#OPINIÓN A bailar con brillo #5Abr

Jorge Euclides Ramírez | Ilustración: Victoria Peña |

La noticia apareció  en primera página de El Diario firmada por el propio Don Antonio. Ese día el periódico paso de mano en mano hasta altas horas de la noche, el anuncio de que La Billo vendría a Carora conmocionó a todo el pueblo, no solamente a los miembros del Club Torres, en cuyas instalaciones se presentaría la gran orquesta venezolana, sino mas alla, a cientos de familias caroreñas que todos los días se deleitaban con su música, bien sea por Radio Carora o por medio del tocadiscos.

 La Billos Caracas Boys, dirigida por el maestro Billo Frometa era la agrupación musical que en la década de los sesenta representaba la cima musical del país. Sus cantantes eran ídolos populares y sus canciones siempre estaban en los primeros lugares del Hit Parade venezolano. Cada cumpleaños, bautizo, matrimonio o simple picoteo, tenía a la Billo como invitada y por ello sus discos eran los más vendidos del país.

En el año l966, cuando la Billo llegó a Carora las emisoras de radio casi no colocaban música en Ingles. La pasión melómana del venezolano se orientaba a interpretes latinoamericanos  y venezolanos, muchos de los cuales se presentaban en el Show de Renny a las doce del día transmitido en vivo por Radio Caracas Televisión, programa que sucedió a otro no menos sintonizado como era el Show de las Doce, animado por Don Víctor Saume y  el cual  estaba respaldado musicalmente por la orquesta Los Peniques, ya que en ese tiempo no habían pistas y los cantantes siempre necesitaban músicos en vivo.

 Los Tabajaras, El Indio Araucano, Raúl Show Moreno, Lucho Gatica, Los Cinco Latinos, Miguel Aceves Mejías, entre muchos otros eran los intérpretes internacionales que  compartían escenario con músicos venezolanos como Los Naipes, El Trió Venezuela, Mirla Castellanos, Mirta Pérez, María Teresa Chacin, Héctor Cabrera, Alfredo Sadel y otros. En cuanto al segmento juvenil se empezaba escuchar música de los Beatles pero los muchachos preferían las versiones en español tocadas por los Supersónicos, Los Darts, Los Impala, Los  007. De México se imponían con fuerza cantantes juveniles como Enrique Guzmán y Cesar Costa. A todas estas el pueblo mayoritariamente prefería a Los Corraleros de  Majagual, La Billo y  Los Melódicos.

En Carora el sentido de lo universal se restringía a Caracas. Los juegos de béisbol se escuchaban por radio, la televisión se concretaba a los estudios cerrados y no existían transmisiones en vivo desde la calle. De allí que La Billo y sus cantantes sintetizaran la moda, lo glamoroso, la fuerza máxima del espectáculo. La Billo era para los caroreños de la década de los sesenta la más importante expresión musical a la cual se podía acceder. Por decir algo, el único cantante norteamericano que triunfaba entre nosotros era Nat King Coll, y eso por sus versiones en castellano de grandes temas latinoamericanos.

Los Melódicos tenían como estrellas del canto a Manolo Monterrey, Emilita Dago y Rafa Galindo, los tres habían pertenecido antes a la Billo. Para el año que la gran orquesta venezolana vino a Carora sus cantantes  eran  José Luis Rodríguez como bolerista, Memo Morales en pasodobles y Cheo García como guarachero. Tarde Gris, El Mundo, La Distancia eran algunas canciones con las cuales José Luis Rodríguez hacía estragos en los corazones adolescentes de la época, mientras que Memo  Morales con Ni se Compra Ni se vende copaba el Hit Parade Nacional. Cheo García ponía a bailar hasta los paralíticos con A Karacatizki, La Vaca Vieja, Tambores de Naiguatá, La Pachanga y otras muchas con las cuales compartía en alegría con La Bolita que le sube y le baja de Emilita  Dago.

