#OPINIÓN El precio justo del autocine #6Jul

Oscar J. Torrealba | Ilustración: Victoria Peña |

Recientemente hubo un revuelo en las redes sociales tras darse a conocer el precio que una reconocida empresa comenzó a cobrar por la entrada al autocine, una modalidad que recobró vida y se posiciona entre las ofertas de entretenimiento disponibles en medio de una crisis que obliga a mantener distanciamiento físico. 45 dólares será el costo por vehículo para disfrutar de esta modalidad, monto que causó el disgusto de algunos usuarios, quienes consideran que el precio de la entrada es excesivo. Otros usuarios, más allá de manifestar disgusto, comenzaron a exigir una intervención por parte de las autoridades con el fin de “detener ese abuso”.

Algunos han justificado el precio que ha colocado la empresa, entre otras cosas, se menciona el alto costo que implica llevar a cabo cualquier emprendimiento en Venezuela, costo que se termina trasladando al consumidor a través de los precios.

Ante todo esto, ¿existe un precio justo del autocine? ¿a partir de qué monto se considera que un precio es injusto? ¿los costos determinan los precios de las cosas? Veamos:

Las personas valoran los medios que son útiles para satisfacer diversos fines, estas valoraciones son subjetivas y no todo lo que se valora tiene necesariamente un precio. Una foto familiar, un viejo recuerdo, un detalle de nuestros seres queridos, todos estos son bienes que valoramos personalmente, de forma subjetiva, pero no forman parte del conjunto de bienes económicos. Por ejemplo, si usted es una persona tan normal como yo, es decir que no es famosa o estrella de cine, y ofrece a la venta alguna foto suya de valor (subjetivo), probablemente no encontrará persona interesada en adquirirla, y por lo tanto, el precio de la foto será igual a cero.

El precio realmente se genera a partir del intercambio, y fluctúa con base en el encuentro simultáneo y dinámico entre muchas personas que ofrecen y muchas personas que demandan. A esta realidad compleja la llamamos mercado. El precio de los bienes y servicios se forma con base en un encuentro entre los valores subjetivos de quien compra, de quien vende, y de la escasez relativa, lo que le puede conferir poder de negociación a uno u a otro, es decir, al que ofrece o al que demanda.

Ya tenemos claro que no todo lo que valoramos tiene un precio, pero todo lo que tiene un precio manifiesta cierto valor subjetivo, tanto de lo que se ofrece como de lo que se recibe a cambio.

Lo que posibilita los intercambios es precisamente la desigualdad en las valoraciones, es decir, que dado un precio, valoro más lo que recibo que aquello que estoy entregando a cambio, de no ser así, entonces los intercambios serían indiferentes y no tendrían sentido económico. Por ejemplo, cuando pago el precio para adquirir un chocolate, yo subjetivamente estoy valorando más el chocolate que los bolívares o dólares que estoy entregando a cambio. Ahora esto tiene límites, si aumenta el precio del chocolate, puede ocurrir que valore más esa suma adicional de dinero que el chocolate mismo, lo que me llevaría a no proceder con el intercambio.

A todas estas consideraciones se le suma la escasez relativa y el poder de negociación. No es lo mismo querer adquirir chocolate y que existan abundantes oferentes del producto, a querer chocolate y que existan solo unos cuantos. En el primer caso los oferentes tienen poco poder de negociación, en el segundo caso ese poder aumenta e influye en la formación de los precios. Lo mismo pasa en el lado de la demanda. Dada una cierta oferta de chocolate, no es lo mismo una abundante población desesperada por adquirir el producto que solo unos pocos interesados. En el primer caso los demandantes no tienen poder de negociación, en el segundo sí.

Con esto ya podemos hacernos una idea de la formación de precios de la entrada del autocine. Primera pregunta ¿Cuántas empresas están ofreciendo el servicio? Hasta ahora solo una; ¿cuántas instalaciones están disponibles en la ciudad de Caracas? Hasta ahora solo dos, ¿Cuántas personas viven en caracas? Según el último censo eran aproximadamente 3 millones de personas, pero hay que tomar en cuenta los habitantes de las ciudades dormitorios, las personas que han emigrado y el efecto de la migración interna; ¿cuántas personas tienen el poder adquisitivo para pagar ese precio por el autocine? Si consideramos solamente que el 0,5% de la población caraqueña puede pagar el precio, estamos hablando de 15.000 personas. Ahora bien, consideremos que solo la mitad de esa población está dispuesta a pagar ese precio, es decir, 7.500 personas, y que solo la mitad se decide apagar efectivamente por la entrada, es decir, 3.750 personas. Se me olvidaba algo, no todos tienen gasolina, pero supongamos que tan solo el 20% de ese total tiene el tanque lleno, es decir,750 vehículos. Pregunto, ¿quién tiene el poder de negociación si tan solo hay dos autocines en toda la ciudad?

El precio del autocine nos puede parecer excesivo a muchas personas, ya sea por nuestro nivel de ingresos o sea porque sencillamente no valoramos ese servicio tanto como para pagar ese monto. Si este es el caso, lo mejor que podemos hacer es no adquirir el boleto y buscar opciones más atractivas de acuerdo con nuestras posibilidades y nuestras necesidades. El autocine no es un derecho humano y no podemos obligar a nadie a cobrar un precio menor por un bien o un servicio. La empresa debe tener toda la libertad de cobrar el precio que desee por las entradas.Si ese precio es muy elevado, entonces es probable que el mercado lo castigue o que el negocio no sea rentable. En caso contrario, se generará un intercambio, es decir, se entregarán 45$ por acceder y disfrutar de una película desde la comodidad de sus vehículos. De hecho, ya la primera función del autocine vendió todas sus entradas.

¿Cuál es el precio justo del autocine? Lamentablemente no existe tal cosa como un precio justo, los precios escapan de este tipo de consideraciones, no son justos ni injustos, solo reflejan interacción entre oferta y demanda (a menos que exista hiperinflación y sumemos a esta interacción las distorsiones de políticas inflacionistas).

¿Y los costos?, ¿dónde quedan en la formación de los precios? Los costos no determinan precios. Lo que determinan es el margen de beneficio. Una empresa puede trasladar los costos a los precios, pero si el mercado no está dispuesto a pagar ese monto, entonces el negocio como tal no es rentable y eso incentiva a que oferentes salgan del mercado. Puede ser muy costoso emprender en Venezuela, pero las razones que explican el alto costo de la vida va mucho más allá de eso.

Oscar J. Torrealba

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