#OPINIÓN Mi hermano Eduardo González (Parte II) #23Feb

William Amaro Gutiérrez | Ilustración: Victoria Peña |

Estoy convencido de que Mi hermano Eduardo González murió trágica y prematuramente. De verdad nadie lo esperaba. Humanamente hablando somos muy dados a pensar que aquellos paladines del Evangelio son intocables y hasta invencibles por su manifiesta relación con el Eterno. Cuestión que no es así. Por cuanto mientras vivamos en este planeta de pecado, los siervos de Dios están expuestos a las consecuencias que vienen con la caída de este mundo. La trágica forma como murieron los apóstoles del Señor lo explica claramente. Es por ello, que esta muerte ha causado expectativa, confusión, preguntas y sobre todo mucha tristeza y dolor.

Estamos absolutamente convencidos que a mi hermano Eduardo le faltaba mucho por dar, sobre todo en la predicación del Evangelio a través de sus talentos que el mismo Dios le dio. Y seguro, debido a ello, a esta muerte repentina e inesperada, algunos enemigos del Evangelio y otros que ignoran muchas cosas, les será ocasión propicia para denigrar del Todopoderoso. Para cuestionar su gestión divina para la humanidad. Para dudar del infinito y magnánimo amor de Dios a través de nuestro Señor Jesucristo. Pero quienes amamos al Señor, quienes luchamos día a día por seguirle en medio de cualquier circunstancia sabemos, que todo lo que él permite tiene una razón de ser. Que tal vez ahora no podemos entender pero que en el día postrero lo vamos a saber. Lamentablemente el hombre y muchos que se dicen creyentes de Dios y se llaman cristianos no estudian y menos meditan en lo que Él dice en su Santa Palabra. “Mi pueblo perece por falta de conocimiento” Oseas 4:6. E ignoran que la única forma segura de crecer en la fe es a través de su Palabra. “Así que la fe viene por el oír, y el oír, por la palabra de Dios” Rom.10:17. No hay otra forma.

Cuando Dios a través del vidente Juan nos dice de manera clara y contundente “Oí una voz que desde el cielo me decía: Escribe: Bienaventurados de aquí en adelante los muertos que mueren en el Señor. Sí, dice el Espíritu, descansarán de sus trabajos, porque sus obras con ellos siguen” Apoc.14:15. Es porque es así. Es un texto que no necesita interpretación sino más bien que meditemos con oración previa en lo que dice. Que pensemos y valoremos el gran amor de Dios manifestado en este texto. Los siervos de Dios al morir viviendo en sus verdades, obedientes a su Palabra, fieles a sus convicciones cristianas son felices, resucitarán. Entonces descansan de los afanes, preocupaciones, privaciones y del estrés de la vida. No por ello querríamos morir, no. Ni que no suframos y lloremos, porque hasta Jesús lloró. Pero sí, regocijarnos en ese legado para bien, de fortaleza y Vida Eterna que deja quien murió. Entonces “sus obras con ellos siguen”.

Obviamente esas obras que con Mi hermano Eduardo siguen, en cortos artículos de prensa será imposible presentarlas. Les cuento. Cuando llegó al liceo donde trabajábamos como les narré en la entrega anterior, buscaba no toparme con él. Los siervos fieles a la Palabra de Dios siempre le recordarán al pecador su pecado y se sentirán incomodos. Es por ello, que el Señor decía “Y seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre; más el que persevere hasta el fin, éste será salvo” Mat.13:13. Sin embargo, en una reorganización en la distribución de aulas que se hizo en la institución, me lo colocaron justamente en el laboratorio de electricidad que estaba al lado de mi salón de clase. ¿Cómo les parece?. Y, por elemental gesto de cortesía de mi parte, nos acercamos, así finalmente construimos una buena amistad. No hacer amistad con él era muy difícil. Y en seguida comenzó Dios a usarlo en mi persecución espiritual… lo necesitaba.

¿Cómo me llegó? Sencillo, soy profesor de historia, amo mi especialidad y por allí comenzó a mostrarme la parte histórica de la SANTA BIBLIA. Daniel 2 impactó mi mente, y mi pensamiento y mi corazón, por lo cual Dios a través de Mi hermano Eduardo hacía paulatinamente una obra de conversión en mi persona, que ha alcanzado a mi familia y a otros. Y cómo olvidar lo que un día hizo delante de mí frente a otras personas. Poniendo su mano en mi hombro, con su especial y permanente sonrisa se dirigió a la concurrencia ante quienes estábamos y dijo… “¡Chico…William Amaro es un cristiano que nació con pantalones largos!” y reímos. Estaba citando a su tío Carlos Garrido. ¡Así era él!

¡Hasta la semana que viene Dios mediante por la WEB!

William Amaro Gutiérrez

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