#OPINIÓN Lectura: Teolinda #19Ene

Carlos Mujica | Ilustración: Victoria Peña |

Teodolinda era una joven muchacha que intempestivamente frenó el burro pardo, donde llegó a todo trote, frente a la puerta del negocito de pulpería que tenía mi madre. Estamos en la década de los treinta del siglo XIX, sin que consiga traer a a memoria de mi niñez el año en el cual sucede lo que narro. Teodolinda, sin apearse de su jumento, desde la puerta, espetó: – ¡Señora! Cuando le falte algo en el negocio, dígame qué necesita, y yo se lo traigo. Ese es mi trabajo. –Mi madre contestó: -justamente no tengo sal. -¡Voy a buscarla! Y arrancó a todo trote sobre el brioso animal.

Teodolinda vestía pantalón y camisa manga larga de hombre y sobre su cabeza un sombrero; posiblemente no llegaba a los veinte años. De fácil decir, era habladora y de varonil comportamiento. Muy vivaz, se amolda muy bien al espíritu de ruralidad de la gente de aquel entonces. De modo que como personaje de aquel es una figura fuera de serie.

Como ella lo decía: ese es mi trabajo, Teodolinda vivía de atender en los negocios las fallas o carencias que pudieran tener. Ella y su asno trotón sirvieron de intermediarios entre los negocios pequeños y los grandes que abastecían las necesidades o carencias. No se conocía que Teodolinda tuviese algún enamorado. Y por el perfil que venimos describiendo, todo hace pensar que Teodolinda tenía un espíritu fuertemente varonil. Yaritagua, entonces, tenía una población, en su gran mayoría, que vivía de las actividades rurales. Teodolinda, muy ingeniosa, se creó su modo de vida muy original, como muy original para entonces, resultaba que una chica de rasgos femeninos, por donde quiera que se le conociera, estuviera como cualquier zagaletón todo su comportamiento y sus actitudes puramente masculinos. ¿Qué fue de ella o de él? A decir verdad, no sabemos qué fue de su vida. La mía, desde entonces se ocupó de aventarme a la ciudad capital de la república.

Carlos Mujica

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@carlosmujica928

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