#OPINIÓN Por la puerta del Sol (72): Somos transeúntes, aves de paso… de tiempo limitado #6Jun

Amanda Niño de Victoria | Foto: Cortesía |

En todo caso lejos, muy tarde, tal vez nunca sabré por qué ruta partiste llevándote todos mis sueños…

Somos aves de paso, buscadores de abrigo en soles de verano.

Todo inicio tiene su fin en esta posada llamada mundo. Todo está destinado a cambiar, a llegar e irse desde lo más cercano hasta lo más lejano, desde lo más sublime hasta lo más cruel. Todo tiene su tiempo de duración, igual la verdad como la mentira, la alegría y la tristeza, el amor y el odio. La inexorable ley divina se cumple en el tiempo y momento preciso, hasta lo que parece seguro, más firme y duradero tiene su final.

Somos aves de paso, transeúntes en un mundo que no es nuestro.

El obsesivo apego a las cosas materiales es causa de grandes sufrimientos, es miedo a perder el ser amado u objeto a que se está aferrado. Cuando estos apegos se pierden, todo se vuelve un caos en la mente de quien se aferra a su sueño y apasionamiento sin estar preparado para la pérdida.

“La dependencia es un mal necesario siempre que sea presidida por la razón y el corazón”

(David Victoria)

La vida es una crisis que trae consigo un proceso de crecimiento y maduración.

Son sus síntomas los que desconciertan y sorprenden a quien los padece. “Al infierno la rutina (dijo el poeta Letamendi) “Cambiaré la cotidianidad de los días, relapidaré los clásicos, para no bajar la cabeza ante mis libros, escribiré al desnudo y sin rubores, porque quiero morir de tiempo que dure lo que dure el mundo y fastidie lo que fastidia la bendita condición humana!…”

Vivir es un perenne combate con las cosas materiales y si no fuera así perecería, porque el hombre sin lucha estaría muerto.

En el hombre el alma es el sitio de los afectos, de los sentimientos y de todo lo que exista en él como lo más noble y elevado. El alma es aquello con lo cual amamos, es la idea directora de la vida.

Somos el templo del alma porque gracias a ella descubrimos el efecto que produce en nosotros un arrebol a través de los sentidos, contemplar la belleza y brillos del aljofar, padecer los trozos del vacío lamento, poder contemplar con asombro el prisma que se forma a través del arco iris.

Somos transeúntes que aunque sabemos tenemos un final en el camino, nos aferramos más que a una cara, a un regalo, a una entrega y a unas palabras, a las cosas del amor del corazón y al cuento de las mil y una noches a tu lado.

Las manifestaciones de estos transeúntes del mundo en cuestión de amor y de pasión suele rayar en lo más absurdo, en lo más fantasioso y en lo más atrevido como en lo más sublime. Aunque nunca haya sido poeta, se vuelve un versado en la línea de los mejores poetas, eleva su pecho como un cisne para halagar a su amada:

Te invito a que juguemos,
Te invito a que soñemos,
Ven conmigo mujer
Amémonos tu y yo.
Sembremos la semilla
Que ella cuando grande
Nos sabrá agradecer.
Vamos y no temamos
Que el sol de la libertad,
En lo alto nos alumbra,
Mimemos la felicidad
Que ella siempre nos espera,
Lleguemos, pero lleguemos juntos.
Compartamos este cielo
El mismo que saboreamos
No importa lo espantoso del camino,
No vamos a temer
Por los fríos inviernos,
Nos sabremos defender…

Más que por la misma riqueza o creencias religiosas el hombre se juega hasta la misma vida por amor, con la realidad de que a la vuelta de los años el ave quiera cambiar de ruta…porque las aves se van cuando hace frío.

La rutina gran enemigo de todo en la vida es capaz de terminar lo que el amor no pudo retener. Al final de la ruta es la rutina y lo mismo de siempre lo que termina convirtiendo al mismo amor en disecada momia.

Tomando las palabras de Séneca, ojalá “que no se nos ocurra nunca contemplar el sol, solo cuando sobrevenga un eclipse” .

Amanda Niño de Victoria

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