Nueve oleadas de retornados han pasado por los Puntos de Atención en el Táchira

La Nación |

En la frontera, en estos días de cuarentena, es común ver transitar por las calles de San Antonio y Ureña los Yutong rojos. Algunos recorren la ruta establecida desde el PAS Aduana hasta el PAS Terminal de Pasajeros. Otros van desde el puerto terrestre hasta los PASI ( Puntos de Atención Social Integral). También están los que se encargan de la evacuación.

Todos estos buses tienen una misión específica: trasladar a los venezolanos que retornan de Colombia, Perú o Ecuador, frente al escenario que se vive por la Covid-19.  Hasta la fecha, por los Puntos de Atención Social Integral (PASI), de los cuales ocho están entre los municipios Bolívar y Pedro María Ureña, han pasado más de 25.000 ciudadanos, quienes han cumplido con los protocolos de aislamiento preventivo y de bioseguridad.

Así lo precisó el alcalde del municipio Bolívar, William Gómez, quien recordó que el control epidemiológico empieza en los Puntos de Atención Social (PAS), habilitados en la Aduana, aledaña al puente internacional Simón Bolívar, y en el Terminal de Pasajeros; desde este último punto son trasladados a los PASI.

Gómez recordó que hubo una primera oleada, en los primeros 17 días de cuarentena, que fue trasladada de forma directa tras aplicársele los protocolos de bioseguridad. De ese grupo, acotó, más de 27.000 ciudadanos fueron evacuados por los TransTáchira. “Luego, por las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), se crearon los PASI”, recalcó.

Desde la puesta en marcha de los PASI, 4 de abril, hasta la fecha, la máxima autoridad local detalló que han pasado nueve oleadas de connacionales. “Es una medida que se tomó rápida y repentina, siguiendo los lineamientos de la OMS, y con el pasar de los días se han perfeccionado estos puntos de alojamiento preventivo”, reiteró.

El burgomaestre enfatizó en que, en la actualidad, los PASI cuentan con lavaderos, duchas, baños y lavamanos portátiles, así como colchonetas, cubrecamas y demás utensilios que garantizan la estadía por cinco días de los retornados.

“Cuando ya entremos a la normalidad, estas instalaciones serán removidas y vuelven las escuelas y liceos a lo que son”, señaló mientras recordaba que las primeras oleadas pasaron 14 días de aislamiento.

Ocho PASI en la frontera

Los municipios fronterizos de Bolívar y Pedro María Ureña cuentan con ocho PASI. Cinco están ubicados en la Villa Heroica y tres en Ureña. De acuerdo con el alcalde William Gómez, cerca de 1.500 connacionales son distribuidos, por oleada, en la jurisdicción que dirige, mientras que otros 900 son trasladados, también por oleada, al municipio vecino.

El Liceo Nacional San Antonio, con capacidad para recibir a 350 personas; la Escuela República de Cuba (450), el Liceo Manuel Díaz Rodríguez (300), la Escuela Pérez del Real (200) y la Escuela El Palotal (200), son los cinco PASI habilitados en Bolívar.

Pedro María Ureña, por su parte, posee como PASI al Liceo Víctor Manuel Olivares, con capacidad para 300 retornados; Escuela Cipriano Castro (250) y el Puente Internacional de Tienditas (300). Entre ambos municipios, por oleada, reciben a más de 2.400 ciudadanos.

Según Gómez, cada PASI está resguardado por un componente de seguridad. Por ejemplo, en el Liceo Manuel Díaz Rodríguez está la Guardia Nacional Bolivariana (GNB), mientras que en el Liceo Nacional San Antonio se halla, permanentemente, la Policía del estado Táchira.

Entretanto, en la Escuela El Palotal se ubica la Policía Nacional Bolivariana (PNB). En la Escuela Pérez del Real se encuentra la Policía Nacional Bolivariana-División Tránsito y en el República de Cuba la Milicia Bolivariana.

Hizo énfasis en que cada PASI posee dos médicos de guardia y su respectivo banco de insumos sanitarios. Además, dijo, hay cerca de 10 personas que trabajan de la mano con el coordinador de cada instalación, la cual tiene asignados tres padrinos: uno institucional, uno político y el tercero de seguridad.

Un CAI en el Terminal

En el Terminal de Pasajeros de San Antonio del Táchira, hace poco se estrenó el Centro de Atención Integral (CAI), donde los retornados cuentan con la atención de médicos integrales, nutricionistas, especialistas y psicólogos. “También está la cadena de la misión Barrio Adentro, los médicos de la Misión Médica Cubana, que están revisando y llevando el control epidemiológico”, especificó Gómez.

“Nuestros médicos son los que nos instruyen sobre cómo llevar los protocolos de bioseguridad. Los expertos en virología y epidemiólogos son los que nos orientan y realizan los protocolos de salud para garantizar que nuestros patriotas lleguen 100 % sanos y puedan retornar a sus hogares sin llevar el virus a su casa”, sentenció.

Más de 300 médicos desplegados

Durante las etapas de evacuación de los PASI, tras cumplir los cinco días de aislamiento preventivo, donde se aplica la segunda prueba rápida, si se registra un caso de que alguna persona presente carga viral alta, los médicos automáticamente activan los protocolos de virología, donde también se le hace la prueba larga de PCR.