El Presidente del Club Torres ese año era el médico Cesar Segura Peñuela, quien vino a Carora a realizar su residencia de recién graduado, procedente de Duaca donde pertenece a las familias más importantes de esa ciudad. Tarea difícil le tocó al doctor Segura ya que el Club Torres venia de obtener grandes logros sociales bajo la dirección del Medico Odontólogo Domingo Perera Riera, quien a su regreso de Brasil donde realizo estudios de Posgrado venia con el ritmo tropical metido en las venas y por ello revolucionó las celebraciones en el Club, que para esa época estaba ubicado en la Calle Lara cruce con Ramón Pompilio Oropeza.

El doctor Segura quiso picar bien alto y por ello decidió contratar a La Billo, cuestión nada fácil ya que la Orquesta cobraba diez mil bolívares por presentación, más gastos de viajes, hospedaje y alimentación. En ese tiempo una mujer de adentro cobraba veinte bolívares al mes, el alquiler de una casa en la mejor zona de Carora doscientos bolívares, un kilo de carne tres bolívares, un jeep nuevecito cuatro mil bolívares y una noche de amor en el Yatay cinco bolívares.

De manera audaz el doctor Segura decidió ponerle precio a la tarjeta de entrada, cien bolívares con carácter de compra obligatoria a cada uno de los miembros del Club Torres. Muchos no podían y pegaron el grito al cielo, cuestión que sirvió de tema por mucho tiempo en las veladas caroreñas donde se hacía análisis de los ricos y los quebraos de la ciudad. Tertulia muy frecuente en toda la acera del frente de la Ganadera donde se hacia un ranking preciso sobre la situación económica de las familias caroreñas. Algunos firmaron giros, otros vendieron ganado antes de tiempo, otros hicieron préstamos, pero en verdad nadie quería dejar a su familia fuera del gran evento social de la  década, no ir al baile era como mostrar a los cuatro vientos que se estaba en la ruina. Con todo y ello varios no pudieron hacer frente a los cien bolívares de la tarjeta y eso arrojaba un déficit que se debía cubrir con el consumo.

Pero otro problema que tenía el doctor Segura era donde alojar al maestro Billo Frometa. A los músicos y cantantes los alojó en el Hotel Comercio de doña María de Alcalde, pero al director debía buscarle un sitio de mas caché . El doctor Segura salió del apuro gracias a que su novia Olga María Riera decidió hospedarlo en casa de su papa Don Chemaria, pero a escondidas del dueño de la casa quien era enemigo de la farándula. Olga María se las ingenió para meter al maestro Billo en su casa sin que su papa supiera  ni tampoco que el maestro se enterara que su estancia en tan acogedora casa era clandestina. 

La placita Lara frente al  Cine Salamanca y al lado del Hotel Comercio se convirtió en un enjambre de personas pidiendo autógrafos, mientras que en la cuadra del Club Torres también se sentía una especial animación.

Esa noche el club tenía todos los bombillos buenos, se encendieron los reflectores del patio donde las mujeres jugaban la envenenada. Don Alejo Riera estaba impecable con su flux negro , como encargado del Club se veía a la altura , el negro Urriola tenía dispuestos platos exquisitos y Adelmo como jefe de los mesoneros se sentía como en las grandes ligas ya que era el más joven de todo el séquito de asistentes del barman .

