relación con nuestros semejantes para llevar una vida soportable, es necesario establecer ciertas normas de convivencia, pero es a la vez necesario tener presente que tales normas se dictan por conveniencia práctica y que en ningún caso pueden sustituir ni superar en importancia al derecho natural del individuo.

El derecho natural del ser humano vs. las normas

4.- Las citadas normas, por más que se las pretenda “generales” o “universales” afectan a los seres humanos que optan por convivir con los demás en un determinado entorno social: aquel en cuyo ámbito rigen tales normas.

5.- Pero es igualmente lícito alejarse y vivir fuera de esas normas, asumiendo las consecuencias de soledad que ello pueda conllevar, o reunirse con otros individuos y, al margen de la mayoría, pactar con ellos una convivencia basada en otras normas más acordes con los deseos e intereses de los integrantes.

6.- La dificultad de hacerlo en el mundo globalizado actual y el alcance territorial “éticamente cuestionable” de la jurisdicción de los Estados sobre la práctica totalidad del planeta limitan de facto estas opciones pero no menoscaban el derecho natural a ejercerlas, que sigue asistiendo hoy a todo ser humano.

Normas aceptadas voluntariamente

Como consecuencia de lo expuesto, todo conjunto de normas y reglas de convivencia es de “aceptación estrictamente voluntaria”, por más que la no aceptación implique:

7.- la exclusión de un grupo o sociedad;

8.- pueda conllevar la inmoral expulsión del territorio correspondiente o el dramático confinamiento en prisión.

Una vez más, acatar irreflexivamente las normas que limitan el autogobierno personal es también ejercer una opción: tal vez la más cómoda para la mayoría pero también la más dolorosa y humillante para algunos.

Proximo artículo: Cuando la democracia se convierte en excusa.

Juan José Ostériz

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