#OPINIÓN Libros leídos durante la pandemia del 2020 #30Nov

Luis Eduardo Cortés Riera | Ilustración: Victoria Peña |

Desde el comienzo en la República Bolivariana de Venezuela del inusual e inesperado Estado de Alarma por el Coronavirus 19 venido de la lejana China, en 13 de marzo de 2020, me he sumergido-literalmente hablando- en la lectura como nunca antes. Muchos libros esperaban resignados por mi atención arrumados en mi pretérita biblioteca. Un libro cerrado es un amigo que espera, escribe Luis Beltrán Prieto Figueroa en La magia de los libros. Y de verdad me di cuenta con horror de lo atrasadas que estaban mis lecturas. Así que puse mis pestañas en acción y el resultado no ha podido ser más halagador. Comienzo, pues, este interminable recorrido.

El Irán de los ayatolas.

Empiezo por el último, leído en internet, noviembre de 2020: Contexto sociopolítico: la política interna iraní y efectos en su política exterior, por el poliglota irlandés Fred Halliday, libro muy útil para entender la insólita y muy original Revolución Islámica de Irán, proceso radical iniciado en 1979,que no entronca con la Ilustración europea (Eric Hobsbawm), y que es, en consecuencia, una revolución eminentemente asiática y teocrática en su origen. Única en este sentido entre todas las revoluciones modernas, la revolución iraní no fue obra de un partido político, o (como en el caso de Cuba) de un movimiento político inidentificable Todas las revoluciones sorprenden y contienen elementos novedosos, dice Halliday, pero la revolución que barrió al régimen del Sha fue, ciertamente, uno de los acontecimientos más inesperados y extraordinarios de los tiempos modernos. En menos de seis meses, un movimiento de masas de protesta, que no recibió ningún apoyo exterior y que no tenía armas con las que luchar, debilitó y destruyó a un estado con un ejército de 400.000 hombres, enormes recursos financieros y un importante respaldo internacional. Me cautiva Halliday por el uso frecuente y acertado del método comparativo, cuando establece semejanzas y diferencias con otros procesos revolucionarios del siglo XX: la Revolución bolchevique de 1917, la Revolución China de Mao, y la Revolución cubana de Fidel Castro y el Ché Guevara.

Me motiva la lectura de esta obra de Fred Halliday el creciente expansionismo iraní en el mundo, la media Luna chií, el asesinato selectivo por los Estados Unidos de un prominente militar que dirigía las exitosas acciones de Irán en Líbano, Siria e Irak, el general Qasem Soleimani. Parece ser que el régimen teocrático persa, una nomenclatura islámica, tiene intenciones de abrirse paso hasta el Mediterráneo y Asia central, y lo que más me sorprende, cosa que no soñábamos hace medio siglo: la fuerte y decidida alianza de la República Bolivariana de Venezuela con ese socio nuestro de la OPEP tan distante y que nos está enviando gasolina burlando las sanciones de Estados Unidos, así como la apertura del hipermercado iraní Megasis en la capital, Caracas, Venezuela. ¿Una cabecera de playa iraní en América Latina?

¡Cosas veredes, Sancho!

El sabio Raimundo Lulio.

Reviso Historia de la filosofía del español Julián Marías (1914-2005), obra de habitual consulta y que me ha servido en esta ocasión para ampliar mis conocimientos sobre el beato Raimundo Lulio, precursor español de la informática que vive entre los siglos XII y XIII.  El religioso mallorquín bautizó a un instrumento por él inventado con el nombre de Ars Generalis Ultima (‘Última arte general’) o Ars Magna (‘Gran arte’), aunque hoy se le conoce a veces como Ars Magna et Ultima. El ingenio fue tan importante para él que dedicó la mayor parte de su gigantesca obra a describirlo y explicarlo. La realidad teórica subyacente en aquel artefacto era una fusión o identificación de la teología con la filosofía, orientada a explicar las verdades de ambas ciencias como si fueran una, una formidable idea que no agradó al cristianísimo papa Nicolás IV ni a la ortodoxia islámica.  En su afán de refutar a los musulmanes, Lulio exageró el concepto en el sentido opuesto: opinó que la doble verdad era imposible puesto que la teología y la filosofía eran en verdad la misma cosa. Equiparaba de este modo e identificaba a la fe con la razón. El incrédulo no era capaz de razonar, y el hombre de fe aplicaba una razón perfecta. De este modo creyó haber resuelto, gracias a las pruebas de significados lógicos y por supuesto a su mecanismo por él ideado, la Ars Magna, una de las más grandes controversias de la historia del conocimiento: disolver la diferencia de la verdad natural de la verdad sobrenatural.

