#OPINIÓN El juez inicuo #3Jun

Joel Rodríguez Ramos | Ilustración: Victoria Peña |

Recuerdo de mis años juveniles, una película titulada “El mundo está loco, loco, loco.” No recuerdo sus protagonistas, pero nunca olvidé que la trama de la película era la de un grupo de personas conocedoras de un botín enterrado que realizan todo tipo de esfuerzo para encontrar ese botín, dejando tras de sí, un rastro de caos y destrucción. Los días que corren hoy en el mundo entero, parecen los referidos en aquella vieja película ya olvidada, pero ganadora, en su momento, de varios Oscars. No me cabe la menor duda que vivimos un momento de especial locura en la historia de la humanidad, o quizás de peligrosidad extrema combinada con locura. Lo que antes era malo, hoy se quiere ver como bueno y la vida se ha vuelto complicada y estresante. Hay muy pocos países progresando en calma y en paz. Qué esquivos están el progreso social, económico y moral de las naciones. Qué esquiva está la paz de las naciones, qué juego tan abominable, por ejemplo, la búsqueda del poder por el poder mismo y la riqueza a como dé lugar, como en la película recordada arriba. El mantenimiento del poder, la dominación de las personas y la acumulación de  riquezas, es el desiderátum de estos tiempos. El mundo está ingobernable, el mundo vuelve a estar: ”loco, loco,loco.” Muchas personas, por cierto, me observan, al hacerle yo estos comentarios, que el mundo siempre ha sido así. La humanidad, como hemos dicho otras veces, se olvidó de Dios y el mundo se desorbitó y hoy es una locura invivible.

Por supuesto nuestra Venezuela no escapa a esta locura y mucho más en estos tiempos tan trágicos de una supuesta revolución. Podemos decir que está entre los primeros países en vivir fuera de control y el sufrimiento de nuestro pueblo es cada vez mayor. Venezuela está “loca, loca, loca.” Aunque aparecen a veces voces orientadoras y sensatas que la encarrilen, al final casi nadieles hace caso.Voces que claman en el desierto. Los larenses vivimos la semana pasada, una represión injustificable a personas que protestaban la pésima situación de los servicios públicos, especialmente el servicio eléctrico. Como consecuencia de esas protestas hubo varios detenidos con deterioradísima salud. Los mantuvieron varios días detenidos. No me atrevo a señalar la razón que pudo haber tenido un juez o una juez, para haber mantenido, ni un segundo, detenidos a jóvenes evidentemente enfermos, uno con Síndrome de Down y otro con Esclerosis múltiple. No importa que su cargo sea Juez de Control y no Juez de Juicio. Tampoco entiendo que el Ministerio Público les acusara de supuestos delitos siendo personas inimputables. Sería interesante saber si la medicatura forense intervino  con algún informe acerca del estado de salud de los jóvenes, seguramente sí dio su informe, pero es que, aunque es una exigencia de ley, si la medicatura forense no hubiera dado su informe, la condición de los detenidos se veía a simple vista, pero el mundo está loco, loco, loco, no es el deseo de hacer justicia (Reina de las Virtudes Republicanas, en palabras de Bolívar) lo que pareciera que mueve hoy en día a quienes corresponde administrarla correctamente, pareciera que es otra motivación. Este caso me recordó aquella parábola narrada por San Lucas en su Evangelio, la del juez inicuo, que no quería administrarle justicia a la viuda que insistentemente se la solicitaba, parábola que hace ver al juez como  una persona presionable o sobornable. Aquella parábola termina con una fuerte expresión: “Y Dios no le hará justicia a lo que están clamándole a Él, día y noche.” Claro que les hará justicia y no se olvide,Dios tiene su hora.

Joel Rodríguez Ramos

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