#OPINIÓN Cronicario: María Grever puso en sus canciones las frases prohibidas a las mujeres #6Mar

Juan José Peralta | Foto: Cortesía |

A las mujeres valerosas del mundo, la salsa de la vida.

En las letras de sus canciones María Grever pronunció las frases prohibidas a las mujeres de su época porque hace un siglo, más o menos, en los años veinte y treinta del siglo pasado, se consideraba pecado que las mujeres confesaran sus deseos profundos, vinculados a su sexualidad y su intimidad pues la sociedad las obligaba a sentirse culpables por ello. De esta condición súbdita, a la mujer no le competía pedir, sólo dar. No podía expresar sus deseos, su deber era satisfacer con modestia el deseo del marido. Estar a favor del goce del cuerpo equivalía a ser una mujer “fatal”.

Y comenzaron a decirlo en sus canciones, como cantó María Teresa Vera la habanera Veinte años, de Guillermina Aramburú, interpretada después por Barbarito Diez, Ibrahím Ferrer y Diego el Cigala. También Consuelo Velásquez con su bolero Bésame, de frases atrevidas, Dicen la pieza más versionada.

Allí está María Grever con su estilo romántico y elegante. Libre. Directo. Cuando vuelva a tu lado, en su texto intimista, cantado por Javier Solís, Alfredo Sadel, Libertad Lamarque y más reciente por Luis Miguel.

Se la considera una de las más talentosas e importantes compositoras románticas latinoamericanas de todos los tiempos, pionera en la composición de música para películas, conciertos y más de mil canciones populares, en su mayoría boleros. Excelsa pianista, rompiendo reglas y prejuicios machistas, multifacética ocupó espacios entonces exclusivos de los hombres, siendo la primera compositora mexicana en trascender a nivel internacional: empresaria, directora de orquesta y representante de artistas, primera mexicana en ingresar en 1935 a la Sociedad Americana de Autores, Compositores y Editores de Música.

Hija del próspero comerciante andaluz Francisco de la Portilla Martínez y de la tapatía Julia Torres Hernández, María Joaquina de la Portilla Torres, su nombre de pila, nació el 14 de septiembre de 1885 en el poblado de León, según acta de bautizo del Archivo Oficial del Registro Civil del Estado mexicano de Guanajuato.

Hacia 1891 su padre se mudó con toda su prole a Sevilla, donde brindó a la niña y sus tres hermanos, Francisco, José y Mercedes estudios particulares de inglés, francés, piano y canto. Supo reconocer el talante creador de su hija y le puso a disposición los mejores maestros particulares de canto y piano de Sevilla y luego en Madrid donde María Joaquina aprendió cuanto pudo de aquellos maestros.

Pronto la niña mostró las primeras pruebas de su talento musical con su primera composición a la edad de nueve años. Parte de un ejercicio escolar, compuso Una canción de Navidad, un pequeño y jovial villancico interpretado por vez primera en el Colegio del Sagrado Corazón donde estudiaba, parte de las fiestas decembrinas de 1894. En su libro María Grever: reflexiones sobre su obra, la compositora e investigadora Nayeli Nesme asegura que en aquel colegio existe una placa dedicada “A María Joaquina de la Portilla, niña prodigio”.

Al notar las sobresalientes aptitudes musicales de la pequeña, su padre quiso conseguirle los mejores maestros y entre 1899 y 1900 viajaron a París donde se entrevistó con uno de los músicos más connotados de Europa, el compositor impresionista francés Claude Debussy, quien recibió con gusto y asombro a la adolescente María Joaquina y ella siguió estudios de piano con uno de los más influyentes compositores de fines del siglo XIX y principios del XX. Más tarde se encontró con el respetabilísimo compositor y director de orquesta austríaco Franz Lehár –discípulo de Antonín Dvorák– quien influyó de modo notable en su carrera artística. “Me aconsejó no sujetarme a la técnica musical, que fuera espontánea y sincera. Toda mi música tiene ese sello, la sentía y la escribía casi sin pensar, nunca fui rebuscada ni perfeccionista y en gran parte se lo debo a Lehár”.

A la muerte de su padre y su tío Joaquín en España, María Joaquina y su madre regresaron a México donde estudió canto en la academia de su tía, doña Refugio Torres, en la colonia Santa María, cuando contaba 14 años. Comenzó a crear sus primeras composiciones marcadas por la música de su país y a los 18 años publica su primera canción, A una ola, de la cual vendería miles de copias.

En la capital mexicana conoció en 1906 a León Augusto Grever, contador de una empresa petrolera encargada de la construcción del ferrocarril, con quien se casó al año siguiente, asumió su apellido y se radicaron en Jalapa donde procrearon tres hijos, Carmen, Carlos y Laura. Por razones de trabajo se fueron a Ciudad de México donde sufrió la pérdida de la más pequeña hija de apenas seis meses que marcó para siempre su vida. De la profunda tristeza por la muerte en sus brazos de su pequeña hija surgió la canción “Muñequita linda”, también conocida como Te quiero, dijiste. Espantada por la revolución mexicana se fue con los niños en 1916 a Nueva York. Asegura Nesme, en su libro sobre María Grever que otras razones fueron las legítimas aspiraciones y oportunidades de crecimiento.

