#OPINIÓN Por la puerta del sol (56): Un Requiem para Demiam #18Ene

Texto y fotos: Amanda Niño de Victoria |

“Y reventaron las olas unas contra otras y en un hilo de frágil agua lapizlázuli te desvaneciste, confundiéndote con el firmamento”

Ivette C. Victoria

Llorando entramos al mundo, con risas y alegrías nos reciben. Pasadas unas horas conquistamos el mundo al sonreír. Poco a poco vamos creciendo, no hay sombras en el camino, somos un rayo de luz que camina, más hermosos y más tiernos que el aroma de una flor.

Llegamos al verano y miramos el mundo con el mayor de los entusiasmos, contamos con la salud, el brío y la imaginación que nos llevan a pasear por mundo fantásticos sin detenernos un minuto, captamos y nos fascinamos al escuchar las palabras de una ola, de la bruma, del riachuelo, pillamos al ave que se esconde entre el follaje para cantarle a la vida antes que el tiempo le detenga sus vuelos.

Solo un buen observador puede captar el momento en el que tiemblan las hojas y no aciertan a suspirar cuando el viento las desparrama sobre el camino de la vida.

El tiempo no da tregua, hay que saber aprovecharlo, igual que las oportunidades. Ancha es la luz, pero hay que saber encenderla.

De lucha en lucha va el hombre hilvanando sus senderos, va dejando sus estelas hasta perderse en la distancia, navega en la historia y se involucra escribiendo la suya, es incansable en la búsqueda de la felicidad, es un luchador hasta que su sangre se apague en los rescoldos de la vida.

Es el ser humano cuya memoria trabaja hasta la vejez edificando con despojos de las viejas batallas, de silenciosas sepulturas.

Demian Vásquez Alejos conoció todo lo bueno y menos bueno que alberga la vida, conoció el amor y lo disfrutó, conoció la constancia y el amor de una madre sin par, conoció el amor de su padre Carlos Pacheco, el amor de sus hermanos, familia y amigos.
Demian vivió su vida con intensidad.

El destino nos maneja como si fuéramos marionetas. Nadie es culpable de que el destino le cierre el camino cuando más brillan sus arterias y rebosa de juventud, nadie es culpable de que sus años se destiñan y se arruguen, tampoco es culpable de tener una historia grabada en cada pedazo desgastado de la piel; de lo que sí somos culpables es de dejar enterrada la sonrisa en el camino.

La juventud es un tiempo que se va y no regresa, como tampoco los fulgores al cuerpo ni la frondosidad a las ramas del árbol que sin remedio seca con el tiempo.

La mente puede comprender todo lo que ha pasado en el mundo, pero lo que nunca podrá comprender mente ni corazón es el por qué los padres tienen que sepultar al hijo, cuando es él quién debería por la ley de la edad sepultarnos a nosotros.

Atrás quedaron mis amores, mi madre y todo lo que me fue querido, atrás quedaron mis días y mis ideas que ahora vagan disueltas en el esplendor que impulsa lo más leve hacia lo eterno.

Así como las cosas mejores del mundo no podemos tocar ni ver, te llevaremos y sentiremos por siempre dentro del corazón.

Hoy somos lo que ayer no éramos, mañana seremos lo que hoy no somos.
Unos nos quedamos en el mundo construyendo sueños, otros se van a hacerlos realidad camino a las estrellas, para brillar por siempre en el alto firmamento.

La amargura que nos dejas no está en dejar de verte, está en el vacío y en la ausencia que nos dejas en el alma querido Demian.

Que Dios de fortaleza a sus padres, a sus hermanas, familia y amigos.

La brisa se lo llevo lejos del canto de los pájaros.

Descansa en paz querido Demian.

Demian Vásquez Alejos

Amanda Niño de Victoria

[email protected]

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