Por supuesto que, para comprender la filosofía de Raimundo Lulio y su curiosísimo aparato mecánico para traducir conceptos teológicos para dárselos a entender a los islámicos, debí revisar de nuevo del semiólogo italiano Umberto Eco La búsqueda de la lengua perfecta, Editorial Crítica, 1994, que había leído en 2005 cuando laboraba en el Doctorado en Educación en la Universidad Pedagógica Experimental Libertador, Barquisimeto, Venezuela. La mitológica Torre de Babel adorna su portada a todo color. El filósofo hebreo, el recién desaparecido Georges Steiner dice que lejos de ser un castigo, Babel es una bendición misteriosa e inmensa. Las ventanas que abre una lengua dan un paisaje único. Aprender nuevas lenguas es entrar en otros tantos nuevos mundos (Después de Babel, 1975).

Economía y poesía.

En octubre pasado del 2020 le entré sin mucho éxito a La economía de la imaginación de Kurt Heinzelman, editada por el prestigioso sello editorial Fondo de Cultura Económica, México, 1984, pues hube de abandonar su lectura en más de una ocasión. Se trata de una obra en la que se intenta conciliar la ciencia económica con la literatura y la poesía, las relaciones entre Carlos Marx y Willian Blake, a Adán Smith con Henry David Thoreau.  ¿En que pueden consistir los vínculos de la ciencia económica y el arte literario? Es obra marcadamente anglosajona, lo que la hace de difícil comprensión. Sin embargo, conseguí allí dos ideas que me hicieron cavilar durante días. La primera de S.T. Coleridge: “Una de las desgracias de la época actual es que no reconoce un punto medio entre lo literal y lo metafórico. ”La segunda no es menos inquietante: “El exceso de fiestas y de adornos en el vestido son señales de un Estado enfermo, y el desenfreno del lenguaje, de una mente enferma.”

Ante mi fracaso con La economía de la imaginación, recordé que algo similar le sucede al Premio Nobel mexicano Octavio Paz con las obras del antropólogo estructuralista Claude Lévi-Strauss: ¡no las entendió al principio!. Pero aun así escribe en 1967 el poeta y ensayista mexicano una obrita deliciosa titulada Claude Lévi Strauss o el nuevo festín de Esopo (Seix Barral) que recomiendo ampliamente. Esta pequeña obra del Nobel mexicano ha sido de enorme utilidad para dar a entender el estructuralismo francés a mis discípulos del Doctorado en Cultura Latinoamericana y Caribeña de la UPEL, Barquisimeto, Venezuela. Esta filosofía que estuvo en boga décadas atrás y no tanto hoy, se constituye en una herramienta indispensable para el estudio de mitos y creencias.

La utopía en la cultura occidental

He tenido una ilusión que me ha perseguido desde mi juventud: llegar a comprender a cabalidad eso que se llama cultura occidental, que es a no dudar nuestra cultura acá en América Latina. Buena idea me proporciona para ese cometido el antropólogo norafricano Jean Servier con Historia de la utopía, Monte Ávila Editores, Caracas, 1967. Este francés nacido en la Argelia colonial afirma que la cultura de Occidente se inicia cuando el pueblo de Israel, el pueblo elegido por Dios, inicia su marcha hacia la Tierra Prometida, y en el lapso de la espera del Mesías, el prometido Rey, hijo de la estirpe de David. Esta singular creencia animó una nueva concepción de la ciudad que ya no precisa de un trazado mágico para reintegrar al hombre en el universo, encerrándole en los ritos. Esta reflexión está relacionada con las del sociólogo germano Max Weber, (el Carlos Marx burgués) quien escribe que el cristianismo es la primera de las religiones que se deslinda de la magia.

El presente de angustias conduce a la cultura de Occidente, escribe Servier, a un sueño único y apaciguador, de regreso a la quietud de los orígenes, al seno materno. La relación con el inmenso fervor por la virgen María en América Latina será en ese sentido una búsqueda de seguridad en el vientre materno. Leí con gusto y apasionamiento al antropólogo argelino francés y profesor en la Universidad de Montpellier Jacques Servier en septiembre de 2020.