María Grever permanecía en Nueva York sin saber de su marido por la pésima comunicación, durante más de medio año, y le escribió: “Ya no te acuerdas de mí, ya no me quieres… Y por no hacerme sufrir, callar prefieres…”. Al principio de los años veinte, se dedicó al canto y grabó sus dos primeros discos en los Estados Unidos al estrenarse el nuevo invento cuando la radio canturreaba sus primeras emociones. Cuando el cine también comenzaba a balbucear sus primeros sonidos trabajó para la Paramount y la 20th Century Fox y compuso música para filmes y documentales como East is West, Forbidden Melody, Cherry Blossom Time in Japan o Modern Tokyo. Escribió los poemas musicales Akuki, Cantarito, In the Jungle, The Gypsy, y Prólogos hispanos.

Por esa época comienza a componer canciones y su primer gran éxito llega cuando el tenor mexicano José Mojica en 1926 graba Júrame, su máxima creación musical y poética, considerado el tema de amor más bello y expresivo que jamás se haya escrito. Mojica fue su primer intérprete, junto a “Cuando me vaya” cantadas en la película La melodía prohibida, también por Jane Powell y Ann Southern en la película Nancy Goes to Rio.

Los editores de María Grever fueron el judío Leo Feist, uno de los siete editores más importantes del mundo en la década de los veinte y Ralph Peer de Southern Music Publishing. Después del éxito en el mundo del espectáculo, Mojica de manera sorpresiva abandonó la vida pública, se ordenó sacerdote en el convento franciscano de Cuzco, en Perú, como fray José de Guadalupe y dejó para el mundo, “Alma mía” y “Cuando vuelva a tu lado” de la afamada compositora.

Agobiada por la situación económica, después de más de una docena de años en Nueva York, en 1929 María Grever regresa a México de nuevo. En la estación de ferrocarril de Ciudad de México la recibe un tumulto de personas y la prensa la aguardan en un tren procedente de Tijuana. Entre la comitiva de recibimiento se encuentra Agustín Lara de quien se hace amiga, Juan Arvizu el Tenor de la Voz de Seda, intérprete de sus canciones y el director de orquesta José Briceño.

Es una señora de 44 años y pese a estar en la cúspide de su carrera y tras años de musicalizar películas para el cine retorna arrastrando un difícil y amargo periodo de penurias económicas, como confesó después en una entrevista. “Tuvimos una racha de mala suerte. Tuve que hacer muchas cosas para ayudar a sostener la familia. Algunas composiciones eran un éxito, pero las regalías no dejaban lo suficiente para vivir. Cada vez era más famosa y más pobre. Hasta bordé pañuelos y terminé por vender mi piano que era mi tesoro”.

Los diarios Excélsior y La Opinión dedicaron su primera plana del día siguiente para narrar su regreso y en noviembre de ese mismo año, amigos, empresarios y público le rindieron un sentido homenaje en el Teatro Virginia Fábregas. Le fueron otorgadas las Llaves de la Ciudad de México y la Medalla del Corazón de México.

Trabajó como presentadora en la cadena de televisión XEW, contó su vida en la radio, escribió un libro autobiográfico, se mantenía en constante tránsito entre su país y Estados Unidos y cumplió giras por América Latina y Europa. A lo largo de su vida compuso letra y música de cientos de canciones grabadas en inglés y español por grandes intérpretes como Enrico Caruso, Ray Connif, Bonny Darin, Andy Russell, Dina Washington, Libertad Lamarque, Dean Martin, Aretha Franklin, Plácido Domingo, Alfonso Ortiz Tirado, Juan Arvizu, Néstor Mesta Chayres, Barry Manilow, Gloria Stefan, Luis Miguel, Alfredo Sadel, entre muchos otros.

La intensidad con la que vivió determinó su final. Cuentan que al escuchar la interpretación de Néstor Chayres de su canción “Vida mía”, en el Carnegie Hall de Nueva York en 1948, la emoción le provocó una hemorragia cerebral que devino en parálisis del lado izquierdo.

A partir de allí anduvo en silla de ruedas. No obstante, siguió con su vida: en 1949 realizó en México una serie de conciertos y el ayuntamiento de la ciudad le otorgó la Medalla al Mérito Civil a una mujer maravillosa, que venía a su país paralítica. Huyendo de la persecución de la dictadura de Juan Domingo Perón y su mujer Evita Perón, de Argentina llegó a México Libertad Lamarque quien se hizo muy amiga de la compositora e intérprete de sus canciones y en 1953 interpretó a María Grever en la película “Cuando me vaya”, cinta biográfica dirigida por el chileno Toto Davison..

María Grever falleció el 15 de diciembre de 1951 en Nueva York y por petición suya, sus restos fueron trasladados al Panteón Español de Ciudad de México.

En 1952 la designaron “Mujer de las Américas”, una escuela de música en la ciudad española de Barcelona, lleva su nombre y en León, Guanajuato, donde nació, le erigieron una estatua y también un teatro lleva su nombre.

Juan José Peralta

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