Terribles historias tras deslaves en el Táchira: No perdí mucho porque no tengo casi nada

Texto y foto: La Nación |

Ana Adelina Flórez vive desde hace 44 años en Los Corredores de Rubio; su humilde  vivienda es una de las más cercanas al puente. Ahora junto a ella solo está  su hija Yajaira Graciela, quien presenta problemas de salud mental. Sus otros hijos tomaron rumbos diferentes.

Al momento del desbordamiento ella había salido y su hija estaba sola con dos perritos. Los vecinos  la ayudaron a  ponerse a salvo cuando la casa comenzaba a inundarse.

“Antes de la crecida del Carapo la casa ya estaba para caerse, el techo lo apalancamos con unos palos, para que no se nos viniera encima. Aquí nunca le han metido arreglo. He ido a la alcaldía  pero hasta ahora nada. Puras fotos y no hacen nada. Con la lluvia se derrumbó un parte y la otra ya no soporta más”, explicó mientras dirige su mirada hacia la débil estructura.

El piso se encuentra cubierto de lodo. Su hija va de un lado para otro sin prestar mucha ayuda e esta señora de 69 años de edad, que es la hace la mayor parte del trabajo de limpieza.

“No perdí muchas cosas porque no tengo casi nada. Se me dañó la ropa y una olla grande se la llevó el río, porque cuando mi hija salió muy asustada dejó abierta la puerta y el agua se metió”.

Ana Flórez manifiesta sentimientos de pesadumbre y angustia. Las carencias de siempre, se acrecentaron, no así sus fuerzas para continuar.

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