Poeta Rafael Cadenas en sus 90 años: De Lara tengo muy buenos recuerdos

Pacífico Sánchez |

Al cumplir sus noventa años, sin celebración porque a su alrededor no puede tener más compañía que las de sus nietas, que viven en su apartamento de Caracas, el poeta Rafael Cadenas recuerda sus años de niño y joven en Barquisimeto, donde vivió hasta los veinte años. Considera muy grave cómo se usa el castellano hoy día.

Lamenta que el río Turbio ya no tenga agua como en el pasado, se haya destruido el valle del Turbio y la ciudad perdiera sus encantos que la hicieron uno de los lugares más atractivos.

Y, por supuesto, se muestra muy preocupado por la crisis del país, agravada ahora por el temor que propaga la peste del siglo 21: coronavirus Covid-19, a la cual llama la calamidad mundial.

Encerrado

Elimpulso.com. logró en la tarde de su cumpleaños entrevistarlo, vía telefónica, porque durmió hasta pasado el mediodía.

– ¿Cómo se siente al llegar a esta esta  edad?

-Bien. Normal. Leyendo. Sobre todo revisando papeles que se han quedado sin publicar.  Tratando de escribir. Y encerrado. Sí, como la gran mayoría de los venezolanos, preso en el domicilio.

-¿Espera alguna celebración para esta noche?

-No, porque yo vivo con mis nietas y las celebraciones son con la familia, pero ahora no se puede celebrar nada porque hay que mantenerse en encierro por esa calamidad mundial, que esa enfermedad ocasiona. Mi hijo, Silvio, que vive a unas tres cuadras de mi apartamento y quien me visitaba constantemente, no puede hacerlo. Se lo impiden las medidas de aislamiento. Ya no se pueden hacer ni las visitas familiares. Porque es terrible e inesperada esa peste, de la cual casi nada se sabe. Incluso, los médicos no saben qué hacer.

Añoranzas

-¿Cómo expresa en este momento su sentimiento por Barquisimeto, al recordar que nació aquí?

-Quiero hacerles llegar a través de Elimpulso.com un saludo a todos los barquisimetanos y, en general, a todos los residentes de Barquisimeto.

Yo estuve viviendo hasta los veinte años en Barquisimeto. Tengo muchos recuerdos  de la ciudad, que considero muy importantes. Viví a una cuadra de la plaza Lara, que hoy llaman zona histórica.  Al salir, por el lado izquierdo del lugar, me iba al río. Muchas veces lo atravesé.  Tenía mucha agua. Ahora, según lo que me han contado, tiene muy poca y a veces, nada, se ve seco. El valle del Turbio, donde había extensos cañaverales, fue completamente destrozado por error. La responsabilidad de ese error es de ese individuo apellidado Chávez.  Nada de cultivos hay ahora. Además, Barquisimeto ha perdido sus encantos, que la hacían atractiva a propios y extraños.

Dictadura

Los recuerdos que tengo de Barquisimeto están ligados a la dictadura, dice refiriéndose al mandato de Marcos Pérez Jiménez.

Yo estudié en el Lisandro Alvarado, de donde me expulsaron por oponerme a la dictadura. Seguí en el liceo Pedro Gual, de Valencia. Y estuve un año en Caracas. Salí al exilio y estuve cuatro años en Trinidad. Regresé en 1956. Poco tiempo después cayó el gobierno dictatorial y comenzó el período democrático de cuarenta años.

Familiares

No sólo tengo recuerdos de Barquisimeto, sino de Lara, revive. Cuando era muchacho viajé por todos los pueblitos del estado. Mi padre tenía el nombre de Oribio, que significa estruendoso, pero era todo lo contrario: muy tranquilo. Nunca alzaba la voz. Muy pocas veces lo vi enojado.

Conservo también recuerdos muy buenos de mi abuelo materno, Vicente González Perdomo, quien era general, pero no de academia. Mi madre, Rosa, fue una persona también muy admirable.

Empobrecimiento de la lengua

-Usted ha sido defensor del buen hablar el castellano. ¿Cómo aprecia el uso del lenguaje en este momento?

-Muy grave lo que está pasando. Se está empobreciendo el lenguaje en los jóvenes. Así me lo dicen los profesionales que se ocupan de la enseñanza. Además de pobre, vulgar y hasta procaz.  El mayor bien que tiene la educación es el idioma. El idioma es lo que permite la formación mental de la persona. En esto he venido insistiendo en los  cursos que he dado y creo que deben hacer un esfuerzo quienes tienen responsabilidades en las escuelas, liceos y hasta en las universidades.

Satisfacciones

Al cabo de noventa años tiene que tener satisfacciones. En uno de sus primeros poemas usted decía que no iría a la India. ¿Nunca fue?

Estuve a punto de ir. A mi esposa, Milena, y a mí nos vacunaron porque teníamos una invitación a un festival de arte; pero, esa gente como que son malos organizadores, porque cuando ya nos disponíamos a viajar, suspendieron lo previsto. Claro que tengo muchas satisfacciones, durante 17 años estuve con mi esposa visitando muchos países, por supuesto atendiendo invitaciones. Pero, fue ella la que me animaba a hacerlo, porque a mí me gusta poco salir. Ahora, ni a la calle, porque nos imponen mantenernos aislados y presos.

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