La Pintura Colonial, los primeros pasos de un arte religioso en Lara

Freddy Torrealba Z. | Foto: Cortesía |

La pintura del período de la Colonia en el estado Lara está a la altura del progreso alcanzado en las regiones de Mérida, Maracaibo, Valencia, San Cristóbal, Isla de Margarita, San Carlos y Caracas. De esa manera ocupa un lugar privilegiado gracias a la actividad de sus gestores que le imprimieron un sello particular.

Pero ese proceso es diferente al resto del continente americano dado que Venezuela estaba desconectada de las culturas de los otros pueblos, entre éstas la inca y azteca. El mismo registra un notable retraso por la lentitud con que se desarrolla tal vez por nuestra condición de Capitanía General sin la prioritaria atención de la Corona española.

Sus antecedentes lo constituyen las telúricas y prístinas piezas de arcilla creadas por los indígenas que se desplazaban por aquel inmenso territorio antes de la Capitanía General, Provincia, Nación y República.

Un arte importado        

La pintura es un arte importado por los conquistadores a Venezuela en un proceso muy pausado por el devenir de los aconteceres que le dieron origen, evolución y forma.

El primer pintor venido de España es Tomás de Cocar quien arriba a Coro en 1602. En ese momento éramos una provincia en camino hacia la Capitanía general a partir de 1777.

Desde la capital falconiana se inicia la penetración del territorio venezolano por el occidente. Así se establece una ruta que conduce a tierras de El Tocuyo pasando por Aguada Grande, Carora y Curarigua. A la misma se le conocía como “Ruta de la Sal” por su intensa actividad comercial.

De la plástica española son evidentes en Venezuela las características de lo religioso impuesto por la Iglesia. Igualmente,misticismo y ascetismo cultivados por Murillo y El Greco. También el “tenebrismo” con fondos opacos.

La pintura constituye una herramienta comunicacional ideal en aquel ambiente donde predominaba un elevado índice de analfabetismo en el orden del 90%.

Los gestores

Entre los siglos XVI y XVIII tiene impulso este género artístico en El Tocuyo y Venezuela. El Tocuyo tiene el privilegio de ser uno de los tres centros donde tiene lugar junto a Caracas y Mérida.

La fecha de inicio de este género artístico en Lara tiene como referencia la aparición del Pintor del Tocuyo en el año 1682. Éste ostenta una abundante producción de obras que ronda las 100. Eso sucede 137 años después de la fundación de El Tocuyo por Juan de Carvajal en 1545.

El mérito de este tocuyano consiste en que no se conformó con realizar reproducciones de los grabados importados de España.

Fue capaz de penetrar por los parajes de una ingeniosa inventiva que lo convirtió creador de un arte con rasgos originales, pese a la situación desfavorable en que se encontraba dado su aislamiento del mundo interior y exterior.

Sus obras pictóricas presentan una singular belleza por su destreza para el manejo de las artes plásticas de su momento, evidencia de su innegable talento.

Al Pintor del Tocuyo lo acompañan en estas actividades el Pintor de Rebolledo también en El Tocuyo. El Pintor de Porras igualmente en El Tocuyo. También el escultor conocido como El Tocuyano. Hay que agregar a varios artesanos anónimos que cumplieron con similar labor.

A las atractivas pinturas de estos cultores,se suman los hermosos retablos en los altares de los templos que deslumbraron al obispo Mariano Martí en su visita al estado Lara en 1776.

Este hecho es por demás significativo pues demuestra la alta factura de esas creaciones. Recordemos que el prelado Martí era una persona culta conocedora de la materia.

Lo filosófico y religioso

Durante el Renacimiento la temática religiosa es desplazada del interés de los pintores. Es cuando la Iglesia reacciona con el barroco signadas por lo religioso acompañado de diversos sentimientos y emociones. Se trata de una pintura alejada de los moldes rigurosos del Medioevo.

En la Iglesia dominaban dos corrientes filosóficas desde los tiempos de la Edad Media, a saber: la escolástica y la metafísica- La primera conjuga la fe con la razón. La segunda niega el movimiento y el cambio.

En la metafísica prevalecen las ideas de la eternidad de Dios y el reposo de inalterable de la sociedad, universo y el hombre. El dogma inapelable que tendrá sus repercusiones en el arte como la falta de dinamismo en la pintura.

Eso es lo que origina el barroco cuando la Iglesia percibe que los movimientos de la Contrarreforma y la ciencia le ladraban en la cueva en los intentos por frenar y delimitar su poder.

La iglesia fomenta en el Nuevo Mundo un arte tutelado bajo sus estrictas y dogmáticas cosmovisiones del mundo, sociedad y universo con sus signos en la obra del pintor. Por ende, a éste no le queda otra alternativa que seguir y aceptar callado la sumisión a este poder.

Necesario recalcar que se trata de un arte de corte religioso en que desde luego resultaba inevitable la presencia de la filosofía dominante en la Iglesia: la escolástica más la metafísica con sus dogmas de siempre.

Es el papel que sutilmente desempeñan las imágenes de santos. Precisamente las trabajadas por el Pintor del Tocuyo, en la soledad de su taller, bajo el tutelaje de los curas franciscanos llegados a la capital morandina en 1545.

La idea de la inamovilidad de la existencia humana, la sociedad y el universo es lo que emana de estas representaciones visuales. A las mismas se apegan estos artistas que irrumpen en El Tocuyo a partir de 1682.

La antítesis entre cielo, purgatorio e infierno se patentiza por medio de figuras celestiales de ángeles, serafines y vírgenes, delicados dibujos y colores de tonalidades suaves algunas veces brillantes. También los matices oscuros en lo que sea definido como “tenebrismo” en la pintura por la tensa atmósfera visual presente.

