#OPINIÓN Lectura: La primera piedra #18Feb

Carlos Mujica | Foto: Archivo IMP |

Las leyes del hombre no son perfectas; en el fondo, son concebidas otorgando en su planteamientos alguna ventaja. En el caso que nos ocupa, los pecadores son dos no una. Me refiero al pasaje bíblico de la mujer adúltera. Si la mujer está en un acto de adulterio como lo presentan los acusadores: los escribas y los fariseos a nuestro Señor Jesucristo. ¿Qué juicio puede hacerse el acusador de la ley de Moisés que parcialmente juzga? Y, ¿cuál es el juicio del legislador con su acusación parcializada? El adulterio no es un acto individual, es un acto de parejas. La ley de Moisés en este sentido es parcial. Pero el acto de parejas involucra tanto a la mujer como al hombre.

De modo que la ley para ser justa debiera acogerse a la imparcialidad; tanto el hombre como la mujer actúan. El caso de la mujer adúltera lo registra el evangelio de San Juan, capítulo 8, versículos del 1 al 8. Se narra un lección ejemplar de la hermosa conducta y de la sabia actitud de Jesús de Nazaret, ante la perversa y criminal actitud de los escribas y de los fariseos. Que de modo general refleja una conducta que todavía en el presente mantiene vigencia en la humanidad.

Los fariseos como los escribas vienen de la mujer. Sin ellas, ellos serían inconcebibles. Sin embargo, sus turbados pensamientos no se pasearon por consideraciones piadosas de orden humano. Siendo pecadores no admiten que la justicia es imparcial. Si el adulterio es un pecado, el pecado es de quienes lo cometen. El adulterio no es individual. Apedrear a una mujer adúltera admite el mismo castigo para su pareja, porque el adulterio no es un acto individual. La lección de Nuestro Señor Jesucristo para quienes no concebimos otra salida que hacer daño, es piadosa, misericordiosa, generosa: “el que esté libre de pecados que lance la primera piedra,” ante la odiosa exigencia de los escribas y los fariseos. Con su bendito proceder, Jesús consigue que la conciencia de los acusadores les auto-acuse. Y uno a uno se retiran. Entonces, Jesús, se pregunta: ¿dónde están los que te acusan? ¿se han ido? –“Ni yo te condeno, vete y no peques más.” ¡Hermosa sentencia! El Maestro Jesús, mi Señor, continuó escribiendo con el dedo sobre la tierra. La conducta errada de los seres en general necesita de acertadas lecciones; pero las lecciones de Hijo muy pocos las asumen.

Carlos Mujica

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@carlosmujica928

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