“Aproximadamente, son cerca de 100 unidades que salen a lo largo y ancho de todo el país. No es solo por vía terrestre, también tenemos el despacho, totalmente gratuito, vía aérea, donde los patriotas se trasladan al aeropuerto de La Fría, para ser evacuados con vuelos realizados y programados por medio de la aerolínea Conviasa. Estos grupos son llevados a los destinos más largos, oriente del país: Monagas, Anzoátegui”, señaló Gómez.

Recordó además que solo en el estado Táchira están desplegados más de 300 médicos de la misión venezolana Barrio Adentro y de la Misión Cubana. Puntualizó que los galenos no solo están distribuidos en los PASI y en los PAS, sino también en todas las comunidades, buscando el diagnóstico de aquellas personas que presenten cuadros sospechosos. “Se van hasta los hogares, en un casa a casa, por todas la comunidades organizadas”, acotó.

El burgomaestre enfatizó en el equipo de trabajo que está inmerso en cada PASI. Hizo referencia a los médicos, los enfermeros, los ingenieros, “en fin, toda la parte de infraestructura, colaboradores, las madres laboradoras, los voluntarios, los líderes de comunidad, los líderes de calle, todos estos grupos se han desplegado”.

Trajo a colación el nerviosismo que generó en un principio, entre los habitantes de la frontera, la creación de estos puntos. “Al final, las comunidades se han dado cuenta de que esto es un control que garantiza el cerco epidemiológico. La única finalidad es que todos los patriotas que pasen por esta frontera lleguen a sus hogares totalmente sanos, libres de Covid-19 y, por supuesto, que la pandemia no se expanda por todo el territorio nacional”, señaló a modo de colofón.

“Viví año y medio en Cúcuta”

Doris Rodríguez

Tras haber vivido año y medio en Cúcuta, Colombia, la señora Doris Rodríguez retornó con sus nietos, dos hijos y esposo, a Venezuela. Lo hizo como muchos, por las trochas. Su experiencia por estos pasos irregulares no fue la más agradable.

“No me gustó cruzar por la trocha”, señala quien una vez tocó tierra venezolana y logró trasladarse, junto a los suyos, al PAS Terminal de San Antonio, donde le aplicaron los protocolos de bioseguridad, para así ser trasladada a un PASI.

Al momento de la entrevista, Rodríguez, de la octava oleada de retornados, había pasado un día de los cinco que debía cumplir en el PASI Escuela República de Cuba. “Aquí me han tratado muy bien”, señaló mientras dejaba claro que desde que se tropezó con la primera autoridad venezolana, ha recibido apoyo.

“Mi esposo tenía un taller de guarnición en Cúcuta”, precisa al tiempo que reconoce lo difícil que se tornó el escenario laboral, en el vecino país, ante la pandemia por la Covid-19.

Doris Rodríguez aseguró sentirse bien por regresar a su nación. “Después de cumplir con mi proceso de aislamiento, me dirijo a Cojedes. De allá soy”, refirió

“Caminé durante 15 días”

Diosman Urquiola

Cuando Diosman Urquiola decidió dejar Bogotá, en Colombia, para regresar a Venezuela, contaba con pocos ahorros, razón que lo empujó a emprender su viaje a pie, como muchos otros, a causa de la Covid-19.

“Caminé por 15 días y ayudé a cargar el maletín a un señor que iba con su bebé”, rememora Urquiola mientras agradecía el trato que le dieron en el PASI de Ureña, donde “comimos bien y nos brindaron toda la ayuda necesaria”.

Urquiola vivió seis meses en la capital de la nación neogranadina. Allí se desempeñó como barbero. “Logré tener algunos ahorros y comprarme algunas cositas”, precisó asomado desde la ventana del bus que lo llevaría a su ciudad de origen tras cumplir con los cinco días de aislamiento preventivo y arrojar negativo en la prueba de despistaje.

Aunque le asusta el llegar a su estado sin empleo, le embargaba la emoción de que pronto volverá a ver a su progenitora y demás familiares. “Cuando llegue a mi estado, me harán otra prueba, pues yo quiero estar completamente sano para abrazarlos”, recalcó.

Al momento de cruzar la frontera, lo hizo por los caminos verdes. Una vez pisó suelo venezolano, lo llevaron hacia el PAS Terminal de San Antonio del Táchira, desde donde lo trasladaron a un PASI.  “Allí fuimos atendidos y nos aplicaron los protocolos de bioseguridad, nos hicieron las pruebas. Todo calidad”, remarcó Urquiola.

“Ojalá esta pandemia pase pronto”

Yusmary Mollega

Yusmary Mollega se vio en la necesidad de abandonar Colombia frente al panorama provocado por la Covid-19. “Estoy contenta porque ya estoy en Venezuela. Al principio me asustaba el tener que cumplir aislamiento, pero fueron solo cinco días en la frontera”, subrayó.

Acerca del trato que le dieron en el PAS Terminal y en un PASI de Ureña, se mostró agradecida. “No me puedo quejar, solo pediría que variaran un poco más la comida, pues, a veces, era muy repetitiva”, indicó.

Mollega tiene fe en que la pandemia pasará pronto y el mundo volverá a su dinámica de antaño. “Uno no puede quedarse de brazos cruzados, hay que trabajar para poder comer y tener lo esencial”, sentenció.

La dama no tiene claro si, tras pasar la cuarentena, regresa a Colombia. “Todo depende de lo que uno vea cuando llegue a mi hogar. Hay que ver cómo se desenvuelven las cosas”, aseguró ya acomodada en uno de esos Yutong rojos que suelen evacuar a los connacionales.

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