Manuel Mérida, el pintor tradicional a la vanguardia del arte cinético venezolano en Francia

Freddy Torrealba Z. | Foto: Cortesía |

En la escuela primaria cuando la maestra nos hablaba de la materia se nos decía que ésta no se destruye, sino que se transforma. Un concepto científico proclamado por Heráclito en la antigua Grecia que sigue moviendo las actividades del hombre en sociedad y el infinito universo en constante expansión.

Esas conceptualizaciones vienen a colación con motivo de la exposición Retrovisor del artista plástico valenciano Manuel Mérida a partir de este 6 de febrero en la Galería Espace Mayer Zafra de París. En la misma “el movimiento transforma la materia, segundo a segundo, creando nuevas e infinitas formas” de acuerdo con Gordi Batallé de RFI.

En transformación

Mérida nace en Valencia el 25 de noviembre de 1939 donde cursa estudios de artes plásticas en la escuela Arturo Michelena dirigida por Braulio Salazar de quien es discípulo. Un estupendo dibujante descubierto por su amorosa y comprensiva abuela Daría Enríquez, quien lo anima a seguir dichos estudios cuando apenas tenía 10 años de edad que realiza a partir de 1940.

Su etapa inicial es la de la corriente del gestualismo explicable por su proximidad a un figurativo como Salazar. En 1968 viaja por primera vez, a París donde es impactado por el cinetismo abstracto de maestros como los compatriotas Carlos Cruz Diez y Jesús Soto. Entonces decide trabajar junto a Cruz Diez en su taller donde se empapa de los más avanzado del arte universal.

Así pues, este valenciano suscribe esos enfoques de la energía que patentiza en su obra a partir de lo científico técnico, un rasgo constante en su obra. En sus creaciones predomina más la inventiva e innovativo que definen la calidad de su pintura, en lo que cree firmemente. Para Mérida lo que cuenta es el movimiento de la materia como principio rector de su plástica. La calidad dada por el peso del acto creador y nada más que distingue sus obras cinéticas a partir de 1968.Tal vez, es consciente de que ya no estamos en la era de la pintura sino en la posmodernidad comunicacional.

Interés por el círculo             

Es apreciable su propensión a unos espacios circulares en que resalta el color como protagonista por su densidad, intensidad y unilateral. De esa forma son constantes unas sugerentes circunferencias, algunas atravesadas por surcos y franjas que podría invocar una variedad de motivos con unos inmaculados colores, una contagiosa serenidad más una simplicidad de líneas. Por lo que, es dado a la degradación del color que queda como una superposición logrando un atrayente efecto en la vista del observador. Al tiempo que comunica armonía y cambio que impulsa la inteligencia del hombre contra el dañino dogma.

El círculo tiene varios significados, entre otros: la eternidad, la perfección y ausencia de principio y fin. Con su empleo Mérida travesea con el tiempo de carácter temporal por el dinamismo que inyecta al cuadro. Pero también podríamos estar ante una invocación de la rueda, planetas, el átomo y la célula, las unidades más pequeñas del Universo.Creemos que ese es el mensaje de sus mutantes creaciones visuales desde la perspectiva de la abstracción que,a nuestro parecer, no resulta tan intrincada, sino denotativa.

El interés de Manuel Mérida por el movimiento lo hace uno de nuestros mejores artistas universales con el respaldo de una loable y seria obra, aunque se defina como un tradicionalista en este siglo XXI de las comunicaciones globales.A los 82 años de edad, este nativo de la ciudad del Cabriales,está pleno de energía creadora que transforma a diario. Lo aprendió en la escuela primaria de donde migró muy temprano.

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