La medicina sin médicos

A principios de noviembre de 2020 intenté prestarle al culto y gentil médico caroreño Dr. Pedro León Torres El orden caníbal, vida y muerte de la medicina, Planeta, 1981, del polímata francés Jacques Attali, quien habla de la posibilidad de que el médico pueda ser borrado del futuro, y que las máquinas puedan reemplazar a los médicos. Ya existe la aspirina electrónica, un aparatico no mayor que una caja de fósforos capaz de suprimir el dolor. ¿Qué pensará Attali de las “tijeras genéticas” capaces de cortar los genes defectuosos responsables de producir miles de enfermedades congénitas? Este pensador galo afirma que lo que viene luego de la pandemia del coronavirus es una economía de guerra para reparar los inmensos daños globales que ha producido y seguirá ocasionando el virus que vino de la República Popular China.

Este libro del francés Jacques Attalilo comenté hace unos cuantos años, en 1985, con el padre de la pediatría en Venezuela, el médico caroreño Dr. Pastor Oropeza, quien vino a Carora a pasar sus últimos años. Se sorprendió de que yo hiciera lectura entonces de esta obra tan apasionante y polémica. En esa ocasión dijo este eminente galeno que el único trasplante irrealizable era el del pene. Cuando le dije que la medicina iba a desaparecer cuando fuéramos dioses los humanos, espetó con su roca voz de godo: ¡eso es imposible porque eso no ocurrirá jamás, nunca seremos dioses ni nada por el estilo!

La ciencia en la historia

Recuerdo con precisión cuando comienzo y termino de leer un libro porque hago notas marginales en ellos. El 31 de agosto de 2020 empiezo lectura sabrosísima de Historia de la ciencia, escrito por tres españoles que lo hacen muy bien: Javier Ordóñez, Víctor Navarro y José Manuel Sánchez Ron. Editado por Espasa, 2005. Es una apretada síntesis en 639 páginas de la larga historia de la ciencia, desde los antiguos egipcios hasta la clonación de la oveja Dolly. La ciencia griega debe muchísimo a babilonios y egipcios. No es tan original como se piensa. Euclides se formó y aprendió en la famosa Biblioteca de Alejandría. El atomismo antiguo de Leucipo y Demócrito aún resuena por su actualidad. La geometría euclidiana tuvo vigencia por 2.000 años. La medicina racional nace con Hipócrates.

 En el medievo brilla la filosofía de Aristóteles, que hicieron llegar a Europa los traductores árabes y judíos de Bagdad y Toledo, España. Ellos introducen el cero de la India y el Algebra. Santo Tomas de Aquino incorpora al peripato al cristianismo en el siglo XIII. La ciencia no se estancó, como se suele creer, conocían en Bizancio el fuego griego, antecedente del napalm de los gringos en Vietnam.

El neoplatonismo domina durante el Renacimiento en las figuras de Marsilio Ficino, Pico de la Mirándola. Copérnico hecha las bases del heliocentrismo. Son los años de esplendor de la perspectiva visual que domina en Occidente hasta que llega el malagueño Pablo Picasso y pinta Las damas de Avignon en 1907. Durante el Renacimiento se desarrolla mucho la botánica, nacen los jardines botánicos. Para Celso funda la iatroquímica.

 La edad moderna se inaugura, entre otros, con el italiano Galileo y el germano Kepler. Galileo es el padre del método experimental. La Santa Sede en boca del papa Juan Pablo II ha pedido disculpas recientemente por el juicio que la Inquisición injustamente le siguió. A Kepler le quebró la cabeza durante décadas un retraso en la órbita del planeta Marte (Astronomia nova,1609). El mecanicismo y la duda metódica cartesiana se imponen. El siglo XVII es el siglo de la revolución científica que tiene como cúspide a Isaac Newton. El mexicano Octavio Paz se lamenta con amargura de que no hayamos tenido en Hispanoamérica revolución científica ni tampoco siglo Ilustrado.

El pacato siglo XIX es estremecido con la aparición de El origen de las especies, 1859, del inglés Charles Darwin. Su cristianísima esposa le rogaba que no publicara aquello, hasta que se decidió finalmente cuando recibe una carta de un tal Alfred Russel Wallace, joven que había llegado a conclusiones parecidas a las de Darwin en sus observaciones en el archipiélago malayo. Karl Marx estuvo a punto de dedicarle El Capital al científico británico. Quien introduce Darwin y el positivismo a Venezuela fue el sabio alemán Adolfo Ernst. En este siglo se desarrolla la química orgánica con von Liebig, el electromagnetismo con Faraday y Maxwell. El francés Luis Pasteur es el padre de la microbiología moderna. La leche debe ser hervida para el consumo humano y de tal manera evitar enfermedades causadas por microrganismos. Finalizando el siglo se descubren los rayos X (Roegten) y la radiactividad (Becquerel).