Arte académico y popular

A la luz de los enfoques de las formas del arte es notorio primeramente un arte “culto” u oficial elaborado por los misioneros de la Orden de los Franciscanos. Luego un arte que Jesús Manuel Velasco D. en Educación Artística,denomina “popular”.

Es el aspecto académico o culto de las formas de arte presente en el proceso de enseñanza-aprendizaje. Aquel arte refinado del barroco con sus técnicas ibéricas es lo que asimilan sus alumnos en El Tocuyo de 1682-

Aporta además el factor de lo popular en esta forma de arte algo a nuestro juicio discutible en aquel contexto. Lo popular no lo determina unilateralmente la característica ingenua de esta manifestación artística.  Lo ingenuo es más bien un género que en Venezuela tiene entre sus máximos representantes a Bárbaro Rivas.

Ciertamente que la participación de indígenas y esclavos o siervos de familias pudientes le inyecta un cierto aire popular. Sin embargo, para que sea tal debe ser espontaneo y generarse al interior de los protagonistas del proceso.

Un hecho que no se cumple en este caso y lo cual contradice lo afirmado por Jesús Manuel Velasco D. La sola incorporación de gente del estrato social inferior no le otorga de por sí ese carácter a una expresión cultural.

Pues estos terminan suscribiendo el arte metropolitano inculcado por los sacerdotes en funciones ideológicas y religiosas.

En este caso las definiciones se tornan resbaladizas por las claras fronteras reinantes entre lo académico y popular que suele terminar en el sincretismo.

Así en las artes plásticas de la región durante la Colonia, no hay signos de mestizaje como si lo hubo en la danza del Tamunangue. Lo que se produce es una transculturización europea por demás preponderante en las obras. El indio y el negro quedan reducidos artísticamente a su mínima expresión.

No existen evidencias del peso del esclavo africano en sus obras. El mestizaje es leve por su participación en la materialización de las mismas.

Los talleres                              

La construcción de templos en las ciudades recién fundadas requería la dotación de imágenes de santos, vírgenes y patronos.

Originalmente son traídos de España. Pero en la medida que avanza el tiempo las pintan los propios misioneros franciscanos.

Recordemos que algunos de estos religiosos eran oficiantes del arte de la pintura. Por ende, trajeron a América lo más avanzado del barroco español-

Luego la actividad es transferida a los nativos entre quienes figuran indígenas y esclavos o siervos de las familias poderosas.

Estos artistas recibían instrucción de los curas franciscanos en los Talleres de Pintura y Tallo habilitados para tales fines.

Los talleres impartidos por los misioneros franciscanos constituyen la primera manera de instrucción sobre artes visuales en la entidad. Su fecha data del año 1682 cuando aparece el Pintor del Tocuyo

En los mismos eran formados elementos pertenecientes a la clase de los esclavos negros. Por lo que imperaba el anonimato.

La participación de negros e indígenas revela su incorporación, aunque no espontánea a esta manifestación artística, de elementos de las capas inferiores de la sociedad.

Los talleres son el instrumento pedagógico para la propagación de la cultura cristiano occidental en la nueva colonia,

Esas faenas las desarrollan entre los siglos XVI y XVIII que convirtió a El Tocuyo en un emporio de la pintura en su fase embrionaria en Lara.

Lienzo telúrico                        

Desde el punto de vista técnico estos emplean en sus actividades tela extraída de los cultivos de algodón de la zona catalogado de alta factura. Al mismo se le conoce como “el lienzo de la tierra” de acuerdo con Emilia Troconis de Veracoechea en Historia de El Tocuyo Colonial.

El procedimiento para su fabricación consistía en la fusión de agua, harina, miel y almagre al aceite que aseguraba la elasticidad.

En este sentido es tal la relevancia de El Tocuyo que, según Pilar Márquez Ayala, se convirtió en fabricante y abastecedor de estas telas para pintores de otras regiones.

Al hecho puramente artístico se añadía el económico al generarse un productor de materia prima, un bien y consumidores aledaños que viajaban hasta la zona para proveerse.

Se impone el ingenio inventor para ir más allá de estas telas y pigmentación. Así otro material en el cual trazaban diferentes formas era la madera generalmente de caoba y cedro color neutro, oscuro, brillante o tierra.

Las piezas eran pintadas con oleo o tempera importados de Europa. También en relación a la pigmentación llegaron a crear los propios componentes con materiales autóctonos entre estos el añil.

Sin libertad creadora

Pero en esencia el detalle es que se trata de un arte de carácter netamente religioso. Esto era parte del culto a distintas advocaciones, entre éstas la de la virgen de la Concepción y San Antonio de Pádua tal como se estilaba en Europa      

Todo indica que el oficiante de este arte no tenía absoluta libertad de creación por su subordinación a ese poder. La Iglesia ejercía sus anchas su riguroso control sobre esa actividad artística con sus concepciones filosóficas de la sociedad y universo plasmado por aquellos creadores en sus telas y tablas. No olvidemos que entonces funcionaba en la localidad un tribunal de la temida Inquisición.

Entonces Venezuela había sido incorporada al sistema económico del mercantilismo tras la conquista española con sus ventajas y desventajas a la vez. En consecuencia, pasamos a ser receptores de su cultura y arte en las más variadas vertientes que nos llegaban con sus ingredientes originales, entre estos el barroco.

Pero en el proceso de asimilación y transferencia se convertía en la cultura refleja. Es lo que en este campo se conoce como barroco menor que en Venezuela no tuvo la pertinencia en comparación con otros países de América Latina, entre estos los que se rigieron por Virreinatos donde existió la economía minera como la del oro.

La Virgen del Rosario, El pintor del Tocuyo
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