#OPINIÓN Aliento del alma #30Jun

William Amaro Gutiérrez | Ilustración: Victoria Peña |

Definitivamente Dios no es el autor de las cosas malas que nos pasan. No es el autor de esta Pandemia ni de todo lo demás que esté por venir. Todo lo contrario, nos avisa a través de las profecías bíblicas, pero nosotros hacemos caso omiso a ello. El enemigo de Dios y de la Salvación es el autor del mal, pero el ser humano es su aliado principal, por cuanto se ha apartado del Creador y de su Palabra entonces obnubila su mente y sus pensamientos convirtiéndose, aún sin darse cuenta, en instrumento útil del maligno.

Sin embargo, Dios no nos abandona en ningún momento. Nos dice claramente en su Palara “Y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón” (Jer. 29: 13). Pero tiene que ser “de todo corazón”. Y para eso es la oración. Nosotros nos comunicamos con Dios a través de la oración y ÉL responde a través de su Palabra. La oración entonces es el aliento del alma. Es el castillo fuerte donde Ud. puede esconderse todas las veces que lo necesite. Es el remanso de paz en medio de cualquier tempestad que azote su vida. En la oración sencilla, pero espontanea, Ud. va a encontrarse con nuestro Señor Jesucristo quien está todo ojo y todo oído para atenderle. “La oración es el acto de conversar con Dios como un amigo”. Donde puede decirle todas las cosas que quiera. Incluso, hacerle el reclamo que pueda guardar en su corazón. Pero debe Ud. confiar y creer plenamente que él está allí.

Hace algún tiempo se me acercó un amigo que conoce mis inclinaciones espirituales y me comentó que no sentía ganas de orar. Que tenía como molestia con Dios por cuanto no le salían las cosas bien. Molesto con la Pandemia y sus graves consecuencias juntaba sus manos y cerraba los ojos pidiendo. Se sentaba por las noches a orilla de su cama y no le salían palabras que pareciera una oración. No lograba articular oraciones completas con sentido, por lo cual dejaba de hacerlo. Entonces, le recomendé que le dijera eso a Dios. Que así como me lo estaba conversando a mí, tal cual lo hiciera con Dios todas las veces que pudiera. Se quedó pensativo y me dijo que así lo haría. Luego lo vi y me sonrió con satisfacción. Había aclarado un poco el canal de comunicación.

Pero el hombre no debe ver la oración simple. Su actitud debe ser la de un corazón anhelante. Ansioso de ser oído. Debe llevar el sello de la necesidad y convertirse en un deseo ferviente y suplicante ante la majestad divina. Dios necesita saber que Ud. realmente le requiere. “Se necesita la oración: oración diligentísima, ferventísima, agonizante; una oración como la que ofreció David cuando exclamó:“Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti, oh Dios, el alma mía”. “Yo he anhelado tus mandamientos”. “He deseado tu salvación”. “Anhela mi alma y aun ardientemente desea los atrios de Jehová” “Quebrantada está mi alma de desear tus juicios en todo “tiempo” (Sal. 42: l; 119: 409, 174; 119: 20). Este es el espíritu de la oración de lucha, como lo tenía el salmista real…” Helen White.

No debemos tomar la oración a Dios como un amuleto de buena suerte. O caer en la tentación de pensar o decir “Vamos a orar rapidito”. La oración puede ser corta pero sincera y muy reverente. Dice. “Y no clamaron a mí con su corazón…” Oseas7:14. Allí está todo. Ese es el anhelo de Dios para sus hijos. Que le busquen con toda su alma, pensamiento y corazón su presencia y su servicio. Un saludo muy especial para mis amigos Sebastián y Letty en Gran La Gran Caracas, seguro que nuestro DIOS TODOPODEROSO está con Uds.

¡Hasta la semana que viene Dios mediante por la WEB!

William Amaro Gutiérrez

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