En 1900 Max Planck funda la teoría cuántica en la que se monta un oscuro empleado de patentes en Zurich llamado Albert Einstein para echar las bases de la Teoría de la Relatividad en 1905. Las certidumbres de la física del siglo XIX fueron demolidas. Se impone el modelo atómico de Rutherford. Un mozuelo de apenas 24 años, Werner Heinsenberg, formula la mecánica cuántica y su increíble “principio de incertidumbre” que hizo decir a Einstein en 1926 “Dios no juega a los dados”. La incertidumbre es un rasgo real de la Naturaleza. Madame Curie gana fama planetaria con sus descubrimientos sobre la radioactividad, peligrosos experimentos que, finalmente y sin saberlo ella, la llevan al sepulcro. Había ganado dos Premios Nobel. El traspaso del poder científico de Alemania a Estados Unidos es una realidad. La responsabilidad de esta migración recae en el nazismo alemán y en Adolfo Hitler.  El austriaco Kurt Gödel demuestra los límites de la matemática en 1931. La guerra mundial que se inicia en 1914 (sic) terminará con las injustificadas explosiones nucleares de Hiroshima y Nagasaki en agosto de 1945.

Nace un pequeño aparato en 1947 que cambiará nuestras vidas: el transistor.  La inteligencia artificial tiene a uno de sus padres en el lógico inglés Alan Turing. Será condenado a prisión por su homosexualidad. La Pérfida Albión pide disculpas años después. Archibald Garrod profundiza las ideas de Mendel con la alcaptonuria, una enfermedad hereditaria. Watson y Crick descubren el ADN el 23 de abril de 1953, de este fenomenal descubrimiento, quizá el mayor de la biología, fueron “negreadas” u olvidadas varias mujeres: Martha Chase, Rosalind Franklin, Tsuneko Okasaky y Esther Lederberg.

Cierra este magnífico libro de la historia de la ciencia con el portentoso Genoma Humano, un proyecto para estudiar la estructura del ADN en forma detallada y completa. Un proyecto ambicioso que nace en los Estados Unidos en 1990.Descubren que el ser humano tiene menos genes de los que se había creído, unos 30.000 frente a los 100.000 que se suponía poseemos. Muchas enfermedades podrán ser diagnosticadas de la mejor forma posible, lo cual  ha comenzado a ser una realidad posible en 2020 con las llamadas “tijeras genéticas” capaces de cortar los genes defectuosos y remplazarlos por unos sanos, una técnica que comenzó el español Francis Mojica hace 25 años. Una empresa privada dirigida por Craig Venter, Celera Genomics, logra crear vida artificial. A Mojica y a Venter les he dedicado sendos artículos que podrán ser leídos en mi blog: Cronista de Carora.

 Este útil libro de bolsillo sobre la historia de la ciencia de estos tres españoles, me recuerda al de Lewis Munford, sociólogo estadounidense que publica en 1934 Técnica y civilización, una obra brillante que disfrutamos cuando cursábamos estudios universitarios en la Mérida de los años 1970. Lo publica en España Alianza Editorial. Recuerdo que escribe este autor que compendio y síntesis de la técnica son los aviones y los aeroplanos. Debemos tomar en cuenta que Munford escribe esta obra en la tercera década del siglo XX. Es un verdadero clásico.

Para terminar la primera parte de este recorrido, que no tiene final, debo decir que dos libros de otros dos apreciados amigos esperan en el círculo de bateadores: Biografía de Ambrosio Oropeza. La construcción del derecho constitucional venezolano. Una biografía intelectual.(El Eneal, estado Lara, octubre de 2020) salido de la mano de mi maestro y mentor, el Doctor Reinaldo Rojas, ahora rutilante Individuo de Número de la Academia Nacional de la Historia, una distinción que ha llegado con evidente retraso. El segundo es inspiración del Doctor en Historia por la Universidad Santa María, profesor Manuel E. Carrero Murillo: Bolívar y el poder moral. Proyecto de una República Popular.(Centro de Estudios Simón Bolívar, noviembre de 2020). Ambos textos arriban por una vía inédita de la que no podíamos soñar hace pocas décadas atrás: el explorador PDF en la pantalla de mi teléfono celular. Una auténtica maravilla de la ciencia y de la técnica. Estoy sumamente agradecido de este envío por el ciberespacio de estos apreciados amigos que se formaron, como yo, bajo la luminosidad del magnífico magisterio del Dr. Federico Brito Figueroa.

Luis Eduardo Cortés Riera

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