Al fin llegaron los músicos, con apenas media hora de retraso a las ocho y media de la noche. No hizo falta policías para hacer de  cordón protector ya que frente al Club ya estaban esperando las Chepa Candela de la época, damas honorables, de las mejores familias caroreñas cuyo disfrute era mirar y escuchar y no beber y bailar, por ello siempre se colocaban estratégicamente frente a las instalaciones del Club para disfrutar del espectáculo sin estar sometidas al escrutinio sobre la vestimenta o las prendas con las cuales competían  las damas en el interior. Allí estaban, todas ilustres y respetables señoras  con recursos y  apellidos para estar adentro pero con vocación de observadoras. Ese día el  frente , la pantalla de tragaluces donde siempre se colocaban se lleno de público, gente que venia de la primera película del Cine Bolívar y se abarrotó frente a la pared de huecos donde se veía hacia adentro. Frente a esta dificultad, el propio Don Alejo Riera recibiendo instrucciones de la Directiva del Club hizo pasar a las damas hacia adentro y las colocó frente a la oficina de Administración, donde la panorámica era mucho mejor y los cantantes les dedicaron algunas canciones.

El Baile arrancó con un vals, instrumental, y allí mismo la fiesta cobró una magia especial ya que una pareja danzante se tragó la pequeña pista con desplazamientos de filigrana, era Don Julio Bardi y su señora esposa Doña Pipina  Montesdeoca. Se comentó que Julio Bardi, un italiano que se convirtió en un caroreño de prosapia, había sido bailarín profesional en su país natal , lo cierto es que nunca en Carora se había visto bailar de esa manera. Pompo, Chote, Tinsito, Chalito y el Chingo se colocaron en una mesa al lado del billar, tapado totalmente, y desde allí animaban a José Armando para que sacara la cara  por la juventud y se luciera en la pista del baile . Mando vestía  con un traje brillante y una corbata de lacito, el pelo con brillantina y un copete de medio lado, los pantalones pegados y un cigarro sin encender en la boca, toda esta pinta según Felipe Izcaray que sabía de modas gringas eran de un perfecto rockero. La Billo que tocaba de todo tenía como dos o tres piezas de rocanrol o tuist y cuando tocó La Plaga brincó José Armando de primero a pisar cucarachas como un loco , que así decían los viejos de la época que parecían los pasos del rock ,  como pareja Mayó  Castillo le seguía los compases con gran elegancia ,  Memo Coronel no se quedó atrás y también salió a la pista con María Auxiliadora Izcaray , lo mismo hizo Felipe Izcaray con Macarena ,su hermana, como pareja , mientras los otros hacían juegos de pies Felipe era todo un espectáculo por la manera como movía los hombros y la cabeza , no era bueno pisando cucarachas porque era gordito , pero meneando la cabeza y espelucándose fue todo un acontecimiento .

Pero el grupo de Valmore Zubillaga, Beto Herrera, el Conejo Oropeza, Nay, el Toro y Gabriel Salcedo  tenía también su plan y pidió al maestro Billo que los complaciera , de pronto sonó La Pachanga y el grupo completo tomo el centro de la pista con Monchito Riera a la cabeza quien se había especializado en bailar esta canción, su pareja Lucecita le sabia todos los movimientos y también lo agarraba del cuello del paltó  para que simulara un muñeco danzarín. Monchito y La Pachanga animaron a todo el mundo y la orquesta terminaba y comenzaba de nuevo la misma canción hasta que todos entraron en frenesí danzante. Don Carlos Herrera Zubillaga jaló por un  brazo a la chiquindola  , que así le decía a su esposa Dona Luz y con su grito de Échele y un vaso de güisqui en la mano inicio un trencito por toda la pista , el trencito recorría todos los ambientes del club y a José Gabriel Montedeoca se le ocurrió pasarlo por entre unos tubos al lado de una jardinera , con la mala intención de que su hermano Chus que era gordo no pasara y efectivamente   se quedó atorado y fue entre Valmore y La Guaca que lo pudieron sacar .  

El Baile era hasta las tres de la madrugada pero se extendió, el maestro Billo regalo dos set de más y algunos ganaderos, entre ellos  Don Carlos pagaron los otros  hasta las cinco  y media de la mañana.

Carora ese día amaneció como novia luego de  Luna de Miel, agotada pero feliz. La Billo volvió.

Jorge Euclides Ramírez

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