#OPINIÓN Por la puerta del Sol (75): El destino #27Jun

Amanda Niño de Victoria | Foto: Cortesía |

“Señales son del juicio ver que todos perdemos, unos por carta de más, otros por carta de menos”

Lope de Vega

Leer es aprender. Las enciclopedias están puestas a lo largo y ancho del mundo.

Acudir a ellas es entender mejor aquellas cosas que apenas conocemos, es aprender a pensar con lógica, es ampliar el campo de nuestros conocimientos, conocer la historia, la cultura de los pueblos, el mundo y sus recovecos, es conocer la circunstancia en la que se desarrolla buena parte de nuestra vida, es tratar de entender a ese ser incomprensible y complejo llamado hombre.

A través de la lectura podemos enseñar con seguridad y fundamentos a la nueva generación.

Ellos despejarán sus incógnitas y nosotros las nuestras.

Antes de ser analizado por la Filosofía, el destino tenía un símbolo en el arte y la Mitología griega como “Las hijas de la noche” representadas por tres hermanas llamadas Cloto, Laquesis y Atropus. La primera aparecía tejiendo el hilo de la vida como expresión del encadenamiento irresistible de los sucesos en la trama de la existencia, Laquesis distribuía la suerte, decisión de la duración del destino de cada hombre, es la se encarga del azar; Atropus tenía en sus manos la fatalidad, portadora de las tijeras con las que cortaba el hilo de la vida en el momento preciso. Las tres Parcas personificaban nuestro destino.

Se encargaban de asignar a cada ser al nacer una parte del bien y otra del mal, con la asignación para cada hombre contar con el libre albedrío para elegir su camino.

Estamos sometidos a la acción de las Parcas desde nuestro nacimiento hasta la muerte. De acuerdo a Hesiodo los hombres invocaban las Parcas para que en la tierra hubiera justicia y paz. Ante el dominio de ellas se desarrollaban las cosas y sucesos humanos. Estas deidades conocían el pasado, eran visionarias del presente y una autoridad en los secretos del porvenir.

Ellas aparecen asociadas a Prometeo en la Mitología, eminente amigo y bienhechor de los mortales. Fue él quien descubrió el fuego renovador de las condiciones de la vida, fue también quien puso en las manos del hombre el medio para dominar la naturaleza, nació el sentimiento y reconocimiento de lo vivo y el respeto religioso que produjo en la humanidad el hallazgo del portentoso beneficio del amor.

El fuego estaba en el cielo a donde tuvo que ir Prometeo y robárselo para cumunicárselo a los hombres.

Es esquilo quien en la Primera Tragedia de su “Trilogía” refleja la sumisión del hombre a un estilo superior, a la Voluntad Divina que rige la naturaleza. Según su versión Prometeo encendió la antorcha en la rueda del sol representante del fuego del cielo. Es en su figura en la que está representada la humanidad, cuya parte buena puede igualarse a las cosas divinas.

Por su parte los arqueólogos ven las Parcas en las mujeres sentadas que aparecen en el Partenón, también hay quien las ha visto en los relieves de sarcófagos donde aparece Cloto sentada hilando, Laquesis echando la suerte y Atropos desarrollando un pergamino sobre la esfera del mundo en el que están escritas las verdades eternas.

Aristóteles define el destino como un conjunto de leyes que gobiernan el mundo, con la intervención de la Providencia.

Nuestros pecados y arrepentimientos ponemos en la balanza de la vida.

Nosotros decidimos ser buenos o malos.

Tenemos el gran defecto de culpar a nuestros primeros padre, a Dios, al diablo o al destino para librarnos de culpa. La realidad es que nadie escapa del destino.

Asumamos nuestros errores cargando con las consecuencias.

Si nosotros decidimos cargar a cuestas la cruz que nos martiriza, espejo del alma es la mirada que se empoza en el charco de la culpa.

De cualquier manera el único destino que cuenta es el que se forje cada quien, así mismo ganar la luz o quedar sumergidos en las tinieblas lo determinará el día en que a cada uno nos toque el turno de sentarnos en el banquillo ante el Alto Tribunal del cielo.

Dios no nos dará nunca un peso más del que podamos soportar, ni nos dará de acuerdo a su justicia menos de lo que necesitamos.

Parece fácil, pero que difícil es ganarse el cielo cuando más que lo bueno, lo malo nos sale en cada recodo del camino invitándonos a pasarla rico pecando..

Amanda Niño de Victoria

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