#ESPECIAL #VIDEO Secuelas del mega-apagón en Venezuela: Cuando el racionamiento impide hacer una vida normal

Luis Miguel Rodríguez |

“A nadie le gusta vivir bajo la expectativa de que algo va a suceder, que es incómodo o dañino para su estabilidad y confort”, sostiene el psicólogo barquisimetano Pedro Torrellas respecto a la intranquilidad y zozobra a la que han sido sometidos los venezolanos tras el colapso eléctrico que se registró en el país el pasado 7 de marzo de 2019.

Durante los últimos años, las autoridades en materia eléctricas no ejecutaron sus proyectos presentados y aprobados para la mejora del sistema, las plantas de energía no recibieron el adecuado mantenimiento y esto provocó que para aquella fecha se interrumpiera el servicio eléctrico durante al menos 5 días, 7 o 10 en zonas más desfavorecidas.

Esto trajo consigo infinidad de problemas, principalmente en el desplome y agravamiento de otros servicios públicos (agua, gas doméstico, telecomunicaciones, entre otros), que afectaron la estabilidad emocional de las personas.

“Desde el punto de vista clínico, esto genera la exacerbación de los síntomas en planos personales, donde la persona empieza a tener la sensación de que el propósito de vivir se le viene abajo porque cada corte de electricidad, o de los servicios básicos, impide la vida normal”, expone Torrellas en entrevista para Elimpulso.com.

Psicólogo Pedro Torrellas explica las consecuencias psicológicas
que han provocado los apagones en Venezuela

¿Cómo vivieron los larenses esta realidad?

Desde los sectores más vulnerables hasta los más vigorosos, pocos se salavaron de padecer el apagón eléctrico más prolongado de la historia de Venezuela.

“Recuerdo que el 7 de marzo (2019) marcó mi vida en lo personal, en los espiritual, marcó la vida de mi hijo Daniel y de mi hija Gabriela también porque por primera vez duramos más de 4 días incomunicadas”, relata en principio Sinaí Carrillo al hacer memoria sobre los hechos que más le afectaron durante el colapso energético.

Carrillo, quien fue entrevistada por Elimpulso.com, se encuentra residenciada en Cabudare, en el municipio Palavecino del estado Lara.

Sinaí Carrillo, ciudadana larense que relata su vivencia durante el apagón nacional

Entre sus vivencias, comenta que durante las primeras horas la situación fue soportable pero se fue agravando con el pasar de los días debido al desplome de los servicios públicos.

“Los que vivimos en el municipio Palavecino dependemos de una bomba hidroneumática para poder surtir de agua nuestras casas. Si bien tenemos tanque subterráneo, que eso es una ventaja, necesitamos del sistema eléctrico para poder hacer uso del agua en todas las instalaciones de la casa”.

Además de permanecer incomunicada con su hija y no tener agua, Carrillo también debió lidiar con la descomposición de la comida. “Siempre nos acostumbramos a hacer mercado por un mes y recuerdo que el día antes (del apagón) fuimos a la carnicería a hacer el pedido (…) al tercer día ya estaba todo prácticamente descongelado”, dijo Sinaí, agregando que en su hogar siempre han utilizado una cocina eléctrica por lo que durante esos días debieron resolver comiendo panes o galletas con algún otro complemento.

Mismo problema, diferentes realidades

Para Andrés Granado, quien vive en Sarare, capital del municipio larense Simón Planas, la situación de intriga y expectativa durante el apagón nacional fue similar, pero con el agravante de vivirlo sin medios económicos.

Para resolver la escasez de agua, comentó que debieron dirigirse a un pozo cercano para extraer el líquido. Posteriormente, con un tractor repartieron el agua a la comunidad y sectores más necesitados. “Les llenábamos los tanques para que tuviesen agua para sus necesidades, bañarse, para hacer la comida”.

Andrés Granado, adulto mayor que relata cómo fueron sus días durante el colapso eléctrico

Aquella falla eléctrica dañó la nevera a Granado que, debido a la crisis económica que sufre el país, hasta la fecha no ha podido reparar ni adquirir una nueva. “Todavía está dañada (la nevera) porque el sueldo que uno gana no le basta, solo alcanza para la comida”, dijo ante las cámaras de Elimpulso.com, al tiempo que recordó que comprar alimentos para esos días también fue un proceso complicado, puesto que los puntos de ventas estaban caídos y no había cómo hacer transferencias bancarias para pagar.

Mega-apagón: agravamiento de la crisis eléctrica

Tras aquellos fatídicos meses, los apagones no cesaron en el país y por el contrario se fueron incrementando. El sistema eléctrico nacional estaba tan inestable que nunca se pudo instaurar un cronograma de corte, hecho que hasta la fecha ha provocado intranquilidad, molestias e incertidumbre en la población.

Con la necesidad de alzar la voz y ser escuchados, la sociedad civil larense unió fuerzas para reportar y denunciar cada falla eléctrica registrada en la región; es en ese momento que nace la organización Activos Por La Luz.

Explica Judith Domínguez, docente universitaria, que el grupo lo integran profesionales de la docencia, abogados, ingenieros y la sociedad civil en general, que se encuentra establecida en cada sector de Iribarren, Palavecino, e incluso otros municipios del estado, con el objetivo de reportar cada fluctuación o caída del servicio en las diferentes áreas.

“Se hace un reporte y se sistematiza para llevar una estadística”  de los cortes eléctricos en la entidad, señala Domínguez, quien subraya que estos datos son presentados por Elimpulso.com a través del llamado Kilovatín de Oro, un galardón que se entregó a la comunidad más afectada por los apagones durante cada semana de 2020.

Judith Domínguez, docente universitaria, integrante del grupo Activos Por La Luz

Para marzo de 2021, Venezuela continúa padeciendo las secuelas de aquellos oscuros días. El Sistema Eléctrico Nacional carece de la atención requerida y, por ahora, los venezolanos se mantienen en expectativa, esperando que no se repita un apagón nacional.

PUBLICIDAD

Comentarios

Comentarios

Comentarios