#OPINIÓN Albert Camus, el filósofo y escritor víctima del “absurdo” de la vida #8Ene

Freddy Torrealba Z. | Ilustración: Victoria Peña |

Este múltiple intelectual francés, creador de una extraordinaria obra literaria, solía referirse a los tipos de muertes absurdas del hombre: la prematura de un niño y en un accidente de tránsito. Precisamente un accidente automovilístico fue esa la causa de su deceso el 4 de enero de 1960 en una carretera francesa a los 47 años de edad 3 años después de haber recibido el Premio Nobel de Literatura.

Pareciera que en su caso converge el ensañamiento del destino pues tenía un boleto para viajar por tren, pero no lo hizo para encontrar la trágica muerte en una carretera. cuando viajaba de copiloto en el vehículo de un amigo editor de sus obras. Su familia en cambio lo hizo por ese medio de transporte para salvarse de la tragedia. El automóvil quedó destrozado en tres pedazos para morir instantáneamente Camus. Una muerte que conmociona al mundo de las letras en Francia, Europa y el resto del mundo.

El crítico del absurdo en la existencia del hombre había sido paradójicamente víctima del mismo. Quizá era el mejor ejemplo de como el absurdo se ensaña con algunos hombres en la vida. Antes padeció la terrible tuberculosis que enfrenta y supera para graduarse con máximos honores en filosofía. También la condición de pobre y analfabeta de su madre que se sacrifica para que su hijo sea alguien en la vida. Hechos de los cuales siempre estuvo orgulloso poseído por el sentido transformador de la dialéctica.

Camus es un partidario decidido de la filosofía del Existencialismo que surgió en Europa en el siglo XX. En esencia la misma aboga por la afirmación en concreto de la libertad y felicidad del hombre. Desarrolla la tesis del absurdo de la vida al cual se opone por considerar que impide que el ser humano alcance la felicidad plena por causa de la alienación. Un ejemplo de ello es el pesimismo que impide aprovechar las oportunidades que se presentan en el quehacer diario 

En consecuencia, llama a revelarse contra las negativas consejas como aquella de la canción ranchera que dice: “No vale nada la vida/ La vida no vale nada”. Éste la valora al máximo pese a las adversidades que se presenten en el camino. Se trata de afrontar el sufrimiento y la muerte con serenidad, aunque sean inevitables. Al fin y al cabo “La muerte es la otra vida que no ha sido vivida”.

Aunque para algunos la filosofía no cuenta para nada en la existencia del hombre por su supuesta inutilidad. Sin embargo, esta ciencia madre nos recuerda oportunamente de lo que es capaz el pensamiento del hombre usado para bien o para mal. Su parte positiva consiste en ayudarnos a interpretar las fibras de los pensamientos que motivan y movilizan al hombre y la sociedad.

Para comunicar su pensamiento y obra Camus se vale principalmente de la palabra escrita por medio del libro, el periódico y el teatro. Así incursiona exitosamente en los géneros del ensayo, narrativa y dramaturgia.

Integra la privilegiada lista de los mayores escritores del siglo XX por la excelencia de su literatura con una fina prosa generalmente labrada con frases cortas al estilo radiofónico. Todos sus libros pese al paso del tiempo son una referencia para conocer el pensamiento de un brillante filósofo, mejor escritor y valiente político de una difícil época. Por la calidad de sus libros gana en 1956 el Premio Nobel de Literatura.

Su primer libro El Extranjero (1942) es en esencia una denuncia del sojuzgamiento de los poderes sociopolíticos contra el hombre necesitado de redención negada con los males del odio, la muerte y el absurdo. Su protagonista Meursault, un humille empleado público, es condenado a muerte en el patíbulo tras un juicio por el asesinato de un hombre. Un proceso en el que absurdamente el juez, más que el crimen, lo que le cobra es el hecho de que no lloró lo suficiente durante el velatorio de su madre. Escrita en primera persona y con estilo breve Camus nos deja el testimonio de un hombre en sufrimiento que reclama salvación, vale decir justicia. 

Otra de sus exitosas facetas es la del periodista. De esta profesión solía decir: “el periodismo es una de las profesiones más bellas del mundo”. También la emblemática máxima: “El periodista es el historiador del momento”. Un intelectual que conocía y apreciaba altamente la pertinencia del periodismo en la sociedad.

Durante la Segunda Guerra mundial encabeza la redacción del periódico El Combate que enfrentó desde la palabra escrita al terrible fascismo. En su lúcida palabra escrita se conjugaban el refinamiento literario, valentía y honestidad para enfrentar al enemigo. Su práctica confirma que a la filosofía compete la transformación del mundo desde la variedad de las ciencias sociales, entre éstas la política.

Su concepción de la política estaba muy lejos de las intrigas ambiciones y arreglos por conveniencia personal. Es lo que explica su expulsión del Partido Comunista Francés por atreverse a afirmar que el marxismo es una religión sin Dios. Al igual que su oposición a toda forma de totalitarismo de izquierda y derecha, el pan diario de los dogmáticos.

Camus es una referencia ética por su evidente ética, coraje y compromiso con la verdad y la libertad del hombre, nada de medias tintas ni sospechosos compromisos con el adversario. Es una de las virtudes de su vida al transformarse en el ejemplo del hombre en la adversidad capaz de alcanzar las metas del éxito y felicidad en sociedades abiertas negadoras de las totalitarias.

Freddy Torrealba Z.

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