#OPINIÓN Buena nueva: La gran luz #26Ene

Isabel Vidal de Tenreiro | Ilustración: Victoria Peña |

“El pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz.” (Is. 8, 2-9,3). El Evangelista San Mateo se da cuenta de que esa profecía de Isaías, de unos 700 años antes, se estaba cumpliendo ante sus propios ojos, porque Jesús es la “gran luz”. Y esa Luz hay que seguirla para no andar a oscuras. (Mt. 4, 12-23).

El Señor nos escoge y nos llama a todos para ser sus seguidores. Y llama de muchas maneras y en diferentes circunstancias a lo largo de toda nuestra vida.

Sin embargo, la voz del Señor es suave. No nos obliga, no nos grita, ni tampoco tumba nuestra puerta. El Señor es gentil. No nos doblega, ni nos amenaza. Pero siempre está allí, llamando a nuestra puerta. Somos libres de abrirle o no. Somos libres de responderle o no. El llamado es para seguirle a El. Puede ser en la vida de familia o en la vida religiosa o hasta solos en el celibato.

“Ven y sígueme”, le dijo a sus primeros discípulos. “Ven y sígueme”, nos dice a cada uno de nosotros también. Y seguirle a El implica muchas veces ir contra la corriente, ir contra lo que el mundo nos propone. Seguirle a Él es imitarlo.

Y ¿qué hace Jesús? Lo sabemos y Él nos lo ha dicho: “He bajado del Cielo no para hacer mi propia voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado” (Jn. 6, 38). Seguirlo a Él es, entonces, buscar la Voluntad de Dios. Es hacer lo que Dios quiere y no lo que yo quiero. Es ser como Dios quiere que sea y no como yo quiero ser.

A veces creemos que por ser Católicos bautizados, ya tenemos asegurada la salvación. Y ciertamente dentro de la Iglesia tenemos muchas ventajas. Pero no basta.

No basta decir yo creo en Dios. Ya eso es algo. Pero no suficiente. Creer en Dios tiene consecuencias. Creer en Dios implica cumplir la Voluntad de Dios.

De otra manera, podríamos quedar fuera, si no nos dejamos iluminar por esa “gran luz” que es Jesucristo nuestro Señor. Porque “el Señor es mi luz y mi salvación. Lo único que pido, lo único que busco es vivir en la casa del Señor toda mi vida” (Sal. 26).

Y, para vivir en la casa del Señor eternamente, es necesario comenzar a vivir en su casa aquí en la tierra. Y eso significa vivir en su Voluntad siempre y en todo momento. Que así sea.

¿Cuál es la Voluntad de Dios?

http://www.buenanueva.net/salvacion/7_5_8cSaber-voluntd.html

Isabel Vidal de Tenreiro

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