#OPINIÓN Ventana abierta: La serpiente de bronce #2Abr

Eduardo Iván González González | Ilustración: Victoria Peña |

Para recordar:

“Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que sea levantado el Hijo del Hombre, para que todo aquel que en Él creyere, no se pierda, mas tenga vida eterna”

(Juan 3:14,15).

Uno de los grandes problemas que afronta nuestro planeta, no es que haya guerras, hambre, pestilencia, como el coronavirus (covid-19); que haya pobres, ricos o dictadores,  sino que hay demasiadas personas que no creen en Dios; que no creen en Jesús. Pero la Biblia dice que creer en Jesús trae vida eterna” (dado el verso inicial).

En tal sentido, hace algunos años, Valva Domínguez, Nicolás, nos envió un archivo en PowerPoint, cuya presentación reflejaba un mundo destruido moral, social y espiritualmente, y fue el resultado de haber sacado a Dios de países, universidades, escuelas, hogares, y alguien preguntó: ¿Por qué se quejan cómo anda el planeta, si desde hace mucho tiempo dejaron a Dios?

Para estos últimos días, en efecto, la humanidad ha cambiado un poco y Echeverría, Jesús, comentando nuestro artículo No 721, sobre “El tapabocas y el lavado… (18/03/2020) nos manifestó: “…Lo interesante del proceso y lo hemos observado en las redes, hay el volcamiento de la población, del pueblo humilde a la oración en Cristo. Hoy más que nunca la gente está mirando al cielo y en su interior, está buscando esa higiene espiritual con Dios Todopoderoso…”.

En cierto modo, las opiniones anteriores no son antagónicas, tienen un sentido paralelo con lo registrado en el libro de Números, capítulos 20 y 21, donde describe la situación del pueblo de Israel; cuando estaban en Cades Barnea y los edomitas no los dejaban pasar para llegar a Canaán, pero se quejaron, abandonaron a Dios y a Moisés. (Ver libro Patriarcas y profetas, según White, E., capítulo 38, página 448, en adelante)

Allí dice, que ni Moisés, ni Aarón pudieron entrar en la Canaán terrenal por sus pecados, y aunque muchos rechazaron a Dios, otros lo buscaron hasta por emergencia. Allí, fue cuando se introdujeron serpientes en el campamento; hubo una gran mortandad, cuyo veneno producía una inflamación violenta y la muerte al poco rato” (p. 456).

“Por ello, Dios le ordenó a Moisés que levantase una serpiente de bronce ante el pueblo, con la finalidad que los mordidos, al mirarla, se sanaban… Hubo quienes murieron por su incredulidad” (p.457). De acá viene el símbolo de la medicina (planetacurioso.com).

“La gente sabía perfectamente que en aquella serpiente de bronce, no había poder alguno para sanarlos. La virtud curativa venía únicamente de Dios… (p. 457)

El objetivo de la serpiente de bronce era enseñar una lección a futuro, porque representaría a Cristo. Por eso Jesús dijo: “Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del hombre sea levantado…” (Juan 3:14,15). 

Antes y después de la fundación del mundo, Jesús y el planeta han sido atacado por el diablo, la serpiente antigua (ver Apocalipsis 12:9) y lo continúa haciendo. El veneno del pecado solo puede eliminarse por la provisión divina. Bien dice Juan 3:16, que Dios (Padre) dio a su Hijo por nosotros y dicho Unigénito fue levantado en el Gólgota. 

Hoy, cuando un covid-19 está matando a miles de personas, y parece que continuará sus estragos durante unos meses más. La solución física es primordial, tomando medidas, aplicando interferón, la alimentación, vacunas, lavarse las manos, hasta eliminar la fuente, pero esas son soluciones pasajeras y no eternas, porque Dios, no solo desea la salvación física, sino también la espiritual. Y preguntamos ¿Después de esta pandemia, se continuará negando a Dios? ¿La humanidad seguirá por el camino que llevaba? Tal vez, todavía no hemos aprendido la lección: Que sin Dios, y sus leyes, nada somos. 

Es probable que “muchos no quieren aceptar a Cristo y se niegan a mirar con fe, a pesar de que ven que miles han mirado a la cruz de Cristo (‘como sucedió en Cades’) y ahora son nuevas personas y sienten vida. Pero, es nuestro deber primordial mirar; y la mirada de la fe nos dará vida eterna” (p.459).       

Eduardo Iván González González

www.ventanabiertalmundo.com

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